domingo, 16 de diciembre de 2018


            DE EFEMÉRIDES MALAGUEÑAS Y CORAZONES DE VIRREYES 

            Un trabajo, puede que no suficientemente valorado, pero de cierta importancia para el estudio de la historia de su tierra es el que llevó a cabo José Luis Estrada Segalerva en Efémerides Malagueñas; una obra enciclopédica en la que su autor debió emplear cuantiosas horas y una inagotable voluntad para recoger, desde el siglo XV, un interminable friso de sucesos acaecidos en suelo de Málaga y su provincia; de heterogénea naturaleza, ya que junto a los de un innegable valor histórico, datando el origen y agonía de  guerras, revoluciones, de nacimientos y muertes de ilustres figuras de la literatura o del arte, o de fastos de diversas índoles, dignos de resaltar por su originalidad o rareza, se mezclan noticias de crímenes horrendos, aunque todos lo son, de capturas de bandidos o de tropelías cometidos por estos, de incendios, epidemias, terremotos, derribos, o inauguraciones de sedes ya hoy desaparecidas, pero que en su tiempo pudieron llamar la atención general. 
            Un conglomerado de datos, en suma, que, en palabras de su autor, si individualmente no podían tener un gran interés, sí que “enlazados”, reflejaban “épocas y décadas en sus esenciales vaivenes históricos”, los que ofrecían cuatro volúmenes con más de 1700 páginas, repletas de hechos, nimios y gloriosos.
            Después de años dormidos en lo que se supone, para llamarla de algún modo, nuestra particular biblioteca, nos ha atraído de golpe, en una visita protocolaria, la variedad de amarillos que se han prendido a cada una de sus cubiertas; un algo esperado, por cumplir ciertos años de vida, y, otro tanto, por su persistente encierro, más cruel y prolongado de lo que, por fas o por nefas, tendríamos que haberlos sometido.
            Aunque gran parte de las Efemérides tienen a Málaga capital como destinataria, en menor medida, igualmente, miran hacia horizontes del interior. Entre otras, no deja de tener su relumbre esta en la que nos detenemos, de un 7 de febrero de 1760, en la que se da cuenta de la muerte en Méjico de Agustín de Ahumada y Villalón, su virrey, y de que su corazón fue enviado a su tierra natal, para que fuera depositado en la capilla del Rosario del convento de Santo Domingo.
            No parece que estuvieran atadas a disposiciones testamentarias estas insólitas exequias, con la salomónica partición de los restos del difunto; más es de imaginar, la presencia de su esposa y sobrina, María Luisa, la que, con la mitad de años menos que su esposo, aportó al matrimonio el marquesado de las Amarillas, sus riquezas y posesiones, su estallido de juventud, y más de un gesto de adelantada a su tiempo y a su condición femenil: lo más material, pensó, sepultado en la ciudad desde la que gobernó un inabarcable hispano imperio, para memoria y honores de los fieles que allí aún tuviera; lo de más valor en vida, su marchito corazón, con lo que de espíritu o alma todavía conservara, a su tierra rondeña para que si otra existencia ultraterrena había, que de algo le sirviera el coral de jaculatorias, de himnos religiosos y de cantos de contrición, a todas horas, ya desde prima y maitines, en el que constantemente las voces de los monjes lo sumergían.
            Más fortaleza que monasterio, se erigía el convento, todavía sin puentes mediadores, señalando la frontera entre ciudad y campo; su pie en suelo firme y su fábrica fija en la nada que emergía del sombrío e ingente boquete del Tajo,  Hades y Tártaro de un inframundo de cañones, peñascos y angosturas. Está por ver si los de la orden actuaron en el convento como verdugos de la Inquisición; si así fuera, no más tortura necesitarían que asomar sus acusados al precipicio, en cuyo fondo, de no abjurar de sus maquinaciones, podrían en nada de tiempo hallarse.
            Enterrado en sitio hoy en día ignorado el corazón del fenecido virrey, transcurridos unos años, no demasiados, otro distinguido ocupante, -sus restos queremos decir- vinieron a pedir eterno reposo en la misma capilla del Rosario, estos con más aparato que aquel, pues depositados fueron en un túmulo si no de extrema grandiosidad, sí con mármol, que era de la tierra y a la vista de quien quisiera visitarlo: los de José de Moctezuma y Rojas, nada menos que descendiente directo y nieto del emperador azteca de ese mismo apellido.  
            Una peregrina cita post mortem de dos razas y dos culturas, en el recogimiento de los muros de un templo.  Un peregrinar de vidas y azares con su migaja de romance añejo, dentro de esa aventura mayor de la España descubridora y que no dejaba de tener su ínfima moraleja; no ya de nuestro imprevisible destino en vida, sino la de nuestros restos; y eso, por muy perdido que ande, en espera de un menor descubrimiento, entre arruinadas criptas y pedruscos, casi en comunicación con las   abisales profundidades vecinas, el yerto corazón de Agustín de Ahumada, el rondeño que llegó a virrey.  


Diario Sur de hoy.
            
            
               
             

jueves, 13 de diciembre de 2018

     MALÉVOLO OTOÑO

    Asoma su ceño más malévolo el otoño, que es ahora mismo nada más que enfurecido y desatado invierno, con todo lo que a la vista queda emprendiendo un vuelo de desorientada e inexperta ave a la que han dejado sin su guía, porque un ventarrón, que es levante y poniente, aliados andan para que nula protección contra una lluvia que también se mece en el regazo de esos vientos, aporten  paraguas, chubasqueros, gabanes y hasta gorras, que se dirían portan alas.
    Se esfumaron con prontitud en otras clases de fugitivos soplos, esos días de soles imprevistos y de brisas casi sofocantes, que eran como un oasis venciendo a la aridez y dureza con que nos venía sometiendo la estación; un ir de aquí para allá la naturaleza y nosotros, que a duras penas nos adaptamos a su enloquecido vaivén;  que nos confunde y nos desanima. El tiempo,  qué duda cabe, obediente acólito es,  y como los sueños, va y viene, animando o desalentando, dejándonos siempre un regusto de insatisfacción, de no sabemos qué búsqueda, de qué ignotas y verdes praderas que nunca llegan.

miércoles, 5 de diciembre de 2018


EN MEMORIA DE JOSÉ MANUEL MONTES

            En este día húmedo, sin soles y apenas luces, ha muerto José Manuel Montes, amigo de todos, y algo se nos quiebra a nosotros, que también de él lo fuimos, pensando que su eterna sonrisa, que su pausado andar y sus muchos saberes, ya nunca, en fortuitos encuentros callejeros, tendrán lugar.
            Amaba a rabiar, José Manuel,  a los libros y a Ronda, y por esta última en mil batallas estuvo en lid, de cuyas victorias nunca quiso presumir, pues eso no era lo suyo. En cuanto a los libros, media vida se pasó persiguiendo historias que hablaran de estas tierras, acumulando obras que de algún modo las tratara, hasta trocar su hogar, el antiguo y el reciente, más en refugio de ellos que de personas.
            Si de algo interiormente se sentía orgulloso, era, haciendo honor a su apellido, ligado a sierras y picachos, de emprender grandes caminatas que le conducían si no por montes, si por verdes collados y sinuosos vericuetos serranos. Y cuando de estas tierras no hubo trayecto o trocha que no conociera, cubiertas todas, las de otros horizontes a veces acompañado, a veces solo, emprendió.
            Con salud debilitada, hace unos meses quiso pasar los postreros meses de una existencia que preveía se acababa, en repentina mudanza, a una vivienda de cara a la Alameda, para mejor contemplar las fogosas auroras y los premiosos amaneceres, de los que hablaba con tanto entusiasmo como si les perteneciera, como un artesano pregona sus creaciones. Pero, igualmente, nos comentaba el desafuero que se estaba cometiendo con lugar tan esplendoroso e insólito, al que durante el día, ni un minuto, se dejaba parar con celebraciones que nada más que ruidos y estropicios por doquier dejaban a su paso, y últimamente, con la realización de una entrada con horrible barriga de cemento de surcos, que a bien a las claras hablaba de la insensatez de los que encargados de su cuidado, en otras cosas piensan.
            Como provisto de un salvaconducto de bondades y bien hacer te marchas, no nos cabe duda de que, si para llegar ahora a inmarcesibles prados y nemorosos bosques, has de cruzar estigias lagunas y encarar la faz de feroces cancerberos, sin el menor peligro las navegará y salvarás. Es lo que, dilecto amigo, te deseamos.

