lunes, 30 de enero de 2017

       UN ZURRÓN EN EL QUE CABE TODO

      En su manido zurrón de lo que va y vuelve, guardó su sonajero de cierzos y aguas tormentosas el padre invierno, nada más que para tararear su nana de soles y floridos azules. Sacaron pecho y vivas de gualda los naranjos, otra vez al descubierto. Y no es que huyeran del todo sus rigores y furores, que pronunciadas  y rigurosas son sus cuestas, que nunca acaban y siempre duran.
      Y en otras fragosas subidas, tan duras como las del invierno, asoman ya otras nieves, pero más dulces porque columpiando están esperanzas, que hasta la naturaleza, para no claudicar, en ellas se escuda. Un primor y un ahogo de no parar el de estos almendros de las laderas del Tajo. Se desviven por mirar al río, con un cauce de despertares de torrentes; su portentoso equilibrio de blancas flores, verde yerba,y doradas rocas es. Y un vacío y un llenar el corazón para uno, que no es de este mundo sino de un augusto sueño, el mismo que acuna una fogata sin fuego y un desvestir de fulgores  y de falaces nubes, porque solo humo son.

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