sábado, 12 de mayo de 2018


            CIENTO Y UNA ESPERANZA DE CAMBIO

          A la mañana gris, indecisa, de este sábado casi primaveral, le sobran ánimos, no obstante, para acoger a una verdadera multitud de forasteros hispanos, familias enteras, con abuelos, niños, tíos y vecinos, de muchas provincias y poblaciones, andaluzas o no, que no acuden con espíritu de turistas, por ser la ciudad ya conocida por ellos, sino el de contemplar, los más, a paisanos, a amigos o a amigas, o a  miembros de esas mismas familias que corren a pie o en bicicleta, por las tierras serranas, los ya clásicos 100 kilómetros de la Legión.
           Nos queda el desgraciado recuerdo de  la tenebrosa  fama que durante décadas acuñó La Legión, gestada durante los infaustos años de la Guerra y de la cruel dictadura que siguió. Es por eso, que con toda la placidez y agrado del mundo, hemos disfrutado en esta mañana de mayo, de la mudanza de los tiempos que ha conllevado también la de este Cuerpo de legionarios, lejos de cualquier guerra  que nos ataña, aunque  como humanos nos atañen y amarguen cada una de ellas, las de cualquier rincón del planeta. Un espectáculo gozoso el que nos han brindado unos miles de personas, que rondaban los diez mil, llenando de estandartes, color, jovialidad, jolgorio y sana alegría toda nuestra luenga calle mayor, la de la ola, de unos deportistas que no buscaban ni gloria, ni menos dinero, como tantos otros, sino sacarle a la vida, al paisaje y al compañerismo, lo que estos con pródigas manos ofrecen de bueno, que es mucho.

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