            En Revista Puente Nuevo, presentada ayer

martes, 4 de diciembre de 2018


EL CICERONE MUDO DE D’ORS

            Es un otoño falaz y cicatero, de turbiones y bóreas, un otoño que no lo es, sino desmadrado invierno; que nos priva de lo que suele ser su esencia: alígeras nubes navegando en bandadas por cielos añiles, velando y desvelando rocas y cumbres, y un constante trasiego de apagadas pero miríficas luces. Un otoño que nadie diría que lo es, mas que esta mañana, para que no se diga, muestra su botín de irisadas hojas, marchitos y recortados corazones, o nimias piraguas sin timonel, poblando un suelo aún húmedo, el de esta Alameda, abierta a cien montañas, a cien serranos horizontes, puro cristal esta mañana un si es no es otoñal.
            Ramonea el sol, despertando frondas y árboles ateridos y llega la vida, mansa y callada. La confunde, desorienta y quiebra en su augusta quietud, un tropel de voces, en realidad un informe griterío de grupos de turistas galos, germanos, orientales; y más que nada las de sus guías, parlanchines sin tregua, que se detienen aquí y allá, muy puestos de su papel de capitanes de una grey a la que toca más que mandar, seducir.
            Y para eso nada mejor que hacer gala de una facundia, que, las más de las veces se nos antoja a los que únicamente observamos, hiperbólica, fraguando historias en ocasiones reales, casi siempre ficticias, y de estas, unas creíbles y otras muy difíciles de asumir. Un parloteo que se intensifica ante las figuras en piedra o en bronce de toreros y majas, y que ni siquiera para ante esa desbocada belleza que se despeña o despliega montaraz, revoleteando por una naturaleza tan próvida como acogedora.
             Espectador de ese incesante y plural vocerío que lanzan a la mañana la pujante aglomeración de trujamanes, recuerda uno el episodio que en sus Glosas refiere D’Ors, impenitente viajero de muchas tierras, y también de estas, en las que a comprobar vino que los artesanales cierros rondeños no eran sino abultados vientres de unas viviendas ahítas de sol y cal; pero también, para aprender él, maestro de viajes, que no había cicerone en el vasto mundo, más de envidiar y eficaz, como el chiquillo sordomudo que le acompañaba en su peregrinaje por Ronda, al que acabaría comprándoles unos zapatos para suplir a los harapos que le servían de calzado. Unos golpecitos en el hombro, como previo aviso, y el infantil índice del pequeño, enderezado, le señalaba lo que había que admirar, todo un poema de callado cuño, como el mismo chiquillo.

SUR DE HOY

sábado, 24 de noviembre de 2018


EN TROPEL, FANTASMAS EN EL TAJO

            De los que rodean y se miran en las oquedades del abismo rondeño, pocos caminos quedan vírgenes de humos, motores y suciedades de las que los humanos vamos dejando, en una forma u otra, a nuestro paso. Sí que esa pureza aún incontaminada, puede verse en el llamado de la Virgen de la Cabeza, un camino que a ratos serpentea, otras se hunde y a veces gatea; un camino que se diría que no va a  parte alguna y que solo nació para eso, para ser sendero maternal de lo que todavía es: de luz, de silencio, de paz, de arrullos de pájaros en sordina; que apenas turba, cuando ocurre,  el seco y campesino arañazo de una azada a la gleba;  una ingente atalaya, por demás, a las montañas y a la ciudad que idealizada, enriscada,  superada, alejada y algo perdida queda.
            No está, sin embargo, el camino desprovisto de ocupación, pues a un tercio de su andadura, la constancia de unos desperdigados muros, cascotes, con torreones abatidos y sendos en pie, permiten, más que mostrar, adivinar, el pasado asiento de una edificación, no cualquiera, y con un peregrina historia, según veremos.
            La espléndida mansión, ya que eso fue durante años, cabe asegurar, nació, a partes iguales, del amor y de la desesperación, que una salud en las últimas, sin remedio de durar, la de su amada, provocó en su esposo, un ingeniero cordobés. Alzada fue la soberbia vivienda en la posguerra con leves esperanzas de que el edénico paraje, en la vecindad de pinos y de olivos, en el que todavía subsistían torres e ingenios de otras culturas, aunado a la vivificadora atmósfera, de suprema limpieza, fuera capaz de detener una incontenible tisis de frenético avance, de la que ya hablaba su condición de galopante; de obrar el milagro de la curación. El fatal desenlace, no obstante, no tardaría en llegar.
            Abandonada la casa y su imposible sueño por el apenado cónyuge, de su estancia y de la que fue su mujer, en el frontispicio de la vivienda, quedaba el recuerdo del nombre con que se la denominó: Villa Apolo,por el de ella, Apolonia. Dioses por medio, y diosa para su esposo la amada, para concluir, como siempre ocurre, que nada más que de  humana cuna procedía ella. 
            En unos años, a la par que una lenta pero perceptible destrucción, otros circunstanciales habitantes se encargaron de ocuparla, felices de que nadie les llamara al orden: vagabundos, pastores, mendigos y vendedores ambulantes, con poco dinero y contentos de no tener que pagar hospedaje en lo que para ellos era uno de lujosas y rutilantes estrellas.
            Todo hasta que pasado un tiempo, ya con algunos visibles desperfectos internos y externos, con nula explicación, la vivienda vino a quedar desierta. “Embrujada está”, se comenzó a decir por boca de los dueños de hazas y huertas cercana: esa era la explicación. Aquelarre de espíritus que con las sombras celebraban sus moradores del más allá; tal vez, para los más leídos, los espectros de Bomberg o Rilke, recreando paseos,  cuadros o versos que les inspiraron la galanura del lugar; tal vez el de Apolonia, queriendo prolongar una estancia que tan efímera la fue. Lo cierto es, que, más de una vez, a oídos de los que volviendo tarde de arar o cosechar, habían llegado con absoluta claridad notas de piano y ruidos grandes, chirridos de puertas y ventanas, por no hablar de una espantosa frialdad que hasta el sendero envolvía.
            Pausada, pero con implacable saña, abajo se vino, en casi su totalidad, la estructura del edificio. Varias veces mudó de dueño la propiedad con sus anejas tierras, compradas al final por un arquitecto, con la intención de edificarlas. Un malhadado día, y un gobierno municipal que nadie recuerda, y para qué recordar, dio por bueno el expediente presentado por aquel, autorizando el sitio como idóneo para la construcción de no sabemos cuántas viviendas, pero abundantes. Tras unos años con una cierta oposición municipal a que el vergel se convirtiera en suelo de apiñadas casas, hace unas semanas, el visto bueno ha llegado para los herederos del arquitecto y para la segura construcción en Villa Apolo de un llamado “complejo hotelero”; a nuestro entender, se mire como se mire, una puerta de par en par abierta no al valle y al abrupto paisaje, sino a futuros estropicios del paraje y del camino; a la ya imparable entrada de fácticas estantiguas, fantasmas reales, materiales, que en mantillas dejarán a cualquier espíritu, de los que, pobres míos,  sin causar mal a nadie, buscando su célico rumbo, por allí, pero por poco tiempo, todavía merodean.

