sábado, 5 de febrero de 2011

KILÓMETRO 57

   Arrolladora ha sido la expansión de Ronda en las últimas décadas. No tanto en habitantes como en viviendas. Más perceptible y prolongada por el norte, donde aparte de hallar espacios más vastos y despejados, la zona constaba como más llana y fácil para edificar. Una realidad que, por este área, es incuestionable, con varias barriadas, asentadas en su superficie y un crecimiento de urbanizaciones  desmesurado, porque éstas, procurando selectividad para sus clientes, ocupan terrenos que mejor fuera que quedaran libres, como antaño. Algo que se cuida muy poco. Aún no la hemos tomado con las montañas, pero no tardaremos mucho en ver, al igual que en la cercana costa, cómo desaparecen bajo la asfixia y el peso de apretadas casas que las tapan hasta no dejar ver un trozo de roca.
   Sin llegar tan lejos, ni andar tanto,  hay determinadas cosas que nos llenan de curiosidad. Como ese monolito, mojón kilométrico, que un día debió señalar algo. Muy probablemente, el paso de una carretera y lo que faltaba para llegar a una población. De eso no nos cabe duda. De lo que sí nos queda es de lo que hace ahí en la actualidad, en medio de una acera, abatido,  dando pena, obstaculizando el paso y dando motivos para alguna que otra caída. A su alrededor se han construido fuentes, se ha levantado viviendas, se han trazado aceras, sembrado árboles y destruido otros; pero imperturbable, hierático al paso de los días, hay sigue nuestro kilómetro 57. ¿Desgana, imposibilidad material de destruirlo, museo al aire libre y pieza arqueológica de importancia? Uno de esos hermetismos a que aludimos en nuestro blog, le rodea.

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