domingo, 31 de julio de 2011

JULIO SE NOS ACABA

          Ha cumplido julio con su papel de mes estival que le asigna el calendario, destilando fuego y amasando sudores, y sin prisas, que es domingo además, anda recogiendo el mes sus cosas, que detrás, bulle su hermano menor,  con el que más congenia, agosto, encargado, ya con menor ahínco y furia de ocupar su trono y atribuciones y de recordarnos que la ardorosa estación en la que nos encontramos todavía le queda cuerda para rato. 
          Es tiempo el de hoy, y el que se nos viene encima, de dar la espalda al trabajo y a esfuerzos desproporcionados y, casi más por tradición que a veces por ganas,  rastrear otras orillas y otros predios en los que asentar nuestros molidos cuerpos y cumplir con el ritual del verano.
          Para los que por reveses de la economía o por otras causas, obligados quedan a permanecer donde todo el año estuvieron, el consuelo, como arma a esgrimir ante sus amigos,  de que tendrán abundante tiempo de asueto para gastar de mil maneras y que dentro de las familiares paredes de sus casas no se hallarán ni como huésped de los más sofisticados palacios.  

sábado, 30 de julio de 2011

CONCIERTO PARA UN SUEÑO IMPOSIBLE

                                                                       
          Una música creadora debió alumbrar el comienzo del mundo. Otra música, que no deja de sonar, de múltiples maneras y en incontables lugares del universo, ha de mantener en pie a nuestro planeta para que no se derrumbe. Ninguna de las artes llega antes que ella al sentimiento, al corazón, al alma de los humanos. Hay un mundo, diríamos, recorrido por la música, que es el de la paz, la concordia y otro en el que se echa de menos ese elemento espiritual que es la música.
          A este último mundo, de constantes altercados, de muerte y destrucción es al que pretende con la música como embajadora sentimental llegar Barenboim y cambiarlo. ¿Quimera de un soñador impenitente? Muy posible. Pero, entretanto, hasta su muerte, él seguirá batuta al aire, en cercanos o remotos escenarios, haciendo oír su melodioso e interminable mensaje, con su orquesta, en la que  no vibra más que los instrumentos alados de una concurrencia  de jóvenes artistas que, cualquiera que sea su nacionalidad, apuestan por la utopía de un mundo sin luchas.
          A Barenboim, el que con su varita quiere cambiar el curso del mundo, a la Maestranza y a todos los que lo han hecho posible, no cabe más que darle las gracias porque esta noche, en el ruedo de la Plaza de Toros de Ronda, vamos a sentirnos un poco portavoces de esa melodía arrebatadora que, en la paz, quiere englobar en uno al pobre y dividido mundo actual.


viernes, 29 de julio de 2011

VETUSTAS TIENDAS QUE SE VAN

          El verano, con sus riadas de forasteros husmeándolo todo, incluso lo de menos aprecio, siempre se ha considerado económicamente una buena época para subsanar pérdidas en la vida comercial, azotada por  inviernos menos fructíferos y apagados. Lo que es temporada alta en el ámbito de los hoteles y restaurantes, con subidas de precios, lo es menos en las tiendas apuradas incluso a incluir rebajas en sus productos para atraer a los visitantes, quienes curiosean mucho y poco adquieren.
         Cuando ni siquiera con el empujón de los veranos los comercios enderezan el rumbo e hincan la rodilla de la desesperación y claudican, es que su fin, el término de sus días activos, no importa cuan prolongado y antiguo fuera, se encuentra muy cerca.
          Heroicamente, con las mismas armas de siempre: el buen precio, sus céntrica situación,  el trato amable, la cercanía y el hablar con los clientes de cosas cercanas y comunes, parecían algunas tiendas vetustas, transmitiéndose generación tras generación,  capaces de resistir toda una vida; pero toda la vida es mucho, aun para las cosas que no están obligadas por  herencia biológica a envejecer. Su cierre, deja un regusto amargo de imprevista rendición, de David aplastado,  que lo es, al tiempo, de toda una fisonomía urbana propia, familiar, amena, diminuta, diversa y  poblada, muy distinta, en carácter y funcionamiento, a la invasión de impersonales y foráneas franquicias que las ha matado.   

