lunes, 4 de noviembre de 2013

AL RITMO DE UN VOLUBLE OTOÑO



     Propuesto se ha el otoño no dejarnos adivinar cuál sea su intención, por dónde pretende acomodar sus pasos. Afinidades grandes guardan sus frías madrugadas y noches con un invierno que al acecho de su presa se diría estar. Rectifica a la mañana, casi con la amanecida, y recuerda que no hace tanto que enlazó sus brazos, sus brisas y melodías con la sangre y jerarquía de un verano agonizante; para confirmarlo nos saetea con soles y cielos que no son para describir y que mal engranaje aporta a la realidad del calendario.

    Similitudes podrían rastrearse entre esas extremas alteraciones del tiempo y algunas humanas conductas, que nos están llevando a los mismos umbrales del averno, bailando al son que tocan los poderosos, o, lo que peor aún sería, no siguiendo el camino que su conciencia le señala, sino el de un provecho fácil, traicionando los principios que por otro lado pregonan.

       Algo que raras veces acaece con el tiempo y las estaciones, que, más tarde o pronto, reconducen su senda, por muy inconstantes y volubles que antes nos parecieran.

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