lunes, 23 de noviembre de 2015

A VUELTA CON LAS HELADAS, ESTA OTOÑAL.


     A lomos de este frío glacial que desde hace unos horas descaradamente nos invade, ha llegado también la primera helada de un otoño que, de presente, es puro invierno. Se ha hecho visible, antes de que el sol calentara, fuera de la ciudad en campos con la yerba trastocando su verdor habitual en un blanco lechoso, y en las calles en los coches, inesperadamente vestidos de novia, sin altares ni invitados.
      Casi al mismo tiempo han huido de la ciudad o han dejado de visitarla un gran número de forasteros, y a no ser por los fieles orientales, como de la familia por nuestras calles, a los que no importa ningún tipo de rigor y asiduos en todas las estaciones, se diría una ciudad sin turistas. Algunos mendicantes, algún artista callejero, los que, con tiempo estable acostumbran a llegar de otras latitudes, igualmente han desaparecido del corazón de la ciudad, donde asediaban en busca de limosnas o lanzaban al aire sus composiciones. La música de los que quedan, sendas acordeones y guitarras, sus notas, suenan en espacios otrora abarrotados y ahora horro de peregrinos, un poco nostálgicas, más sentimental y hechiceras que nunca.

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