jueves, 28 de julio de 2011

NO ES BUENO RUMIAR INSOMNIOS

         
          Cuando despunta el alba nos coge despiertos y en pie. La cama es un objeto apropiado para dormir, pero no para rumiar insomnios, fantasmas propios y problemas que el horizontal mueble agudiza. A esta hora, ensaya su inicial vuelo la mañana, acompañada de tímidos trinos y límpidos sonidos, que apenas son suspiros de un alba que se despereza. Son intensos los olores, el aterciopelado del jazmín y el recio del aligustre, que entran en oleadas por entre las rejas del balcón; un saludo de bienvenida, de buenos modales, de este amanecer quejumbroso, de blandos perfiles estivales y perfumado, enviándonos olores, colores y rumores que nadie turba, nadie viola.
          Tanta es la calma en que se mece la incipiente mañana, que acaba uno por quedarse inmóvil, resistiendo la tentación de ir a caminar, sin vehículos y sin caminantes, esperando que este gozo para los sentidos, sin centinelas, sin inquisidores, no acabe nunca. 

martes, 26 de julio de 2011

AMOR EN LAS PAREDES

                                                                 
          Hay cosas que en un mundo en constante mudanza, nunca cambian. Bueno, quizás sí. Puede que, ahora, algunas, sin cambiar en su esencia y fines,  para manifestarse, escojan los medios más peregrinos. En todo tiempo, por ejemplo,  el amor ha sido cosa de dos y, en sus inicios, un juego de secretos, de ocultación, de intimidades que no trascendían fuera de los propios enamorados, únicos portadores de un arcano de atracciones que a nadie importaba y en eso radicaba uno de sus mayores encantos.
          Un algo de ese secreto, pero también de adivinanza y, sobre todo, de descarada expresión, puede rastrearse en esa declaración de amor que, alguien, no tan anónimamente para quien lo conozca y sospeche las letras que faltan a su nombre, "M", dejó en las paredes de esta obra de nuestra calle principal. Sería el inolvidable recuerdo de un día que, suponemos, resultó apasionante, en el que recibió un sí a sus demandas amorosas, fueran estas cuales fueran. Una sola duda sobre su eufórico autor: ¿Enamorado o enamorada?, que todo cabe.
         
             

domingo, 24 de julio de 2011

ESFUERZOS QUE MERECEN UNA CONTINUIDAD

                                                                 
          Pasan los gobiernos de las naciones, de los municipios, y entran otros, con nuevas intenciones, nuevos proyectos. Se critica lo anterior, porque es lo más fácil,  lo de sus predecesores en el cargo. A veces con razón, otras sin ella. Es lo habitual. Posiblemente, muchas cosas se  hicieron mal, pero, igualmente, algunas buenas. No todos pueden entrar en el mismo saco de la inutilidad, del despotismo o de la prevaricación. En cualquier caso, craso error es prescindir de lo realizado con sensatez y entusiasmo, de lo que espera, al no estar acabado, una continuidad, un empujón, un esfuerzo final,  para bien de la ciudad. 
          Por este mismo razonamiento, me parece que carece de sentido abandonar ese proyecto de recuperar la bandera de la ciudad, la que tuvimos algún día y de la que hoy carecemos. ¿Si se han gastado horas, ilusión y dinero en ello, por qué no continuar, en vez de dentro de algunos años, cuando nada quede, comenzar de nuevo?

           Y, desde luego, qué decir de nuestro monumento más antiguo e ignorado, La Cueva de la Oscuridad, en el mismo corazón de nuestro urbanismo. Nos consta que estaban muy avanzadas las gestiones para su apertura, y que su dueño no pretende otra cosa que verlo en el catálogo patrimonial de la ciudad, habilitado para su visita y no rumiando el olvido de todos estos años. 

jueves, 21 de julio de 2011

ÁRBOLES CONTRA EL FUEGO ESTIVAL

          Con estos fuegos estivales que derraman los cielos, hay que ver el protagonismo que asumen los árboles, cuanto más frondosos mejor, ya que en proporción directa a la abundancia de hojas y ramas crece la espesura de su sombra y el solaz y refugio que nos proporcionan. Pero, desde luego, son otras sus funciones esenciales. La verdad es que nunca ponderaremos bastante el papel vital de los árboles, desde los que son meros objetos de ornamentación, como de los que dependen el medio de vida de pueblos enteros de nuestra Serranía; sin ir más lejos, castaños y alcornoques, por citar dos de los que abundantemente visten los escarpados terrenos de esta región. 
          Entre los que fueron creados sólo para deleite de la vista, una loa particular de admiración, siquiera sea periódicamente, debemos  al pinsapo, tanto por revestirse de una ancianidad que se pierde entre la eras de la historia de la tierra, a la que llegó antes que el hombre, como por enseñarnos formas indelebles de supervivencia. Así fuera de su suelo habitual, los altos riscos de la Sierra de las Nieves, también se han  adaptado a la vida urbana. Lo vemos en jardines particulares, más que en públicos. Ni el sofocante calor de los veranos actuales, pueden con ellos. Ejemplares como el de la plaza de García Redondo o la pareja de la del Campillo, son un primor. Por nuestra parte, tenemos un sueño: que, dada su fortaleza para sin apenas merma de su prestancia y verdor, arraigar en nuestro entorno más familiar, algún día los podamos disfrutar en número mayor, de diez, doce o veinte, cubriendo una avenida o formando un bosquecillo recoleto y distinto a cualquier otro. Es cuestión de años, pero, igualmente, de ánimos de perfección.
              

