miércoles, 22 de mayo de 2013

FERIAS EN EL RECUERDO



     Se le acaba el tiempo a este mayo de contrastes, de insufribles fríos y calores. Como a todos, algo de ese contagio de andar un poco a la deriva le acoge. Hay que recordar que durante siglos, estos del mes en que estamos, fueron los días de la famosa y real feria, que atrajo a gente de media España y a algunos más  de allende la patria. Por ella, siendo emperatriz de los franceses, se paseaba a caballo con su séquito Eugenia de Montijo, condesa de Teba, lo que ya da una buena idea de la categoría que la festiva celebración tuvo en su época.
       Para cumplir con su recuerdo y no sepultarlo del todo, anduvimos el domingo por la que del ganado todavía tiene hoy lugar. Alguna escena de las que contemplamos, algún bastón de gruesa madera, algún sombrero gitano, nos llegó a recordar a la que con mucha dignidad, transacciones y animación se celebraba años atrás. Lo mejor para los que amamos a los animales con verdadera devoción, ver otra vez, como si el tiempo no hubiera pasado, a burros, toros y caballos de raza, en un ambiente rural, reunidos sin hostigamientos y no como carne de consumo, en el caso de los jamelgos, o martirizados bajo pretextos de arte, en el de los astados, que nunca puede haber arte donde existe crueldad.

domingo, 19 de mayo de 2013

TRENES DE AYER Y DE HOY: EL DE NUESTRA CIUDAD A ALGECIRAS.




     Pocos gozos tan milagrosos conocieron nuestra niñez como los que proporcionaban los trenes movidos por  vapor a su paso por las estaciones. El elemento mágico era por excelencia el humo, capaz de transformar en unos instantes eternos un sencillo escenario de inertes railes, fugitivos soles y torrentes de rumores en una silente isla encantada en la que nada era lo que era, sino mimbres de sueños  atrapándonos para dejarnos sin aliento.
       De ese embrujado escenario, se era igual de partícipe tanto si se era absorto espectador desde los andenes como si agraciado pasajero en las ventanillas de sus vagones. De estos nada nos robó más el ánimo que nuestros primeros viajes por un recorrido en el que el tren se aupaba o descendía por las riberas, plácidas unas veces, agrestes, otras, fantásticas y rumorosas siempre, del inefable Guadiaro acudiendo a la llamada del mar.
        Que este tren, sin vapor ya sus locomotoras, y con las paradas obligadas en las limpias y sonrientes estaciones de los pueblos serranos, sirviera todavía de enlace entre ellas, y que desde él se pudieran contemplar amaneceres de ensueño alumbrando cuevas, hondas buitreras, quebradas y valles, era otro milagro que, conociendo los tiempos, sabíamos no iba a durar nada. Habituales recortes que ya a nadie engañan frustraron su sosegada marcha;  no tan voraces aquellos como las arcas de los potentados a los que, por un camino o otro, van a parar los dineros confiscados al modesto bienestar de la gente sencilla.

jueves, 16 de mayo de 2013

LA AGONÍA DEL LIBRO




         Desolación tremenda la del martes en la Feria del Libro, instalada en el Puerto de Málaga; más bien, se diría, su funeral. Casetas que casi se incrustaban en el casco de lo que podría ser la bodega de uno de esos gigantescos buques de cruceros de recreo, poniendo una pequeña nota de color los  rosados nombres  de las librerías participantes en el terso armazón de aquél. En realidad, lo único que atrapaba la vista del evento, porque por lo demás, las doce de la mañana de un día espléndido y ni un alma cercana a la muda llamada de los libros. Comprobado está, que con tantas limitaciones a que se ve sometido, rueda ya el libro por una pendiente, con todo lo que le rodea, editoriales, librerías, imprentas y demás, por la que le será problemático auparse otra vez a la perdida normalidad de hace unos años. Cada vez nos turba más el pensamiento de que, como cuando el libro hecho pergamino, se refugiaba en templos y monasterios, acabará siendo cosa de iniciados, casi de alquimistas. Algunos de mis amigos, de los que escriben, como acto heroico final, han comenzado ante la falta de mentores, a pagar sus propias ediciones. Si se recupera entre las amistades lo pagado, bien; si no, la pequeña satisfacción de, aunque no se compre su obra, poner en órbita un libro antes que el manuscrito muera en el contenedor de la basura, como un detritus más.  

miércoles, 15 de mayo de 2013

SÍSIFO EN EL HORIZONTE DE NUESTROS SUEÑOS.