            En diario Sur de hoy

                
            

lunes, 19 de noviembre de 2018

      CAE LA LLUVIA

      Con la obcecada insistencia y firmeza de todo un mes, de toda una estación, se precipita la lluvia hoy, esta tarde cuando escribimos, como ayer, como anteeayer. Cuando no cae de forma insoportable, como hace unas semanas, en verdaderos torrentes y cascadas,


y en unos minutos lo que debiera en unas horas, no es necesario decir que beneficiosa es, para los campos, para la vida, para abastecer hogares y ríos.
     Aparte de todo, lo que la estación ya bastante avanzada nos está dejando es un otoño sin otoño, sin algo que le pertenece, como son sus volatineras nubes, sin sus tamizadas luces, sin apenas pájaros y casi sin colorido de los árboles y en sus hojas, sorprendidas ante ese aluvión de los cielos, tan cerrados como entradas de mansiones árabes en la costa.
      Esta desapacible, húmeda y tenaz atmósfera, qué duda cabe, tiene sus malsanas influencias, alterando la función de nuestro organismo y mente, como bien ha podido ocurrirle hace un par de días al protagonista del suceso de Martinez Astein, tomando lo que no era por lo que él creía que era. Sin entrar en más averiguaciones, que no nos competen, lo que se puede pedir en estos casos, es que nos veamos libres de ofuscaciones como la dicha. Y de las fotos que sin pedirlas nos llegan, tenemos presente  la que aparece Javi, que a duras penas se gana la vida con lo que vende en su kiosco, y que no solo tiene que hacer frente a los pasajeros que allí mismo en bandadas esperan el autobús de línea, sin intención de gastarse un euro, sino que con cosas como estas, que más allá de temer que un día se lleven su kiosco por delante, poco le importan,  se ve acosados a preguntas, en vez de, como querría,  vender más periódicos, más revistas. Así es la vida.  

martes, 6 de noviembre de 2018

EN EL INFIERNO DE LAS ELECTRICAS ARDERÁS

        Este mundo nuestro convirtiéndose está en un verdadero infierno en cuyas llamas nos quemamos los pobres usuarios de compañías tan mezquinas y monopolizadoras como es la de Endesa. Si muchas familias, ante lo desorbitado del precio de la luz, temblando cuando llegan las malditas facturas, han de optar entre comer o calentarse, ocurre en Ronda, en este pantano de trampas por doquier en que se ha convertido nuestra ciudad, que para la más mínima gestión relacionada con la electricidad hogareña, necesario es hacer acto de presencia en sus oficinas; algo que carecería de importancia si sus instalaciones no se encontraran a varios kilómetros de distancia de la población, como es el caso, entrándose además cuando se llega en el complejo universo en que se mueven aquellas, con una única empleada para atender a una clientela que nunca baja de un veintena de personas, y, ¡vaya ejemplo para una eléctrica! sin calefacción alguna en sus oficinas. Uno piensa en esa pobre gente, vieja y pobre, que si no tiene dinero para pagar facturas de luz, menos aún le sobra para pagar ese taxi que les conducirá a las gélidas salas de la Sevillana.
         Y creemos que en algo que toca tan desventajosamente a la sociedad más deprimida, también sería cosa que de que interviniera nuestro ayuntamiento, algún departamento con concejal, entre tantos, habrá que le corresponda mediar en estos casos, ¿ No es así?

viernes, 2 de noviembre de 2018


LA CIUDAD APARTE DE ALFONSO CANALES


            El nunca bien loado Alfonso Canales, en un pregón para la historia de la feria de Ronda de septiembre, bien avanzados los años sesenta, comenzaba su lección de oratoria literaria, pura maestría poética, acudiendo a una frase en la que, entendía, quedaba atrapado para desarrollar el germen de su disertación posterior, como con magistral sabiduría haría: “Señoras, señores, Ronda es aparte”.
            No es nuestra intención referirnos, más de lo que con brevedad hemos hecho, a ese pregón histórico y frase con la que el poeta quería certificar la rareza urbanística y monumental de una ciudad distinta, aunque confesemos que en toda su extensión latente nos quede la memoria de aquel acto; pero sí que, hoy, transcurridos medio centenar de años, bien que nos gustaría emplearla en un sentido muy distinto, peyorativo, si se quiere, mas acorde con la realidad, para, una vez más, dar cuenta del absoluto silencio con que en el lugar en que lo vio nacer se recuerda el IV Centenario de la publicación por Vicente Espinel de su Marcos de Obregón.
            Necio sería por nuestra parte proclamar, cuando tantos y con mejores palabras lo hicieron, las virtudes de una obra que encuadrada está entre las mayores de la literatura española, si no fuera ya asaz defensa decir que tras quinientos años siguen vivos sus personajes, cuentos y trapisondas.
            Y si extraña la actitud de, llámese impericia, ignorancia o menosprecio, mostrado por el consistorio e instituciones rondeñas, incluso rechazando la actuación propuesta de una compañía de comedias que representaba en los escenarios de varios lugares de España y en el de Almagro,  el Marcos de Obregón, más aún sorprende la actitud de la Universidad de Málaga, con aireados Cursos de Verano en Ronda y actividades adicionales, sin que en ninguno de ellos se tuviera en cuenta la celebración. Y de lamentar es, pensando que si la vapuleada cultura propia, la que manejan universidades, municipios e instituciones, cuando pasen otros cien años va a estar de mejor faz,  que no estemos para dar fe. 




SUR DE HOY 2 DE NOVIEMBRE  
               

jueves, 25 de octubre de 2018

GOTA MALDITA, GOTA BÍBLICA

Pues, aunque sin voz durante un tiempo, ¡Vivos estamos! Algo que hace unos días, cuando empezaron los cielos a despeñarse, a hundirse, a buscar una hermética fusión con los suelos, podría ponerse en duda. Y es que no era desatino pensar que esas trombas de agua, como si la que cubren los mares hubieran huido a los cielos para precipitarse luego aunadas, en terribles hordas y desigual fiereza, que podían acabar con todo y con toda vida por estos lares,  y por los demás, porque por etapas y lugares va la cosa; tal vez, en espera de un renacimiento en el que una nueva raza trate como debería a este apaleado mundo. Su cumplida venganza a ese trato se toma la naturaleza, acudiendo esta vez a esa denominada gota fría; gota maldita, gota que, en muchos casos, además de destrucción, es de muerte; pero que más que nada, gota que otra vez avisa, a descomunales voces, que la hermana que venga más amarga y más gélida, con todo lo que la palabra entraña, será.

