miércoles, 20 de noviembre de 2013

REFUGIO DE DIOSES



     En esos temblores de misticismo que de vez en vez te acometen, te preguntas, Zaides, sin son las religiones refugios de invisibles dioses, o si sólo lo que en ellas alientan es el inextinguible prurito de la Humanidad porque algo innombrable, omnímodo, sin fin ni principio, todo bondad,  exista y con él, tras la negra noche de nuestra segura extinción aquí,  la tácita promesa de un perdurable amanecer. Y de ser cierto esos temporales asilos religiosos, que en cuál de ellos se aposenta con firmeza ese Dios sin rostro, cada día más extraviado, más recóndito.

    Entiendo tus desasones y dudas que son las mías; pero del más hondo de los misterios, que, ojalá, algún día se nos desvele, ya que sería señal de que nos solazamos en amenos sotos en otros ignotos, placenteros universos, es deducible que no sólo cualquier religión es santa si buenas son sus doctrinas, dictados y naturaleza de sus dioses; sino que más lo serán si como antaño renuncian a castigos y amenazas y a derramar sangre en lid con otras. Si no te inclinas por ninguna, tu entendimiento y corazón te ofrecerán abundantes razones para el bien obrar. No hay mejor magisterio. 

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