sábado, 19 de noviembre de 2011

MIL Y UN AÑO DE OLVIDO

                                                                 
      Mil y un año de olvido cuentan en el aciago acontecer de nuestra Serranía. Que esta mella, material y anímica, no fuera definitiva hasta dar al traste con su historia y urbanismo, se debe al carácter indeleble de su gente, más que a cualquiera otra razón que se busque.
       Que a similares borrascosos embates tuvo que hacer frente Ronda, como parte señera de ese jirón geográfico andaluz, tampoco es un secreto para nadie. Pero en este ancestral recuento de desdenes, sí que es anormal, a su vez, ese otro desinterés que nuestra ciudad ha mostrado por los pueblos serranos, cuando estos siempre correspondieron con una fidelidad admirable, animando nuestra economía y nuestras calles.
          Basta encaminar nuestros pasos, un día cualquiera, por ese suelo de fantásticos horizontes, de centenares de veredas que casi convergen con los cielos, para cerciorarnos que los rondeños nos equivocamos con no prestarle a la Serranía la atención que merece. En el pecado llevamos, desde luego, la penitencia, ya que es inmensa desgracia, privarnos de todo lo que ella nos ofrece, y peor aún que extraños vengan a hablarnos de su encanto, de su valía.    

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