miércoles, 17 de octubre de 2018

            EL INSTITUTO ROJO DE RONDA

            Es la calle de Lauría en Ronda, más escueta en su amplitud que en su largura, una de las pocas que, paralela a la principal de la Bola, la acompaña en su fatigosa subida o despeñada bajada, de Sur a Norte, hasta lo más empinado del barrio del Mercadillo, uno de los contados distinguidos por Estébanez Calderón si es que sería penetrar en lo genuino andaluz.
            Posiblemente, seguía siendo la calle en los años treinta una en las que todavía podía rastrearse en sus vecinos sin historia, en sus vestimentas y decires, una herencia de ese casticismo decimonono que pregonaba Serafín; pero, con innegable certeza, lo que se palpaba en sus abarrotadas casas de vecinos, y en sus diminutas viviendas de una o dos altura, o en sus corrales de aquí y de allá, era una miseria que impregnaba por doquier al lugar.
            Con el impulso de la Republica a la enseñanza, una imprevista fortuna en su condición de pobreza le advino a la calle, con la instalación de un instituto, el primero de enseñanza laica y autónoma que contemplaba la población; un edificio clásico que mantenía la poca altura arquitectónica de la calle alegrándola, y también daba algo de bullicio cotidiano al vecino llano, que en su vasta desnudez circunstancialmente, se venía utilizando para todo: para recinto ferial, para partidos de foot-ball, o para instrucción de reclutas pues cerca se levantaba el cuartel de la Concepción.
            Para cubrir la vacante plaza de profesor de dibujo, y completar la plantilla de media docena de enseñantes que allí imparten clases, llega en enero de 1936 el pintor valenciano José Manaut. Le ha animado su esposa, Ángeles Roca Fava, natural de la Serranía rondeña a solicitar el puesto, del que nunca llegaría a sentirse defraudado, ni por la atención con que atienden a sus lecciones los alumnos, casi todas al aire libre, ni, desde luego, por la ciudad, a la que no solo pinta sino que, sugestionado, la canta en versos y en lírica prosa.
            Bebía el centro con avidez de la doctrina liberal de Giner, con tanta fidelidad que, para más apostolado, pone en funcionamiento una Residencia de Estudiantes, puede que una de las pocas que funcionaran en aquel tiempo, a la manera de la que fama y prosélitos dio a la Institución Libre de Enseñanza, que aquel fundara. La progresión de ambos centros, Instituto y Residencia, a segarlos, para dejarlos carentes de alma y sentido, llegaría, con su ensangrentada hoz, la tremenda guadaña de la Guerra.
            El imprevisto estallido cuando explosionó al sublevación militar, impidió a Manaut que se hallaba de vacaciones en su tierra, volver a Ronda. A poco, el Instituto sería cerrado “por falta de profesores”; porque estos, dada su condición de republicanos, procuraron no estar presentes cuando las tropas franquistas, matando sin más a quien lo fuera, entraron en septiembre del 36 en la ciudad. De ellos, su director, Eligio de Mateos, se incorporó como coronel a los ejércitos republicanos, exiliándose posteriormente a Méjico, de donde ya no volvería.
            Su empeño en no huir, como hiciera su padre y hermano, y en permanecer en constante actividad cultural ayudando en Valencia a la Republica, le costaría caro a Manut, que identificado en Madrid, pasaría cerca de dos años, a partir de enero de 1943, en diversas cárceles españolas. Algunos antes, la orden del boletín oficial de 4 de noviembre de 1936, había declarado suspensos de empleo y sueldo a todos los profesores del Instituto, en su totalidad, nueve, del que ya uno, el único de derechas, en esa barbarie que se desató tras la proclamación de la contienda, había sido asesinado, una joven promesa de la Generación del 27, el granadino  Joaquín Amigo, que lo era de Filosofía.
            Cercenada la breve existencia del “Instituto Rojo de Ronda”, con todo lo que el dictatorial estigma proponía, la calle de Lauría, que fue la de mi infancia, había recobrado en los años cuarenta, ahora sin la aureola de su centro educativo, su otro estigma: el de la miseria más absoluta, algo que los niños, no acostumbrados a otra cosa, poco podíamos ver.
            Sí que la comprobaba en propia carne Manaut, dibujando a escondidas todo lo mucho que de horror albergaba la cárcel y su atmósfera. Más de trescientos apuntes y bocetos que, asimismo, de artera forma, sacaba Ángeles entre la ropa sucia de su marido, y que hoy, en la Universidad de Carlos III, constituye un apreciado, pero sangrante testimonio, de la barbarie de esos años, ya sin guerra, pero con demasiada de ella en la mente de los vencedores.
            En la actualidad, otro colegio, este de primaria, llena las aulas del antiguo Instituto. Un nombre religioso lo identifica. A nosotros, que, entonces, una pizca de las vicisitudes de la calle las vivimos, nos gusta ver en lo de “Virgen”, que lo es de condenas, martirios y muertes, que lo de “Paz”, ya se explica solo. 



                        SUR HOY DÍA 17 OCTUBRE
   
            
            
            
            

viernes, 28 de septiembre de 2018



El corto y el largo caminar de los pinsapos

             Un certero artículo en SUR de Pilar R. Quirós, hace unas semanas, incidía en la lógica creencia de que el pinsapo habría de auparse a latitudes más altas, como intrépido alpinista -algo que no hay ninguna duda ya es- nunca conforme con la cumbre que gana y pensando a poco en vencer la siguiente.  Es más que sabida por los expertos, la historia de denodada lid de ese árbol sin edad por mantener idénticos suelos a los que hoy ocupa; pero, diríamos, que con los cielos todavía más a la vista, porque lo que se dilucida es su imprescindible adaptación a las mudanzas de una naturaleza, que, por humanos desatinos, ahora tiende a hervir y, por todas las incesantes señas de humaredas, a no cejar en sus fuegos.
            El caso es, que me permito dejar aquí unas reflexiones, conste que de auténtico profano en la materia, abundando en  ese mirífico caminar de los pinsapos con visos de perpetuarse, mientras nuestro mundo lo haga. El corto caminar al que aludimos arriba, no es, desde luego, el ancestral que le ha dado celebridad, ni tampoco es el de subir fatigosas y pinas cuestas, de las que tantas alberga nuestra serranía, pero sí de andadura alborozada que vale la pena señalar como las de un gozoso despeñarse por ellas hasta plantarse ufano en urbanos hábitats.
            Atendiendo a lo que observo donde vivo, Ronda, ese premioso caminar bajando de sus dominios para extenderse, está presente, en los que a la vista quedan, en no menos de medio centenar de airosos ejemplares que, casi como el mismo abismo, cercan a la ciudad. Que toda esa pequeña invasión de una tropa de enhiestos y singulares vigías sea obra de los últimos tiempo, no quita para que, a su llegada, hallaran una atmósfera más que familiar, donde en pasados siglos cumplieron con una labor a la vez de ornamento en fiestas y celebraciones,  protector como techo de viviendas o ya como sólidos andamios que ayudaron a la construcción del Puente Nuevo.
            Unos, como el de la plaza de García Redondo, de majestuosa presencia y talle, muestra su resistencia a ambiente hostiles, pues nada más que suciedad  y gases desprenden los innumerables autobuses turísticos y de líneas de la vecina estación de autobuses, anticuada y de mínima superficie; otros, a la entrada de la carretera Sevilla, desbordando los muros de un jardín privado, parece lanzar salvas de frondoso recibimiento a los viajeros que entran o salen de la ciudad. Y para marcar límites, al otro extremo de la ciudad, causan admiración una pareja en la plaza del Campillo, frente a un horizonte de serranas montañas, que en sus brotes alzados, como uves de victoria, harían creer que han acaparado toda la luz que del valle y la sierra les llega, para dar más brillo y verdor donde parecía no caber más.
            Y todavía, en ese derrumbe hasta zonas más bajas, conocemos la existencia en casa de unos amigos de Arriate, de bellos y talludos ejemplares que vienen a confirmar todo lo anterior. Pero si breve y casi doméstico ha sido ese comentado viaje de los pinsapos, de varias conquistas en más lejanas tierra podría hablarse, en un azaroso periplo que comenzaría allá por los albores del siglo XIX, con escapadas desde el Jardín Botánico madrileño, donde existía una reserva de ellos hasta diferentes lugares de Castilla. En los daños producidos por un arrasador ciclón en Madrid, que derrumbó más de seiscientas farolas, se extendía el diario de la tarde de 14 de mayo de 1886, El Correo Militar, lamentando que, entre los muchos destrozos “y como cortados por un hacha”, en el Jardín Botánico, perecieran “los pinsapos que eran la admiración de los inteligentes”.  
            Prescindiendo de los híbridos o de cruce de dos especies, de los que, leo, abundan en varias zonas de España, de los genuinos, incluso con su denominación al pie de ellos, como “procedentes de la Serranía de Ronda”, hemos contemplado los que delante del fantástico alcázar segoviano, se enredan en los  cañones y fusiles del monumento a  los héroes del 2 de mayo. Y a unos kilómetros, sin dejar la provincia, los monumentales a la entrada de La Granja de San Ildefonso; uno de ellos de 31 metros de altura, también con el cartel de su procedencia serrana,  superando en grosor, 5,80 al famoso de la Escalereta en la Sierra de las Nieves, aunque no con la sorprendente antigüedad de este último, cercana a los cuatrocientos años.
             Uno que nos gustaría conocer, visible en la distancia y que supera con mucho las torres de su esplendente claustro, como observamos por la foto, es el que se levanta en el soberbio claustro del monasterio de San Pedro de Arlanza en Burgos, final nuestro para el más luengo de esos viajes de que hablamos, de un árbol al que, aunque solo fuera por llevar la escabrosa aura y luminosos ecos de estas sufridas tierras, rodando o brincando a lomos de los arrebatos del corcel de los tiempos, habría que amar y bendecir.   

