domingo, 31 de marzo de 2013

SE VA UN MARZO TRISTÓN




     Entre suspiros de alivio de los que lo sufrimos en nuestras desvalidas carnes, agoniza marzo, un mes para no recordar, tristón, pusilánime,  encerrado en sí mismo y en su perenne y tozudo manto de lluvia, del que en contadas ocasiones se desprendió. Sin grandes esquelas de defunción, muy pocos llorarán su  despedida, y puestos a arrancarle un buen recuerdo, trabajo costará hallar qué contar, qué decir de él, de su brumoso transitar,  que no venga a ser lo mismo, esto es, lo dicho ya.
       Entre los muchos desaciertos de aquél, deben contarse los de haberle comido la moral a un abril que sin grandes prisas y menos ganas espera; al que consta como cierto, ha despojando de sus millares de aguas, de su humedad sin fin y de su hasta ahora inamovible jerarquía en un refranero sin edad. Perdido su norte y su nombre, habrá que estar atento a su actitud, no vaya a desbocarse,  que nunca es bueno andar sin rumbo por los impredecibles, anchurosos, engañosos y traicioneros piélagos de la vida, sin saber qué hacer, cuando ya no hay nada que hacer.  

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