De nuevo vinieron los fríos, bienvenidos sean, porque aunque andemos, como antaño, ateridos, más propios son de los días primerizos de marzo en que nos hallamos que no ese trastorno de la atmósfera caminando por terrenos que no son suyos, sino de monótonas estaciones. Y aterido, casi yerto, anda el país buscando no sé si presidente o dueño, porque luego que gobiernan lo creen suyo y disponen de él de su dinero y de las vidas y bienestar de los humildes hasta hacerlas trizas. Como con ese desgobierno y esas corrupciones a mansalva ya nos amargan la existencia, una hora y la siguiente, prensa, radio y demás medios de comunicación, insistamos en hablar del tiempo, que este, al contrario de los desvergonzados que roban, lo más que hace es mudar a su capricho y arbitrio, y con tantas cosas como hay de qué quejarse, no vamos a hacerlo por eso.
lunes, 7 de marzo de 2016
viernes, 4 de marzo de 2016
EXTRAÑA ESTACIÓN PARA SER INVIERNO.
A zancadas gigantescas avanza el invierno, por llamar a la estación de alguna forma, ya que lo que se dice de invernal tiene más bien poco; si acaso pequeñas vertiendo menudas gotas de su oculto poder, para que no olvidemos que aunque agazapado y como adormilado este año, aún existe, pues sólo fue eso lo de estos días pasados, un visto y no visto de gélidos soplos que duró lo que un suspiro. Si acaso, en realidad, sirvió para que en nada de tiempo comprobáramos lo que el invierno transporta en sus repletas alforjas, o lo que es mismo, aunque sabido sea: escarcha, heladas, nieve o vientos que muerden.
Exhibido fugazmente todo eso, volvemos a sentir y mucho los ardores de un sol que quema y hace buscar la sombra. Lo único que se nos ocurre, a tenor de la atmósfera de un marzo sin nubes en el horizonte, es que menudo infierno nos espera cuando llegue el estío, temible templo del calor.
martes, 1 de marzo de 2016
UN NOMBRE QUE AL ENGAÑO LLAMA.
Guerras y más guerras, tantas y de tan desmesurada crueldad y saña, que la humanidad tuvo claro que había que dedicarle un mes a ellas, porque el pan de cada día era partirle las narices al vecino, o al prójimo, como ser más cercano, y al habitante del otro lado de las fronteras de su suelo, más tarde, como más retirado; y cuando no, estudiar con todo detalle y certeza, cuál sería el momento idóneo para llegar a destrozárselas sin que los interesados se apercibieran. Algo que no sólo no ha cambiado con la modernidad y vaivén de los tiempos, sino que ha aumentado de forma tan obcecada y ciega, que diríamos no hay minuto, ni tregua que ese mínimo espacio dure, sin que con medios e ingenios destructivos a los que nada se oponen, al más impasible amargue la vida y cieguen la de millones de inocentes. Y andan los de siempre, no esperando, como antes, el momento preciso de acabar con su vecino, con su enemigo, sino con el mundo como planeta, cosa de lo que, cada vez, menos duda nos queda.
A marzo le tocó la china, sin merecerlo, ya que sepamos nada de belicoso le identifica, a no ser su nombre. Es, en cambio, el generoso guardián de la primavera, a la que nunca ha dejado de abrir las puertas de la estación para que expanda florecimientos y esperanzas de un renacer que debería servir de ejemplo para que fuera el del mundo, con ninguna guerra de por medio, que infinitas son y que solo a la desesperación llama. Un sueño imposible, desde luego, como suelen ser todos los sueños, que nos ilusionan pero jamás llegan.