          SUR de hoy 28 septiembre.  
             

jueves, 27 de septiembre de 2018

            JUEGA LA TARDE A LO QUE NO ES

        En su empinado escondite  de albas nubes, que a ratos mudan a pardas, se refugia lo que queda de verano; que es ido y superado, según reza su implacable biógrafo de siempre, el calendario; pero no en la tesitura de un tiempo que, falaz, divertido, juega a disfrazarse de la que ya no es, con batidas de sol que, ya se sabe, cuando surge con obcecada seriedad y firmeza, siempre deja su huella luminosa y, con harta frecuencia, ardorosa. Pero este querer marcharse sin decidirse del todo de la estación, lo sufre la tarde, agonizante, aunque con energías para lanzar alternativamente al suelo, o a nuestra vivienda, sin ir más lejos, parches de rayos y,  con vista y no vista prontitud, al segundo, de sombras. Más bien se dirían ambos remedos de lo quieren quieren simular y no son, pero ahí están manteniendo una lucha que si no es titánica si es vertiginosa y marea el observarla.
           Uno, tontamente, encuentra comparación a este tiempo que no quiere obedecer mandatos ni se atiene a lo que todos le gritan, con esos políticos tan hispanos, tan de ahora, con una actitud de las que pocos se salvan, y  que tras cometer un desaguisado de los que un día y otro nos dan cuenta los informativos o la prensa, amañando estudios que no han llevado a cabo, o robando lo que no es suyo, en vez de huir, azorados, avergonzados, con el rabo entre las piernas, seguro que para no perder poder y prebendas, se muestran tan numantinos y descarados, defendiendo sus engaños y trajines, que no hay manera, ni divina ni humana, de mandarlos a donde deberían estar y que por respeto a nuestros lectores, omitimos señalar.

miércoles, 26 de septiembre de 2018



APOSTILLAS A UN NOMBRAMIENTO QUE MUCHAS DUDAS PLANTEA

            No por repetida la circunstancia y los lugares, dejan de producir sorpresa hechos y acciones que tienen por misérrimo protagonista a algún rincón de estas tierras, para las que los tiempos mudan poco, y, si lo hacen, es para peor, siempre enfrentadas a la ventolera de adversos tiempos.
            Lee uno con el pasmo que nos produce la reciente noticia, de hace escasas semanas, que, tras siete largos años de premiosa espera, los altos cargos de la correspondiente administración andaluza, los que intervienen y sellan asuntos como este, le han dado su real pláceme al nombramiento del Tajo como monumento natural; aunque, no crean, tomándose un cierto respiro para ultimar detalles, por lo que cabe que el definitivo sí se prolongue alguna que otra anualidad más.
            Lo que ocurre, es que, ¡Vive Dios!, incluso sin haber grandes inversiones de dinero por medio, hay cosas que requieren concienzudo estudio y laboriosas horas de  meditación porque harto complejas y enrevesadas son, no nos vayan a dar gato por liebre o membrillo por cereza.
             Y en ese afán de que no vaya a surtir efecto el previsible engaño, como siete años dan para mucho, uno imagina ingenieros, avezados técnicos y muy profesionales peritos comprobando noche y día, sin descanso alguno, las rocas de nuestro abismo, ya que pudiera ser, que lo que consta como caliza y pétrea contextura, desde añejas eras, solo sea cartón piedra; el hondón, un escenario de los de quita y pon, de teatrales bambalinas; y el río, o las cataratas, papel de plata como el de los nacimientos navideños.
            Lo único bueno que hallamos a toda ese pertinaz empeño de absoluta ceguedad, y que, a nosotros, igualmente nos divierte, es que allá en sus ilustres tumbas, aunque en diversos y distantes mausoleos, las carcajadas de gente como Boissier, Custine, Demidoff, Latour, Tenison, Wolzogen, Robertsart, Davillier Cook, Mackenzie, Ford, Irving, Mérimée, Simón Rojas o Rilke, como mínima representación de un interminable acervo de impresionantes testimonios, salvando distancias, países y bardas fronterizas, hasta la misma Andalucía van a llegar.

 SUR HOY DÍA 26 SEPT.

viernes, 14 de septiembre de 2018

         PURIFICACIONES QUE CUESTAN

         Con el pensamiento práctico de que no hay tempestad que no se avenga a procurarse su propia calma, hemos dejado las blanduras de las domesticas sábanas esta mañana, desechando la idea de que la naturaleza, no siempre amable, repitiera acciones como la de ayer, cuando se sirvió mostrarnos que, si alguna vez  hubo algo de verdad en esa fábula para crédulos infantes, del diluvio universal, ese sería su despertar;  porque sin apuros, y sin grandes avisos los cielos, estos vinieron a derrumbarse sobre nuestras calles, quizás también con la intención, como un ávido turista más, que nada quiere perderse,  de, con la ciudad vacía de habitantes, que estos bien que buscaron dónde refugiarse, recorrerla, metiendo las narices por desoladas calles, arrastrando en su ímpetu y deseos cuanto encontraron por delante.
          No es bueno que salgamos en prensa, radio y televisiones por sucesos como estos, cuando de tantas y tantas cosas tendrían que referirse a nosotros, por lo que tenemos y, en especial, por lo que no tenemos y nunca quieren darnos: caminos, industrias o personas con verdadero afán de sacrificarse y llevar a cabo proyectos que no sean humo, sino preciadas realidades... 
           En fin, por nuestra parte, ignorantes de que nunca llueve a gusto de todos, y que la tormentosa lluvia podía dañar a prójimos en los que no pensábamos, que nos perdonen, pero sí que disfrutamos contemplando en ese trece septembrino, desde nuestra vivienda cómo se despeñaban las nubes, de grazalemeña forma, y cómo el agua con furor, desde luego, pero con una constancia y verticalidad admirable, caía que daba gusto. Hacía tiempo que la atmósfera, la tierra, tejados y árboles estaban pidiendo a gritos una purificación, y esta ya se sabe, siempre cuesta.

lunes, 10 de septiembre de 2018

        ES VERANO AÚN

        Es verano aún, por derecho propio, esto es, por el calendario y asimismo por la atmósfera, aunque ceda ya aquel en sus inaguantables fuegos, buscando su próxima redención, porque, si nos fijamos, cabe decir que todo es en la naturaleza un continuo redimirse: se redime el calor con el frío; la cargazón del ambiente con las montaraces brisas; la esterilidad con la humedad... Un alivio que no cesa, en el  que intervienen siempre como solícitos apafuegos elementos contrarios. De ese permanente proceso tuvimos ayer un leve apunte con esos chaparrones, cortos pero intensos, que a quebrar venían, siquiera mínimamente, pasados bochornos e imperturbables cielos, porque cesada la lluvia llegaron viajeras e inquietas nubes, ya sin pardas panzas, para inaugurar un espectáculo de alígeros vuelos y variados matices. Que para contemplarlo no hubiera que dar un euro, en tiempos en que todo cuesta y mucho, y que tampoco se impusieran límites de tiempo para abandonar el gran teatro de la tierra, es de agradecer y, al menos nosotros, es lo que hacemos, sobre todo para cuando no podamos hacerlo.

