miércoles, 27 de septiembre de 2017

¡BENDITA AGUA!

      Tantos meses hacía que no veíamos a los cielos derramar sus lágrimas, que hasta eso: ganas de llorar le dan uno cuando extasiado contempla al agua precipitarse de la mejor manera posible, esto es, con intensa verticalidad, en profusas cortinas, mudando y aseando un paisaje que ya necesitaba, como alguna vez todos, darse un vuelco, renovarse. Y es que, además, como por el mundo anda tan revuelta la atmósfera, nunca se sabe, si con esos enormes y alarmantes vaivenes que la atosigan y matan, lo que hoy es sur a no tardar será norte, y si lo que hoy es agua calma, en un futuro no muy lejano, serán avasalladoras inundaciones que a comerse calles, aceras y ventanas vendrán.
       Esperanzas tenemos, no obstante, de que los puntos cardenales y la fuerza de los elementos que de ellos dimana, se queden donde están y que cada uno, por sólitos y ya conocidos sus efectos, sepa a que atenerse, como siempre; pero si, por manos del infierno en que la humanidad ha convertido a su planeta, así no fuera, gocemos esta mañana con la felicidad de la lluvia, su placidez, su fecundidad, su generosidad sin límites, que, a no dudar, nos hará verter lágrimas cuando no llegue, cuando sea nada más que un recuerdo que contar a nuestros hijos.

sábado, 12 de agosto de 2017


HERMANO LEVANTE

     Entre los vientos más denostados y maldecidos por estas tierras, entre muchos, alza su altiva mano, el de levante, no para pedir audiencia, sino para proclamar su victoria como afanoso acaparador y feudal señor, sin rival alguno, de todos esos insultos que desde generaciones y ancestrales eras lo abruman y machacan, revistiéndolo con sórdidas ropas y una mala fama que, a estas alturas de los tiempos, no hay quien se la quite. Un leve castigo se diría, a cuantos malestares va dejando entre nosotros su avasallador paso, y que no vale la pena aquí reseñar porque no hay quien no los padezca.
      Aun a costa
de ganarnos más de una enemistad, querríamos, en estos días de hirientes ardores estivales, no empeorar más esa malhadada fama que arrastra el hermano levante de impune fustigador de humanas naturalezas, sino aliviarla de su inmensa carga, mejorándola, porque claro benefactor ha sido y es ahora para nosotros, en que sus rachas no tocan a rebato, sino que es un bálsamo que acaricia rostros y cuerpos, que nos devuelve el ánimo y la sonrisa, y que nos traen el olor y frescor de los idílicos veranos de antaño.

lunes, 7 de agosto de 2017

          MÁS COSAS QUE AGONIZAN

         Como todo es premura y galope en estos tiempos, también en la trastornada naturaleza, a la que ni un respiro damos, mucho antes que otras veces, han surgido   los pequeños puestos de chumbos. Y salvo esa mudanza en comerle semanas y hasta meses al calendario en su llegada, su venta, situación y modos es algo que muy poco o nada ha cambiado con los años. La verdad es que ni siquiera puede llamársele puestos a sus puntos de venta, y que ni siquiera necesitan sus vendedores una mesa para exponerlos, que bien sirven suelos desnudos de calles y sitios transitados, para que, desprovistos de espinas por la acción del cuchillo o de la tradicional navaja, muestren su distintos grados de madurez, en pinceladas de deslucido amarillo o verde intenso.
             Es un negocio que escaso beneficio debe dejar, pero de algo se ha de comer,  cuando se come, pues de eso se trata para sus vendedores, si es que evitar pueden impuestos municipales que darían al traste con su misérrima ganancia, y con una historia de caminatas por veredas y altozanos para obtenerlos que para qué contar; entre otras cosas porque las chumberas en peligros de extinción andan, a causa de una llamada cochinilla con malas pulgas, que no quiere desentonar con unos tiempos a los que se les podía dar idéntico apelativo de cochinos.
              Con harta pena, como con muchas otras cosas, vemos la desaparición de esa capa de severa originalidad, de airoso manto, con  que chumbos y chumberas amenizaban nuestros campos, honduras y despeñaderos. Amarga leer o de ver en esa pantalla en que tantas bobadas se dan cita, no recuerdo bien, que el remediar la plaga es cosa de los pueblos y de sus ayuntamientos y no de otros poderes superiores andaluces. La eterna e iterada parrafada política que a todas horas suena: "eso no es cosa mía, que es tuya".    
               