sábado, 27 de febrero de 2016
SENSATEZ MÁS QUE LOCURA
Más que locura, como de común se le atribuye, creemos que febrero ha traído en sus entretelas una buena dosis de sensatez, recuperando a forzadas marchas y con hartas ganas algo que la atmósfera nos debía: un hurtado invierno, con sus aguas, sus vientos, sus heladas y sus fríos. Como una recién renovada hoja de cuchillos, de aquellas que los afiladores ambulantes de antaño, con su carrito, su rueda y su caramillo anunciándose por doquier, dejaban como nuevas, corta la brisa esta mañana a los pocos que con un valor que no es para contar caminábamos por las solitarias calles rondeñas. A ratos menguados nevó aquí, con un polvillo que revoleteaba sin saber dónde posarse porque no era granado, sino minúsculas briznas hijas de un invierno tardío, que más que nada vociferaban a pleno pulmón que una mudanza llegaba, y con profusa abundancia en las montañas, ahora mismo con cana y hermosa imagen, que con nieve o sin ella, nunca desentonan. Siempre fueron estas tierras, pese a la relativa cercanía de la costa mediterránea y atlántica, de suyo frías, que también en eso, siendo meridionales, nos diferencia de una ardorosa Andalucía; por ello, no es mala cosa recobrar
miércoles, 24 de febrero de 2016
TODO CRECE
Es de ver como todo crece, porque ya crecen, como si nada, como si fuera abril, rosas en el jardincillo de mi casa; y crece el mes, casi a punto de engullírselo el comilón del tiempo, siempre voraz; y le crecen nubes, comiéndole la moral, tan adheridas las tiene esta mañana, a la testa del siempre visible San Cristobal. Y puesto a crecer, tapan el Puente hasta no dejar ver las carcomidas piedras de sus añosos muros, ni sus balcones, cientos y cientos de orientales, con la última moda de sus enhiestos palos incrustados en sus móviles, como antenas que los moviera sin parar, y sin dejar de farfullar ininteligibles salmodias, para eternizar el instante. Con buen humor, asevera un amigo, que aquí al lado, en el mismo polígono, nos han instalado una fábrica de engendrar coreanos, que ni de noche ni de día para y que, cotidianamente, nos mandan a las cercanías del Tajo, ya creciditos, porque así salen, varios centenares de ellos. Esperemos que todos sean del Sur y, camuflado, no nos venga un advenedizo de los del Norte, con su bomba anexionada al tórax.
lunes, 22 de febrero de 2016
HA LLOVIDO BARRO. ¿UN AVISO?
Por extraño que pueda parecer, ha llovido barro estos días. Algún socarrón diría que puesto a llover y a no hacerlo como debiera, lloverá de todo menos agua, que es lo que debería y lo más procedente desde que el mundo es mundo o, al menos, desde que nosotros lo conocemos, ya para un buen montón de amaneceres.
Uno no descarta desde luego, una advertencia de los cielos, como previo paso a la descarga de una maldición, ni más ni menos como aquéllas tan bíblicas e imponentes que dejaban turulata a la humanidad. Hasta el color del lodo, que ha sembrado de una capa de rara impureza de motas y gualdas sendas nuestros serranos suelos,
es de un color alimonado, puro azufre, toda una señal para quien quiera verla. Como el que no se consuela es porque no quiere, pensemos que en otros lares no han de esperar maldiciones, que ya las tienen encima, desde hace mucho, y son bombas y misiles los que a todas horas les llueve.
miércoles, 17 de febrero de 2016
¡CARAMBA, PERO SI ES EL PADRE INVIERNO!
A su condición de voluble, verbigracia, de comportarse, como un chico malo, de forma sorpresiva e inesperada, se acogió, una vez más, febrero. Ni descartar, tampoco, que son o fueron, fiestas carnavalescas, óptimas para que cada cual, robara una identidad o se apropiara de una que no era la suya. Por todo lo dicho, nada extraño que el mes adoptara el papel que, en su momento, debieron, con todas las de la ley, asumir sus más agresivos hermanos, diciembre o enero, y se dejara venir de la noche a la mañana con una serie de invernales propuestas, gustara o no, cada cual más rotunda y penetrante, en las que no faltaron ni el granizo, ni su poca de cana nieve en la ciudad y en abundancia en las montañas serranas, y lluvia a cántaros, que son infinidad de estos los que son necesarios para apagar la aridez de los campos y que fluyan los ríos con seriedad y gozo en su travesía hacia el inmenso mar.