miércoles, 5 de septiembre de 2018



SEPTIEMBRE Y EL RONDEÑO MERCADO DE GANADOS 

            Sin desdeñar la tercera, las dos ferias notables de Ronda, como largos descansos dominicales, rompían la monótona rutina, las fatigosas labores y, también, el paso cansino de dos estaciones ya en franco retroceso: la primavera, en la de mayo, y el verano en la de septiembre.
            Como todas las ferias, tenían su origen y nacían, sin embargo, no con el exclusivo fin de permitir el cese inmediato al cotidiano y humano afán, y a las mil formas de ganarse la vida los hombres, de tomarse un reparador respiro, ya que lo que en ellas para unos, con su pizca de diversión y lasitud venían a ser las ferias, para otros, una cuantiosa representación, paradójicamente, como motor que las mantenía vivas y les daba su oculto sentido, esos días festivos, lejos de la distracción y jolgorio ajeno general, significaba más trabajo, más inquietud, más preocupaciones que las ordinarias.
            Sin duda, de un intento de ornar con oropeles, de envolver una agotadora labor, de enmascararla con un disfraz de cantes, bailes y funciones de todo tipo, lo que en realidad era un comercio ancestral, con un cambio de dueño de animales, de trueques de estos o, sencillamente, en algunos casos de orgullo por exhibirlos, se forjaron las ferias como ahora se conocen, siempre arrastradas por las de ganado. Que el correr de los años fuera separando ambas manifestaciones, viviendo después, como en la actualidad, vidas casi separadas cada una, no puede hacernos olvidar su verdadero origen. 
            Tampoco, desde luego, la filosofía de la que, en el transcurso del tiempo hicieron gala y sabio uso los campesinos de estas tierras nuestras para, adaptándose a las características desventajosas de un indescriptible, por lo hermoso, pero montaraz suelo,  sacar provecho a los campos, a las cosechas, para trocar piedras y cumbres en fértiles hazas de viñedos y mieses; y, para dentro de esas mismas escabrosidades, criar ganados y razas de animales que sobresalían por su fortaleza y capacidad para el sufrimiento, disputando esas condiciones a sus dueños.
            Así se explicaría esa fama, que se pierde en las brumas de los tiempos de ganados y razas autóctonas serranas, y de que a una región, la nuestra, a la que no se le conocían carreteras y sí sendas de herradura, escabrosas e intransitables, con precipicios sin fondo a sus angostos filos, y en total abandono -de lo que, desgraciadamente todavía hoy nos quedan grandes estigmas-, cuando se celebraban las rondeñas ferias, acudieran, como si no fueran pocos los peligros que había que arrostrar para llegar aquí, poniendo en peligro sus vidas, caravanas y caravanas de gente; los más, los que venían a su feria de ganados a cerrar un trato, y de poder ser, en él, cerrar la compra para llevarlo a la suya de un ejemplar de la tierra.
            Uno recuerda con nostalgia, cuando septiembre más que soles y ardores amasaba en su seno brisas que ya obligaban a buscar algo de abrigo, su mercado de 
animales y esa planicie, no siempre la misma, en la que tenía lugar la celebración, las transacciones; un mundo variopinto con mucho de medieval, de algo añejo que se niega a irse; con los tratantes con sus sombreros de ala ancha y sus ropas, casi hábitos monacales, muy negra; y tiendas de campaña como refugio nocturno por doquier; y piafar y trotes de caballos, y mulas, y el sonido de otros animales que también querían llamar la atención sobre su presencia. Y creemos que a esta feria de ganado de septiembre, como antes lo fue a la de mayo, cualesquiera que hayan sido los cambios que nos han traído los años, a las antiguas y a las de hoy, las une y mantiene enhiestas un imperecedero halo, porque los protagonistas, se mire como se mire, hombres y animales, siguen siendo los mismos: de la serrana tierra, a la que amamos y pertenecemos.
                                                          EN DIARIO SUR 5 septiembre 2018

domingo, 2 de septiembre de 2018

            DOMINGO Y SEPTIEMBRE

            Es domingo y es septiembre, dos elementos que en sí nada tienen en común, pero que puestos a sacarles coincidencias en algún punto acaban por darse la mano; puede que en el silencio sobre el que  se desploma un cierto aire de despedida del verano, al menos del de más energía y azote y en el que tan de mañana se sumerge la ciudad en los días festivos. De ese adiós a la estación, que está casi naciendo, son pregoneros los cielos, en los que la hiriente luz de otros días precedentes no acaba de romper, indecisos, con una pequeña bruma en ellos más propias de costeras tierras que de las nuestras, avezados a encenderse, a mostrarse,  más que a velarse y ocultarse.
         Dicen que es feria, que cada año se alarga y se desplaza de fechas, para darle una sonora bofetada a la historia que, al menos en estos casos, mejor sería dejarla con fechas y documentos donde se escribió. Y lo cierto es que debe serlo, porque a ese silencio inmaculado, pensativo, viene a darle un sonoro azote, a ratos, gritos de gente que cantan con voces desaforadas en las que el vino de toda una noche está presente. Y no es que hoy en día los jóvenes necesiten de ferias para darse a la bebida, que todos los fines de semana, los de todo el año, son ferias para ellos tanto como amargura y temor para sus padres.
               Con ese adiós a ferias, a verano, a vacaciones, entra septiembre, que para más resaltar su llegada y las mudanzas del tiempo, esas que nunca se acaban, saludándonos está con una brisa que no es viento sino pura delicia de respirar y a la que, los que somos más amigos de atmósferas más de abrigarse que de desnudarse, nos gustaría corresponder con un ¡hola, grácil septiembre! ¡Bienvenido seas!

viernes, 24 de agosto de 2018


VUELVE LA CALOR

           Vuelve la calor, y como admitidos son los dos género en la palabra, para que no se diga, al femenino nos atenemos. Y puede que por esa virtud idiomática, que no todas tienen, cumpliendo con uno y con otra, en estos postreros estertores del mes de las canículas, zurrándonos está de lo lindo, que mala cosa es cuando no uno sino dos se ponen de acuerdo para darte lo que no está escrito.
           Y psicologica y materialmente, desde que uno tiene uso de razón, haciéndonos la puñeta, y a la vez poniendo en evidencia la poca voluntad, falta de ingenio y nula influencia de nuestros políticos locales, están esos dos pasos a nivel, que si hace un siglo quedaban fuera de los límites de nuestra ciudad, hoy están en el corazón de ella, molestando lo que no esta escrito a peatones, vehículos y causando un montón de inconvenientes, por ser pasos más que obligados a supermercados, polígono industrial y, también viviendas, que ya son numerosas las que al otro lado se levantan, por no hablar de los peligros que el abarrotado transito provoca.
            Promesas aparte, que surgen como moscas a la miel cuando las elecciones se acercan, una y otra vez, tantas que ya ni los más ingenuos se las tragan, mas de uno, entre los que desde luego nos encontramos nosotros, debe pensar que si ni siquiera en treinta años, cuando comenzaron a ser un problema, no hemos sido (perdón, no han sido los que viven de esto, con sus fotos, sus sillones y sus buenos sueldos) capaces de suprimir unos simples pasos, pedir autovías o industrias, o estaciones de autobuses, o que dejen en paz de una vez la Alameda, tan destrozada y para colmo con esa pedestre joroba de cemento de los últimos meses en lo que una vez fue una bonita entrada,  suena a buscar la piedra filosofal o, por  más familiar el personaje, a hallar en el milenario secreto del tesoro de Moctezuma.
           
