martes, 18 de septiembre de 2012

SERRANOS, MUY DE MAÑANA, EN LOS CAFÉS




    Algunos de los que abandonaron una vez los pueblos de la Serranía, buscando más óptimas oportunidades en nuestra ciudad, se dan cita en el bar donde desayuno. En realidad, el dueño es también uno de ellos. Ejerce una especie de jefatura sobre los nombrados que acuden a su local en el que, por razones obvias, de lo que allí se habla, más que de sucesos de nuestra población, es de la vida y milagros de los pueblos que nunca dejaron, ya que no hay día o semana, tirando largo y en el más raro de los casos, que no se den una vuelta por ellos, empapándose de chismes, celebraciones y acontecimientos en el transcurrir de sus habitantes.

     A caballo, podríamos decir, pues, que pasan el tiempo, con  negocios o sin ellos, entre su lugar natal y el adoptado, como si ambos fueran lo que son, prolongación unos de otros; aunque la corriente fluya más de la Serranía hasta nosotros y no en las dos direcciones. No es mala forma de vida la suya: nostalgia de  su antiguo hogar y montañas no tienen, porque a un paso está el matarla. Ser pregoneros de lo que ocurre allí y aquí, en cambio,  como los antiguos contrabandistas, muleros y cosarias, es algo muy de la tierra y ellos, como si no hubieran pasado los años, o la venida de nuevas modas y costumbres,  a su modo lo siguen perpetuando, trayendo y llevando noticias consigo que no aparecen ni  en la prensa ni en la radio y menos en telediarios.

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