domingo, 11 de octubre de 2015

INSONDABLE LANGUIDEZ



     En una languidez de persistentes ataduras se ha instalado una vez más la naturaleza. Una calma infinita fluye ahora, atenazándola, por ella. Ocurre en estos días de atemperadas auras, de perezosas nubes, de medidas y menudas lluvias que nada duran y apenas fatigan campos y calles con su mínima humedad, un dibujo informe que poco tarda en desaparecer, en los que los rayos de sol resbalan y no dejan huellas en nosotros, que algo de ese sopor en que todo anda inmerso, sojuzgado, dando vueltas, gravitando pesadamente, acaba por posarse no muy lejos de donde estamos, apresándonos también, que somos al fin y al cabo naturaleza. Y como en sueños, sin estar dormidos, amodorrados, contemplamos todo: a gentes, a árboles, montañas y cielos, con una sensación de estar aquí y no estarlo, de flotar y de no llegar nunca a donde íbamos, que, tampoco, por unos momentos fugitivos, sabíamos dónde era.

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