         

viernes, 10 de agosto de 2018

EN BAJAMAR EL TIEMPO Y ESTAS TIERRAS

        Cede en sus ardores el mes, tras esos desmedidos achuchones que a todos nos dejan el ánimo bajo mínimos, porque los extremos, es sabido, no llevan a nada de loar y sí a excesos de imparables daños. En bajamar se halla la atmósfera, y, cómo no, y no es nada nuevo que a peor van estas tierras serranas, tan malditas y abandonadas, como estos días vienen a poner en evidencia la muy propagada noticia, de extraordinaria transcendencia para unas ciudades vecinas, como son las de Bobadilla y Antequera, no más distante de la nuestra que medio centenar de kilómetros, con la muy posible instalación de un supersónico transporte, que va a dejar en mantillas a cualquier otro, multiplicando su velocidad.
             Que toda esa riqueza y modernidad tecnológica aflore con la vecindad dicha, por no hablar de otros logros anteriores, conseguidos allí nombrando a sus sus tesoros patrimonio de la Humanidad; y que en misérrimo contraste ni siquiera, nosotros, pobres desterrados,  podamos aspirar a una modesta autovía, o a una industria de relieve,  nada más viene a proclamar la incapacidad manifiesta de unos gobernantes, los de aquí y los de allá, de todos signos y banderas, pues todos han pasado unos años u otros por nuestro consistorio. Si pensamos que basta con tener nuestras calles llenas de un turismo de pobre alcance, que deja a su paso más basuras detrás que dinero, equivocado estamos, y enjugando nuestras lágrimas, llorando nuestras penas y envidiando a los que en otros lugares actuaron de otra manera, esperando sentados que el maná nos llegue del cielo, seguiremos ad eternum, o lo que es decir, por los siglos de los siglos.

martes, 7 de agosto de 2018



PALETADAS DE TIEMPO A LA BASURA

          Con esto de dar una aire de laboriosidad al paso de las horas, organiza uno sus tareas diarias de una forma un tanto metódica, con ocupación para cada una de ellas, sin que le falte a ninguna, dandole una actividad, no siempre la misma, para llenarlas; puede que unas acometidas con más interés y dedicación que otras, pero  sin que, en cualquier caso, quede tiempo para nada, porque a todas, aunque parezca mentira, en una etapa en que ya no hay quien nos mande, le tiene uno puesto a las dichas el sello de obligatorias.
           Queda claro, que con este método, que llamaríamos de lo más insensato, y necio, el tiempo libre, lo que se llama de no hacer nada que no sea cruzarse de brazos y entregarse a la ineficacia más absoluta, brilla por su ausencia, algo de lo que no vale quejarse porque lo has dispuesto tú, no aconsejado ni presionado por individuo ni ley alguna.
                Y menos aún caben lamentaciones, cuando, de forma imprevista, ese tiempo libre por el que vienes suspirando desde no sabes qué lejano año, te llega a las manos, como un regalo en las sombras de la noche, porque en estos últimos días es la madrugada su hora de llegar.  Que ese mismo fuego que ahora nos visita y que arde tanto si es noche como si es mañana, sin sol o con él, te coma voluntad y conceda exudaciones a raudales, que no te dejé pensar, ni casi con fuerzas para moverte, es el triste final de cómo tener que despreciar lo que más se aprecia a nuestros años: tiempo para hacer cosas, que, desde luego, a pocos importan, pero que a uno le dan una mano para con cierta tranquilidad. obviando lo que puede venir, gozar en lo que cabe, del paso de los días, de ese tiempo, que a su modo, bien o mal, y a falta de tener las claves para detenerlo, cada uno emplea como quiere o puede.  



viernes, 3 de agosto de 2018


ZARPAZOS DE UN AGOSTO EN NEGRA PLENITUD

        No ha necesitado nada el mes, para hacer valer sus derechos de villano,  de, si se lo propone, que propuesto se lo ha, constituirse en azote de los pobres humanos, que, sin tumbonas, playas ni otros remedios que alivien su padecer, por aquí andamos. Y bien que lo sufrimos, porque por muy ilusionados que estuviéramos, pasados días, con un verano que no lo era, sino dulce y atemperada primavera, como suele ocurrir, mínimamente duradero fue lo bueno, que mucho más tiene la vida de achuchones de sufrimiento que de apacibles horas de gozo y tranquilidad.
         Con esto del calor que nos llega, de las previsiones a largo plazo y de la facilidad para las consultas del estado de la atmósfera, en especial cuando quema o hiela,  sumidos estamos, aunque no lo creamos todos, en una continua y extremada pelea con esas ola de fuego que con bastante tiempo nos anuncia ahora ordenadores, teles y móviles; tal vez, pensamos, para que nos vayamos haciendo el cuerpo y preparando nuestras armas. Es una batalla no cruenta, pero casi a muerte, después de tanto anuncio, la que libramos con la dichosa ola, de tal manera, que cada día dejado atrás, de los muchos de que consta su maligna pleamar, es un sonado triunfo para nosotros, porque seguimos de pie y no diluidos, ya inertes para los restos, en pura nada, trocados en charcos de agua, que con esos mismos ardores que desprende todo, no tardarían en ser más que fugaz vapor, buscando los cielos.

martes, 31 de julio de 2018

        FENECE JULIO

        Fenece el mes, el de julio, o lo que es decir, exhalando está su postrer aliento, que no es soplo debilucho sino vaharada fogosa y vigorosa, como si quisiera dejar la huella de la identidad que no tuvo a lo largo y ancho de sus treinta y un días, circunstancia que no es en modo alguno de lamentar, sino de ovacionar y mucho, pues mantuvo, para ser quien es y su antañona fama, una atmósfera más que delicada que hacía pensar en vernal estación, que no en una del estío. En nuestras calles, y más que en ninguna en la muy concurrida de la Bola, ahora que todo el mundo se aferra a sus horas de ocio como si en ello le fuera la vida, los calores incipientes lo que tienen de malsanos, es que dejan de ver en toda su crudeza lo que ya es una epidemia, las grasas acumuladas por cada quisque, que somos casi todos, y de  todas las nacionalidades, salvando a los orientales, que tan a pecho llevan, y con toda la razón por su parte, el conservar los kilos precisos y las figuras en su punto, ahuyentando malestares y enfermedades. El contraste es grande. con ese crecimiento anormal de grasas que tiende a la horizontalidad y a deformar humanidades, que casi dejan de serlo, con los excesos.

domingo, 29 de julio de 2018

           SIN GRANDES MORDISCOS EL VERANO

        Aún no muerde el verano, que se ha limitado hasta ahora a reconocer sus predios estivales sin osar, porque tiempo queda,  hollarlos y asolarlos a sus anchas, que todo llegará. No obstante, aunque el fuego de sus ardorosa faz está por llegar, curioso es como se protegen de él, del astro rey,  estos orientales que en grandes rebaños trotan por nuestras calles, a pasos menudos, dando uno y deteniéndose al instante para contemplar algo, no sea que después sus compañeros le den envidia con algo que se se han perdido; que como no hay impuestos sobre la mirada y proyectarla no cuesta dinero, pues hasta el hartazgo por doquier impulsarla. Lo que es gastar, o lo hacen muy a escondidas, por aquello de los cacos, o no se desprenden ni de una moneda que no sea, tras mirar y remirar, para emplearla, después de mucho pensar y manoseo, en una postal con la que dar fe de su destino actual a sus familiares. La prosperidad más ventajosa debe bendecir a estos coreanos, que son los más, porque ni a sus peques dejan ya con sus abuelos, con lo que no tienen ni que añorarlos ni animarlos por móviles y tabletas a que se porten bien, y todos juntos, como antiguas familias hispanas, bien apañados con gorros de enorme capacidad, que hasta los hombros tapas, o con sombrillas que para todo sirven, para un cosido de sol o un descosido de imprevista lluvia, por aquí andan a millares, obstruyendo aceras, y emitiendo sonoros chillidos, que en eso sí que tienen algo de sangre latina.