     A mis pesadillas habituales no las acometen terrores de escalofríos, ultraterrenos; no hay más terrores en ellas que el terror de nunca poder acabar lo que estoy haciendo: un examen, un libro, alcanzar una calle, vadear un río, cualquier cosa que sea lo emprendido. Y una y otra vez, y mil veces, a imparable velocidad, doy vueltas y más vueltas
sin jamás llegar a terminar lo que tengo entre manos, en una repetición que agota y martiriza. No existen piedras descomunales en mis sueños que, como el mítico Sísifo, tenga que aupar por verticales muros sin lograr, a pesar de acariciarlo, el descanso de la llegada a la cúspide; aunque sí la condena, a la impotencia, una noche y otra, del constante fracaso, a la maldición de repetir lo que se muestra inalcanzable, sin ni siquiera, al menos, tener acceso al suspiro que supone el abandono. 

domingo, 12 de mayo de 2013

INVASIONES PARA DISFRUTAR




       Invasiones nos acompañan este fin de semana, que, no por esperadas, dejan de ser  toda una delicia.  No acostumbrados a tanto despliegue de alegre bullicio, de alborozada y contagiosa alegría, en la que triunfa el gozo de la vida y el afán de patear el mundo, con el pie como protagonista, pisándolo o imprimiendo fuerza a los pedales de la bicicleta, por una vez ésta con el camino despejado de su principal enemigo el coche, hoy y ayer la ciudad parecía ser otra. Bares sin asientos libres, y las calles como en fiesta; por doquier colorido y gente de media España que, sobre todo, ha venido a pasárselo a lo grande, sin borracheras ni trifulcas  que suelen ser acólitos de éstas.
       En el alma nos alegramos
del que el proyecto que nació más como recuperación del buen nombre de un Cuerpo, con muchas dudas sobre sus actuaciones de otros tiempos, concluyera en esto: en proyección continua, pues son cosas de la que los participantes y familiares hablan a lo largo del año, impagable difusión de nuestras tierras serranas y de sus soberbios parajes. Y lo mejor es que durante unas horas, que ya es mucho decir, los de fuera y los de dentro, nos olvidamos de hablar de lo de siempre: de políticos, corrupciones y carencia de muchas cosas, que antes no eran propias.

miércoles, 8 de mayo de 2013

SUS CANTARINAS AGUAS NOS ESPERAN




     Con la misma intensidad y afán de protagonismo con que nos azotaron las lluvias, no ha tanto para que se nos haya ido su memoria, se ha desmelenado mayo en un santiamén, para agobiarnos con calores y exudaciones impropios del tiempo que estamos. Diríamos que, aprovechando lo bueno de la transición, los actuales y esplendorosos rayos de Febo, el dios sol, ya que sufrimos a la lluvia en su peor cara, su tozudez y pertinacia, habría que gozar de lo que aquella nos vertió a raudales, verdor, renacimiento y manantiales desparramando a miríadas su cristalina riqueza.
      Y si nunca faltó el agua allí, imaginamos desde nuestro encierro domestico, cómo andarán de enternecidas las tierras  del paraíso que es Benamahoma, junto a las alturas ubriqueñas,  con sus cien hontanares rebosantes de frescor y rumores, con su nunca perdido sueño de miles de cántaros esperando llenar sus entrañas de ese elemento tan imprescindible para la vida de todos los seres. Esperemos que la añoranza de la tierra de algún nativo expatriado, que cantan los versos de la cerámica instalada en el nacimiento del río, no llegue, con la recesión, a un flujo permanente que deje a ese edén, como a tantos otros de la Serranía, sin habitantes, que a lo más que aspiran es a volver al pueblo sólo unos días para las fiestas o las navidades. 

           

viernes, 3 de mayo de 2013

LA CIUDAD "SOÑADA" Y SUS PESADILLAS



     Aunque atravesar el concurrido trayecto del Puente, costara un mundo a bordo de sus escuetas aceras y el burbujeo del ir y venir de inquietos visitantes, con revuelos de cámaras al aire abiertas al nunca bien ponderado escenario de nuestro universal abismo; sin embargo levantaba el ánimo, más que nada por si envuelto en ese aire de normalidad y bullicio de otros días más lisonjeros, y casi perdido ahora, llegara un respiro para la acongojada economía local.
      Balcones y miradores tan atestados surgían esta mañana de apacible mayo, que apenas había resquicio para mirar. En cierto modo, y es triste, alegra el no tener un hueco, cabida, en el de Aldehuela por donde, como en tantas ocasiones, dirigir nuestros ojos al indescriptible espectáculo de las rocas ornadas de verde, un milagro raras veces visto, con que peñas y peñascos saludan alborozados a la primavera este año. Soberbio sí, si a esa alba y esmeralda diadema que son fragor y  viviendas unidos, no la manchara con su pertinaz suciedad uno de los que fueron simbólicos monumentos nuestros, y que ya ha dejado de serlo: la Casa del Rey Moro. Que hay ruina dentro, ya lo sabemos; que necesita atención, qué vamos a decir; que hay desidia por parte de los propietarios y los que  debieran actuar ya, qué duda cabe; pero que ni siquiera podamos, como migajas redentoras de una mala pesadilla, darle una mano de pintura de cal o de lo que sea al edificio, para al menos no dañar el espectáculo del conjunto que lo rodea, eso no tiene nombre, ni dice nada bueno de nosotros como ciudad "soñada", a no ser que, como decimos, se trate de un horrible e interminable sueño, que no otra cosa es lo que nos aflige.

