lunes, 3 de noviembre de 2014

ENTRE LA MESURA Y LA DESMESURA




        Entre la mesura y la desmesura, si es que no quieres verte zarandeado por vendavales de toda índole, de desconocida intensidad y desventura, habrás, Zaide, de ordenar tu vida. Entre mesuras y desmesuras, yace la esencia de tu sosiego. Mesura te será de suma utilidad para comer, para vestir, para beber, para comprar sin derrochar, también para dormir y divertirte, porque habrás de saber que no toda diversión es fuente de gozo, y muy reprobable si tu contento atenta contra la tranquilidad o buena fama de otros. Pon mesura, y que no te pese, en tu egoísmo, en tus desavenencias, en tus inquinas y reyertas, que sólo malos ratos y no falsas victorias pueden aportarte. 
        No es tampoco desequilibrio del espíritu, en ocasiones, la desmesura, si es que ésta la empleas en adorar a quien te ama; en consolar y socorrer con todas tus fuerzas y medios al que llora y sufre; en remediar de penurias y hambres al que nada posee. Ahí, toda desmesura por tu parte, todo esfuerzo por descomunal que sea para paliar desgracias, será poco, tendrá justificación y te hará sentir más humano, más sensible, más formando parte de una sociedad. Con mesura y desmesura. con calma y caos, de la nada, surgió el universo; con mesura y, en ocasiones, con desmesura tendrás que orientar tu existencia, si es que quieres hallar en ella cierto equilibrio, cierto sentido, a lo que, para ser sinceros, es arduo hallárselo.





  

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