viernes, 16 de marzo de 2012

LOS OLIVOS ESTÁN TRISTES

      Para echar más leña a la hoguera de la melancolía en la que, actualmente, a casi todos nos arden algunas de nuestras ilusiones por mor de los actuales tiempos, un amigo me decía contemplando el campo y sus cultivos: "los olivos están tristes". Y ciertamente lo estaban, con menos prestancia en su modestia de árbol que da mucho y pide poco, y en el apagado brillo, que ya no era tal, de sus hojas. Es una fatal noticia, porque no sólo es tristeza del olivo sino de gran parte del campo, a quien como nunca le faltan males, ahora la de la pertinaz sequía tiene sumido en una depresión de las de aúpa.
      Es que se dice que no hay beneficio que no perjudique a otra cosa. Y este primaveral tiempo, más veraniego en realidad que eso, si es delicioso para viajes, hacer turismo, y pasear con la tranquilidad de saberse protegido por la calma de los cielos, es horrible para el crecimiento de las cosechas, el consumo del agua, el correr de los ríos y para nuestra propia naturaleza, habituada a las estaciones y a que cada una venga arropada con lo que se espera de ellas: lluvias, fríos, calores, por muchas molestias que den: otra cosa sólo acarrea daños a la larga, y esta sequía ya los está causando.

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