miércoles, 1 de mayo de 2013

UN POEMA TRUNCADO




          Trastornado e insufrible resultó abril. Algo debe estar fallando en el engranaje del tiempo, algún ajuste necesita la rueda de los meses para transcurrir como es debido y se espera de ella, porque no es normal esos altibajos, esa marcha hacia atrás y adelante, ahora frío ahora calor, ahora granizo, luego lluvia, tal un vendedor de géneros que en unos minutos muestra toda su variopinta mercancía, con ánimo de que alguno merezca la atención del comprador.
           Y no sabemos si mirar con buenos ojos al mayo que entra, porque esa exaltación del trabajo con la que se presenta, era miel y hojuelas cuando lo había; una diversión para un logro que se suponía conseguido para los restos y que como los amaneceres nunca nos faltaría. Ahora que es un mal, sin solución a la vista, surge lo que debía ser una fiesta, como un poema truncado, como un verso que se busca inútilmente, pero al que no se le encuentra ni el ritmo ni la rima.

domingo, 28 de abril de 2013

PANACEAS SIN CADUCIDAD




       En otras calendas más alejadas de hoy, cuando la medicina era de andar por casa y una minucia el conjunto de los medicamentos, los galenos, a los ricos, para males para los que no encontraban remedio, solían recetar, como panacea universal, "campo". Comprar una casa en su rural suelo para pasar temporadas, o alquilar en su defecto algo a la medida de su estatus, porque hasta en la riqueza hay escalones. A los pobres no, claro, estos ya estaban en él,  viviendo de él, roturándolo a golpes de azada y escardillo, mimándolo con su sudor porque era su pan. Y es de pensar, nos lo imaginamos, que no existía la contrapartida para los aldeanos, a los pobres de siempre, prescribirles "ciudad", por motivos obvios y porque las enfermedades inexplicables, atacaban más a los pudientes.
        Ahora que los doctores, sin doctorado, sólo de nombre, no lo recetan, para los que vivimos en ciudades, más grandes o más diminutas, el campo, a mano o no, sigue siendo tan terapéutico como ese remedio de precio exorbitante y de tantas contraindicaciones, -una peligrosa ruleta rusa en realidad- que te venden en las farmacias. Como el remedio, verdaderamente universal, no exige ni de horarios, ni de exactas administraciones como los otros, y es válido, a la par, con idéntica certeza, para cuerpo y alma, y la dosis no está sujeta a horarios, sino al que uno le apetezca, y tanto es buena una hora como diez, un día como tres, hoy una mañana de fresco abril, con cielos casquivanos ocupados con preñadas nubes en desvelar primores primaverales, P. y yo, hemos tomado el camino del campo. Nuestra ciudad es pequeña y el campo casi es un vecino de los de antaño, solícito, desprendido, comprensivo. La ciudad, en cualquier caso, es la ciudad, con sus vehículos, sus preocupaciones, otra cosa, un universo más desencantado, que encantado. 
       Y como almas, no en pena, sino en pleno éxtasis, casi levitando con el gozo, andando unos kilómetros hemos estado, porque no hay palabras para describir cómo unos meses de tozuda lluvia han transformado esta pócima milagrosa al alcance de todos, que es la tierra en su estado primigenio, cuando queda para lo que está mandado, sin otro fin que producir, con esfuerzo o sin él. Había tanta belleza, tantos inventados arcos iris rodeando olivos y almendros, gateando por muros y empalizadas, aupándose para dar los buenos días a montes y veredas, tantas alfombras orientales, que sin pensarlo ninguno de los dos,  sin acordarlo, emprendimos lo que de niños no hicimos: montar un edificio diminuto, nimio, si se quiere, pero esplendoroso de color y brillo, de flores de nombres que apenas conocíamos, de decenas de ellas,  todas y  cada una  vibrantes de tersura, de vida, de insuperable remate, perfección y arte.  

            
           


  

martes, 23 de abril de 2013

DE PAR EN PAR, TE ABRIRÉ MIS PUERTAS.




     Una vez más, amor, como ayer, como siempre, con viento y lluvia, con nubes y sol, con salud o enfermedad, al alba o al atardecer, con risas o lágrimas, con ansia y fuego te esperaré. Te abriré mis puertas de par en par, te daré refugio, hogar y asiento. Tú darás a mi mirada calor, luz a mis ojos, sosiego a mi inquietud, fantasía a mi tedio, y cientos de vidas para ser otro sin serlo, para unas horas soñar. Que te espero, con un temblor de renglones, con una avidez de blancuras y quebrados rumores, que tampoco hoy, como ayer, como siempre, mientras viva,  me dejes, amado libro.