viernes, 4 de febrero de 2011

Pandemonio de letreros




   Es de admirar, cómo la llegada del turismo masivo de los últimos años, las comunicaciones, empequeñeciendo el mundo y la dictadura de las franquicias, poderosas, han convertido a nuestra calle de la Bola, la íntima y familiar de otras épocas, cambiándole la faz, en un pequeño universo de denominaciones exóticas.
   Una invasión nunca antes vista, se han encaramado en las alturas de los comercios tradicionales, para
liquidar a los sonoros nombres hispanos de antaño e imponer su ley extranjera. La uniformidad, por desgracia, se adueña de nuestras ciudades, para gozo de los turistas de allende los Pirineos, que, por si la nostalgia de su país los hiere, a los británicos sobre todo, aquí se sienten a sus anchas, en un entorno de inscripciones propias,  y mensajes publicitarios, que más parecen dirigidos a ellos, que poco gastan, que a la población consumidora local y serrana, que es, en definitiva, la verdadera compradora.
   Entre este pandemonio de letreros foráneos, casi se nos escapa un suspiro de alivio cuando localizamos algún nombre de los de siempre, de los que anuncian: "zapatería tal, tejidos cual, o ferretería de fulano". Como la cultura de los idiomas y de su aprendizaje no ha avanzado en Ronda al ritmo de la invasión dicha, estos pocos nombres tradicionales que nos quedan, sirven al pueblo de referencia para precisar dónde se encuentran los comercios invasores de impronunciable ortografía y significado: "Sí, enfrente de los tejidos tal o junto a la tienda de fulanita...".
   El grave problema, nos tememos,  surgirá el día que no nos queden referencias a las que asirnos. Habrá que recurrir entonces a objetos y signos menos claros: una ventana, a un color o a una pared de especial tintura.

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