Pues, sí, caramba, es invierno ya, y no solo de nombre y calendario; y no deja de ser una fantástica noticia, porque si algo no debería mudar nunca para bien de la humanidad, es la pausada sucesión de las estaciones y la carga que transporta en sus abultadas alforjas, pero descargando su contenido a su tiempo y sazón, que otra cosa conduce a mayúsculas alteraciones y catástrofes, como últimamente estamos viendo. Loemos, pues, la llegada del Padre Invierno, que si bien lo tratamos, bien nos tratará.
domingo, 14 de febrero de 2016
ES EL AMOR
Es un magno desbarajuste de los sentidos alborotados, es un brinco del alma, que para expresarlo las pobres palabras huelgan. Es hablar con los dioses. Es reír con la mañana. Es correr con el viento. Es acariciar con la brisa.
Es galopar a lomos de vaporosas nubes. Es estar y no estar en el mundo. Es no añorar nada, no querer nada, porque es tenerlo todo. Es no pensar en nada más. Es un milagro, es un don, es la vida, es un despertar y un amanecer, es la fuente que te sacia y la luz que nunca se apaga. Es, cuando comienza, esperar horas por verla, y morir si no la ves. Es echar cerrojos a pesadumbres y abrir puertas a una plenitud, acariciar la eternidad en la que no estás solo, porque a tu lado ELLA y todo bien a tu alcance queda. Y es reconocerla, más tarde, en los ojos de tus hijos, o en la mirada y simpatía de tus nietos. Es el AMOR divino milagro, divino don.
viernes, 12 de febrero de 2016
EL GRAN TEATRO DEL MUNDO
Se celebra en estos días, Zaide, el Carnaval, animada y jubilosa fiesta, y a la que nada, llevada por los cauces normales de sana diversión, podría oponérsele, ya que en cuanto a prohibiciones, como tantas otras del pasado, su larga e injusta condena tuvo.
Sentado lo anterior, sí que resulta extraño ese afán universal, en unos días concretos del calendario religioso, por ocultar nuestra verdadera condición con disfraces de distinto signo, y en algunos casos, como si aquello a que aspiramos una vez a ser y no fuimos -grandes personajes o grandes villanos, también- pudiéramos serlo o aparentarlo circunstancialmente por unas horas. Una concisa representación, diríamos, del gran teatro del mundo, en el que cada cual le gustaría bailar a su gusto y no al son que le tocan, como de usual ocurre. Nos parece, no obstante, Zaide, abundando sobre lo mismo, que dado que todo el año la gran masa humana, con pocas salvedades, nunca prescindimos de la invisible carátula del disimulo para no mostrar lo que verdaderamente pensamos, más razonable sería, festejar unas carnestolendas en las que despojados de falsas apariencias y aditamentos, mostrarnos como realmente somos.
jueves, 11 de febrero de 2016
ABANDONANDO DISFRACES
Como en Carnestolendas andamos, aprovechó febrero la ocasión no para ponerse una careta, como es tradicional en estas fiestas, sino para desprenderse del disfraz de tiempo insólito que ocultaba su verdadera idiosincracia de mes invernal. Y a cantaros llovió durante la noche, y algún chaparrón de esos que empapan y calan con protección del paraguas o sin él, también vino a sorprendernos durante esta mañana. Había ganas de sentir el sonido del agua despeñándose desde aleros y balcones, y por muy imprevista y molesta que fuera aquella, fue tan bienvenida que ni un paso se podía dar por las calles. Aparte de los chinos y coreanos, habituales paseantes durante todo el año y a los que poco les da la situación de la atmósfera, buena o mala, ya que nunca interrumpen sus vagabundeos y chillidos, estaban las calles repletas de gente de la tierra e igualmente de otras tierras, pero hispanas. Y no cabe duda que no es parca señal, después de tantas noticias horribles con las que los medios de comunicación nos agobian noche y día, ver que el personal tiene ganas de emprender cosas, llámense estas comprar o sencillamente pasear con buen ánimo.
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