martes, 8 de noviembre de 2016

SE DESMELENA EL OTOÑO

      Se desmelena el otoño con imprevisibles cabriolas, en un desperezo, no fallido del todo, por asentar sus reales. Rezuman abundancia sus alforjas, tan repletas y pródigas que jamás se ven vacías. Envió  su cálido aliento de otros días a secretos confines y como manadas de lobos hambrientos, llegaron sin avisar del adusto norte, cuchillos de acero toledano, a amargarnos nuestra preciada primavera, de las que unos se quejaban y otros gozábamos. A los armarios, largamente ignorados acudimos para oponer alguna resistencia a tan gélida afrenta del tiempo. Lo bueno es que aún el sol luce como meridional pócima, y despropósito de necios es seguir la senda de la sombra, por donde es invierno ya, y no la de la solana, donde es casi primavera.
       Más desigual y desesperanzada es la lid en el hogar, con la incertidumbre de si encender o no ingenios que dan calor, pero que despanzurran sonoramente nuestros ahorros. Acudir al socorrido brasero, no al  entrañable y laborioso de cisco de antaño, que eso son ya antiguallas que solo a las pobres gentes, las que todavía mueren atufadas por no tener otra cosa, sirven, sino al pulcro, mas también oneroso de estos modernos tiempos: es la mediana solución, aunque algún helor que otro nos acometa.¡Qué se le va a hacer!

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