jueves, 26 de julio de 2018

         DE  PUERTAS QUE NO CIERRAN Y SANTOS QUE NO EJERCEN

          Con esto de los cambios de fecha de festividades religiosas anda uno tan desorientado como con los frecuentes políticos. Con la conciencia de que ayer era una de esas festividades tradicionales, la de Santiago, patrón de la invencible patria de las cruzadas y demás, nos levantamos con buen ánimo y echados a andar en una mañana ya de calores más ardientes que los pasados, para no tardar en cerciorarnos que, nos dijeron, desde hace años esa festividad, como tal pasó a la historia. Lo cierto es que si nos paramos a pensar en el sentido que siempre se le dio a esa celebración de "Santiago y cierra España" es fácil comprobar que lo ha perdido del todo, porque entre visitantes, más los de poca monta, que los adinerado, y los que nos llegan de las pateras, no solo todas las fronteras hispanas están más que desnudas, al albur de quien le dé la real gana traspasarlas, sino que los pegasos de vuelos incontenibles  y las tizonas de afilada hoja y letal descarga en los pechos y vientres de intrusos invasores, se baña en las aguas del pasado y no en las del presente, y si nos cuesta un mundo guardar las  entradas y puertas interiores de quienes viviendo en en este suelo intentan hacerla añicos, cómo vamos a hacerlo con los que de fuera a millones nos llegan.

domingo, 22 de julio de 2018


            LOS PUNTOS SOBRE LAS ÍES DE UN ASCO DE AVENTURA

         A veces nos olvidamos de que un blog no es un diario personal, aunque casi siempre lo sea, pero con su interior visible para que los demás curiosean lo que les venga en ganas, y así muchos desahogos que deberían quedar para uno obtienen una divulgación que se nos escapa de las manos, y más que satisfacciones provocan preocupaciones.
        Como continuación a la última entrada del blog y a mi afán por conseguir una revista municipal, por si alguien ha interpretado mal el sentido del texto, tengo que decir que salvo esa crítica que espero constructiva para futuras actuaciones de los servicios administrativos de nuestro Ayuntamiento, ningún otro malsano deseo me guía; que cuento con buenas amistades, o eso creo, entre sus dirigentes y que, ítem más, comulgo con muchas de sus ideas; que en más de una ocasión, de alguna forma he recibido ayuda de ellos, y que igualmente nunca les negué ninguna colaboración que me pidieran. Cualquier otro sentido que se le quiera buscar a mis citadas líneas, está totalmente fuera de lugar.
        Aclarado esto, he de añadir que hoy, ayudado como comentaba en la anterior entrada de la generosidad de otro de los amigos que en el Consistorio tengo, de Rafa Flores, el que aparte de llevar años enseñándonos en libros y en la práctica la majestad, escabrosidades, y enorme belleza de la orografía y paisaje que nos rodea, siempre anda presto para remediar un roto y un descosido de los que se lo piden, he obtenido un ejemplar de la dichosa Revista. Pienso que, por qué no, que soy yo el maldito, y no la Revista, que por aquello de tratar de usos y misterios de otra época, a algunos como a mí maldice y condena a perseguirla.  


sábado, 21 de julio de 2018

       UN ASCO DE AVENTURA, CON EL MUNICIPIO COMO FONDO

       Hay aventuras que son para esculpirlas en mármol y que ahí queden inmortalizadas para aviso de inexpertos navegantes. Y me gustaría contar una de ellas en la que figuro como desventurado protagonista, y que, a la larga y a la corta, poco bien habla del funcionamiento de un Ayuntamiento, el nuestro, y de sus representantes, que duchos son, como modernos políticos, en ese sutil arte de desviar los tiros, por lo que tengan de letales o de destructor de famas, a otros destinos.
       En sí, es tan simple la historia, que si la desgrano es solo por egoísta desahogo, bueno y también un poco para que otros agraviados sepan a que atenerse, si se ven inmersos en alguna de ella, es esta:
        Con motivo de la publicación en los pasados meses, a principios de abril, recibí una llamada de una tal Patricia Pérez, de nuestro Consistorio, a la que no conocía, muy interesada en una entrevista para la Revista que, como cada año, se iba a publicar con motivo de la celebración en mayo de Ronda Romántica. Poco amigo soy, de entrevistas y afines, pero tanto como porque no me gusta dar rotundas negativas a nadie, como porque, con mis libros al respecto, más de uno y más de tres, algo he tenido que ver en todo lo que se relaciona con el nacimiento de esa celebración, accedí.
         Bueno, y ahí comienza por mi parte, en sucesivos meses, con la revista en la calle, mis inútiles peripecias por conseguir un ejemplar; pues claro, eso de que te inviten a cualquier acto, aunque poco amigos soy tampoco de ellos, y a pesar de mi nombramiento como Hijo Predilecto, Premio del Turismo y alguna distinción más que ahora no recuerdo, suena a pura quimera, Aducía la dicha Patricia que el entregarme la revista era asunto de la concejala a cargo, María José Sánchez, que la había dejado ya en manos de los "notificadores" (vaya palabreja), para que las repartieran.  Y muy últimamente, visto que no llegan esos individuos a mi casa, y tras mucho llorar me consuela diciendo la tal Patricia, que está de vacaciones pero que cuando vuelva, el pasado 16 de este mes, al parecer, me la proporcionará ella en persona. Esperando estoy, aún, que tenga lugar 
          Y para no cansar más, un acto más de esta interminable persecución de lo que parece ser el vellocino de oro de las revistas, tiene lugar cuando contactando con un amigo, concejal del Municipio, por otro asunto, le comento el asunto y se ofrece, generosamente, en dejarme un ejemplar en el restaurante familiar. Ni que decir tiene, que esta mañana, a la búsqueda de ese "tesoro", haciendo acto de presencia en el dicho establecimiento, nadie, tras mucho esperar, tenía idea de tal publicación. ¡Y dispensen ustedes por esta murga, que no es de carnaval, pero lo parece!


lunes, 16 de julio de 2018

          DE AMBULATORIOS Y MALES DESCOMUNALES Y PEQUEÑOS

        Suelen ser los ambulatorios, como tantos otros escenarios de este variopinto mundo de hoy en día, además de multitud de otras cosas (y para no pocos, orillas tumultuosas de las lagunas estigias de los hospitales), escuelas de aprendizaje, fuentes de conocimiento extraños, de disciplinas que no se dan en otros lados, a no ser los que por su profesión necesario les es abrazarlas y domarlas. Pero para los más, entre los que me encuentro, adquirir, sin esperarlo ni pedirlo fracciones de esos conocimientos, es enterarse de la existencia de males del cuerpo y del alma poco conocidos y a veces totalmente desconocidos, para los que, más o menos, afortunadamente solo padecemos ciertos achaques, o eso creemos, de poca gravedad. Que solo demos vueltas y exageradamente nos preocupemos de nuestros alifafes, no produce más que vergüenza y culpa al enterarnos por boca de las que las sufren o por su aspecto exterior, todo un libro abierto, de esos terribles males para los que no existen aún remedio posible. Con la última visión de la figura del doctor, desde el cuello hasta el pecho y bolsillos llenos de adminículos para detectar enfermedades y de plantas que intentan dar un poco de alegría a la habitación, pero que resulta ahogadas sin darle un respiro por multitud de cajas y envases de medicamentos, nos falta tiempo para a toda prisa buscar la calle y en ella respirar toda la aparente, pero sosegada vida que por ella se esparce.