miércoles, 2 de agosto de 2017

      INSUFRIBLES DÍAS

      Cae fuego. Desprenden ardores casi insufribles, asfaltos, piedras, paredes y hasta sombras, que no son acogedoras ni hacen honor a su condición de espacios desprovistos de soles, porque es como si alumbradas por sus fogosos rayos poseídas estuvieran.
       No es extraño. Grado más, grado menos, el estío anda ahora de huésped duradero por estos lares, como por otros muchos, y quiérase o no, a su servidumbre, mandato, sequedad y exudaciones nos toca inclinar la cerviz de humanos en riesgo de extinción, por estas cosas y por miríadas más, con origen bien distinto.
         Esas llamaradas que nos flagelan y que a ninguna hora ceden, no es algo que parezca importar en demasía a las riadas de caminantes, foráneos, los más, que con exigua ropa y cabeza bien adecentada, con sombrillas, y un muestrario inmenso de sombreros, con la paja como esencial elemento, para que el sol no encuentre una pequeña dehesa donde aposentarse, arriba y abajo, en prietas o desordenadas filas, según elijan aceras o calles sin vehículos, abarrotan plazas y veladores. Se dirían disfrutan como niños de recreo del estado de relativa libertad, sin amos, papeles, voces, ni ordenes, que les brindan las vacaciones, pese a un calor que sí que es el dueño absoluto, de seres, viviendas, campos, ciudades y desnudos cielos; de lo invisible y de lo invisible, al que nadie escapa.

miércoles, 17 de mayo de 2017

          HOSPITALES Y ESPERAS


       El nuevo hospital, de muy reciente inauguración, con sus amplios pasillos, raudales de luz, asientos bien estructurado, escaleras mecánicas, en constante funcionamiento, y un paisaje de colinas y olivos y encinas gateando por ellas, se diría semejante a las salas de espera de un abarrotado aeropuerto, con un corto trayecto pendiente del rugido de los altavoces para alcanzar los aviones, sin que haya que despejar ninguna incógnita para un destino que todo el mundo conoce de antemano, porque lo que se busca son horizontes ahítos de monumentos, del aire nuevo que impregna a países desconocidos, o a los que se vuelve ilusionaron cuando se visitaron por vez primera. 
            Pero no es ahí donde estamos y sí que existe aquí, sin alas que nos transporten a ningún paraíso soñado, una angustiosa incógnita por desvelar, detrás de esa puerta de azulados tonos, impecable, de redondos y altos ojos y límpido cristal, en la que se espera entrar para recibir en pleno rostro, el resplandor o zarpazo un diagnóstico que alivie la desazón hasta convertirla en un apagado recuerdo, o la aumente para no dejarnos ya nunca más.

miércoles, 10 de mayo de 2017

       APACIGUANDO INSOMNIOS

      A veces el pragmatismo ofrece alternativas extrañas, en las que se mezclan los achaques de una valetudinaria edad y el ansia, por el avance desaforado de esta, del que la sufre, de sacarle partido al más nimio bostezo del tiempo. Y es lo que uno hace tratando de darle sentido a la cotidiana bofetada del insomnio; a ese particular desperezo del despertador sin manillas ni voz, que irremediablemente te avisa sin que tú lo hayas elegido que son las cuatro, las cinco de una madrugada silenciosa, pacífica, pero interminable, y que ya es hora de espabilar. 
      El lecho no ese entonces una maternal y acogedora matriz. sino una suerte de celda de la que al menor descuido del carcelero, que es la próvida mente, lo mejor es huir a todo correr; no muy lejos, ni tampoco con otras pretensiones que no sean las de hacer algo formal para compensar la nada en la que estando despierto te había invadido la cama, dandole vueltas y más vueltas a lo que, pocas, sensatamente tienen. Leer o emborronar papeles entonces, con el mismo silencio de antes, pero ya siendo tu fiel acompañante y no un rival. Es ya otro escenario más benigno, como palpar algo que no existe, pero que pudiera existir, como esa deslucida pero creciente luz de amanecida que comienza a entrar, para no irse.



miércoles, 3 de mayo de 2017

         UN VIENTO QUE NO CESA, PERO ILUSIONA

      No ceja la primavera en un avance que no es más que descarada invasión de embalsamadas brisas, tupidas frondas, pobladas ramas, gorjeos de canoras aves, zumbidos de gruesos insectos y multitud de flores. Con similar tozudez, se resiste a abandonarnos ese viento que empeñado anda desde hace meses, en un reinado de nunca acabar, en mostrarnos su variedad de registros, desde los más nimios e imperceptibles hasta los más furiosos, esos que insistentemente suelen altera nuestro sistema nervioso y sacar a la luz dolencias y malestares que, aunque hay estaban, desapercibidos pasaban, como si a otros pertenecieran y no a nuestra debilidad naturaleza.
          A este viento que, para no desentonar con sus precedentes hermanos, sopla hoy, hay que agradecerle tanto que no muestre las voracidades de otros días, en los que no dejaba títeres con cabeza, como que ese animado mural de sedosas flores que en agolpan en tiestos, balcones, cierros, ventanas, paredes y, con más propiedad en cuidados jardines, no sea una estampa hierática, inmóvil, sino mirífica sensación de vida, abriendo capullos a los que en raudo viaje tornasola, convierte en abiertas y luminosas estrellas y, aun, tiene agallas para esparcir sus pétalos por tierra. Una delicia, ahora que la siembra del azahar por los suelos llegó a su término, hollar siempre floridos caminos, que no otra cosa son ahora las aceras y un poco menos la calzada.


