jueves, 10 de julio de 2014

ES VERANO


     El ardor de julio, no agobiante aún, pero persistente y con pocos ánimos de dejar lo que ha de constituir su residencia por una larga temporada, ya hace tiempo que dio un respingo de mucho cuidado a las morosas nubes de otras horas, que huyeron espantadas para que nada ni nadie y menos ellas, obstaculicen la visión de esos cielos difíciles de sostener con la mirada sin que te cieguen o te aturdan.
         Y ha vuelto de su cálida mano la intensidad sonora de diversos rumores de toda procedencia: de gritos de niños, de motos que pasan, de trinos de pájaros ocultos entre las ramas, o de la alocada marcha de raudos y lejanos aviones; y no es que todas estas sonoridades no existieran antes, incluso con mayor abundancia y estridencia; sino que la tozuda inmovilidad de la atmósfera, le concede un protagonismo que antes se perdía en el desenfreno de otro escenario.
    A plomo en ocasiones, pese a ser media mañana, adviene el silencio, espeso, calmoso, inimaginable por la hora. A poco tardar, sin embargo, lo traspasa, no muy lejos, voces de comadres que se cuentan cosas de siempre, sobre vecinas con las que no congenian, a las que envidian o no pueden ver, o con más insistencia sobre males reticentes a abandonarlas, que no hacen caso a remedios de doctores ni siquiera a los naturales, de añejas famas. Es verano.


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