viernes, 28 de marzo de 2014

IRISADA HERMOSURA LA DE LA MAÑANA



     Estas mañanas de incipiente primavera son una inescrutable caja de Pandora que, en su proceso de afirmación, todo alberga, todo cabe, y, quizás, en eso radique su mayor virtud, porque no hay inhibiciones profundas, ni monotonías que largo perduren, y sí, un despliegue excelso de cambiantes cielos, volatineras nubes, alocadas brisas y una como constante búsqueda de identidad de lo que ha de constituir la esencia de la estación.
   En ese escenario inaudito mientras nos quede algo de sensibilidad, la mañana nos dona con delectación de quien conoce el alcance insuperable de su propia belleza, incrustado en un hondón de impenetrables negruras, la asombrosa redondez de un arco que es dueño y señor del espacio




apoderándose del horizonte y de nuestro ánimo, más que nunca falto de palabras, de versos que
fluyan imaginativos, que mínimamente hagan justicia a tanto esplendor, a tan cromática e irisada hermosura.

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