lunes, 1 de mayo de 2017

       AL SOCAIRE DE CERVANTES Y DE LA LETRA IMPRESA

      Con la primavera ya cuajada, su brillo y magia en el aire y el esplendor primero de brotes y hojas acariciando el moroso transcurrir de las horas, advino, asimismo, la cita con los libros y su feria. Fuera ya de la ilusión que en nosotros provoca esa acumulación ordenada de volúmenes y de su colorido y de la mirada curiosa o ávida con que los hipotéticos lectores los saluda, con el mismo ánimo de pasados años pusimos nuestro grano de arena; uno más, podemos, con toda la humildad del mundo, decir. No con la intención, desde luego, de pasar a la historia de las letras, ¡qué locura! y sí de , en unos tiempos tan infaustos para la cultura, y en los que tan poco se lee, tratar de de atraer la atención sobre las páginas de los libros. 
      Acudimos para ello a husmear en los predios serranos de las leyendas, pertenecientes a una ciudad a la que su más evocador calificativo es la de legendaria. Apropiado nos pareció, porque se daba la circunstancia añadida de que escaso había escrito que hiciera referencia a esa corriente popular que alimenta y en la que aletea la leyenda. Larga vida, no por ser nuestro sino por ser libro para leer, le deseamos y que muchas miradas inunden sus páginas.

miércoles, 12 de abril de 2017


MARTES DE SEMANA SANTA

     No termina de buscar otros horizontes más alejados de los nuestros este desbocado vendaval que, como un advenedizo más, lleva días y días tomándole el pulso a la ciudad sin parar un solo instante; y lo que es peor, con su ímpetu y obcecado desvarío, poniendo al desnudo en muchos de nosotros dormidas dolencias y arraigados trastornos, que cuánto mejor no estarían en sopor que no al revuelto aire de todos los males, pues nadie gusta exhibir sus lacras, ni mostrarse en desvalida situación.
       Sin embargo, más que apagar con su voz de trueno otros sonidos y rumores, los acuna y amamanta el poniente que  sopla y sopla, no enfurecido, con ánimo de amedrentar, sino más bien para reafirmar su presencia y que no se le mire muy mal, porque ¿quién no está necesitado de cariño?, y que, por demás, como todos, no deja de ser un mandado más en la altiva jerarquía de la pirámide, en la que uno de sus jerarcas manda y él obedece y calla. Y casi con excelso


cuidado, el paternal ventarrón abre sus larguiruchos brazos de nunca acabar a esas campanillas que renovando a una tradición de nuestra infancia, con bolsas petitorias que ya les gustaría llenar,  hacen sonar y sonar a lo largo de la interminable calle, un océano de mestizajes y razas, dos enlutados habitantes del barrio más extremo de  nuestra Ronda, de San Francisco. Nadie renuncia  a lo que lleva entre ceja y ceja: ni los transeúntes, arriba y abajo, en su caminar; ni los campanilleros sacando broncos ronquidos a sus broncíneos instrumentos, ni, menos el poniente, que en su vasto seno, a unos y a otros acoge.



jueves, 6 de abril de 2017

      UN SÍ ES NO ES EL PARTO DE LOS MONTES

      No el parto de los montes, pero de algo, sin embargo, muy cercano a ello se está tornando el laborioso proceso, colmado de penurias y aflicciones, de llamadas sin respuestas, de portazos en pleno rostro, de desánimos sin cuento, que es publicar hoy en día un libro.
       Cuando dejado atrás tantos trabajos de Hércules, pues no de menos pueden calificarse los pasados, y la obra asoma indecisa su seductora y coloreada faz en las vidrieras de los escaparates librescos, esperar queda para su autor otro terreno por conquistar, invocando mientras tanto a dioses manes y penates para que en desolado páramo no venga a parar lo que múltiples desvelos y vueltas al sufrido magín le costó.
         Y en esa insoportable espera, que le destroza y ahoga, que no deja de vivir ni de dormir, andan, andamos los que pretendemos, las más de las veces sin conseguirlo, dar a conocer algo que no esté ya dicho, que pueda si no entusiasmar, al menos despertar un mínimo de interés, para llegar a la funesta deducción, de que editoriales, librerías, y páginas impresas cavando su tumba, con poco o ningún remedio, están.