martes, 19 de julio de 2011

EL BOSQUE QUE TÚ Y YO SABEMOS

          Nada hay peor que la soledad y el viejo río también la sufría. Tierras y más tierras sin perfiles atravesaba desde hacía centenares de años, incansable, pero necesitaba de alguien a su lado a quien contar sus aventuras y viajes, y, más que nada, que le hiciera familiar y acogedor a la gente del pueblo, el más blanco y venerable de entre los que pasaba. Con él, entretanto, pagaba su malhumor y cada mañana al divisar su cercanía metía miedo con sus bramidos de matón de tres al cuarto. El pueblo, para evitar sus baladronadas, reculaba y reculaba cada vez más. Un día, a la margen diestra del río le nació un álamo. Desde el primer momento, el río lo consideró tan suyo que lo mimó y regó cuantiosamente aun a costa de abrir nuevos caminos a su curso.
          El Álamo creció y creció a una velocidad inusitada, tan exuberante y frondoso, que su sombra, de un verde de culo de vaso oriental, apresaba y teñía al río durante miles de metros. Una tarde, medio día, medio noche, la hora de los duendes, al tronco del álamo, color ceniza de chimenea moribunda, se dirigió una ardilla recelosa. Miró dando brincos que nadie la viera y trepó hasta su copa. Pero un niño que andaba perdido, la vio desde lejos e intentó imitarla sin conseguirlo: su tronco era demasiado abultado para abarcarlo con sus pequeños brazos. Para no olvidarse de ese día, sin embargo, con un clavo de cabeza rota y chata, que como un talismán guardaba en su bolsillo, grabó una espiral, con muchas vueltas y revueltas, a la altura de su cabeza, cubriendo al árbol. Se marchó luego ilusionado y contento, porque mientras rallaba la corteza, había encontrado el camino de su casa.
          Sólo horas más tarde, navegando por el río, en una balsa de duelas de tonel, porque venía cansado de volar,  llegó un pájaro de lo más extraño, con plumas que a cada voltereta tomaban un color diferente: ahora rojas, luego azules, después gualdas. Venía buscando al álamo. Al verlo, de su pico retorcido, ganchudo salió una melodía arrebatadora que le acompañó en su vuelo a la rama más poblada de hojas y más alta, casi tocando las nubes, del árbol. Era la casa que anhelaba.
          Pocas semanas más tarde, cuando el álamo era ya un condado de rumores divinos y la brisa los mecía como una madre, hasta su pie, sin darse cuenta, anduvo una pareja  de enamorados. Tan en otro mundo se encontraban, que no querían irse de allí. Al final, en el centro de la espiral que dibujó el niño, grabaron sus nombres, cada uno el suyo, y dos manos arrullándolos. Fue sólo el principio del bosque. Un bosque lleno de álamos, en fila marcial, impecable, que cubría hasta perderse de vista, kilómetros y kilómetros, la poblada orilla del, en otras edades enfurrañado río. Los nombres grabados en ellos, hasta el ultimo resquicio fue la causante de la extensión de un bosque y de unos mensajes que parecen no acabar nunca.

                          

domingo, 17 de julio de 2011

UN PIÉLAGO DE ASUNTOS.

                                                                          
          Tanto sol y tanto calor, estamos por decir, ablanda un poco el cerebro y apabulla la mente. Refugiados tras unos cristales de esos modernos que combaten todo, la atmósfera exterior es algo engañosa, ya que la saltarina brisa que riza el mar de toldos y de árboles, sugiere un aire fresco, lo que dista mucho de ser cierto: basta asomar el rostro fuera, para comprobar que son dagas ardientes, fuego estival lo que ese airecillo malévolo transporta.
         No es día de escapadas arriesgadas, ni de paseos extenuantes, con este sol de justicia. Sin embargo, allá vamos. El andar es recomendable, saludable, una pócima mágica para nuestras dolencias, (dicen todos),  cualquiera que sean las inclemencias. Buscamos las aceras en sombra, aunque haya que pegarse a las paredes para disfrutar de un resto de ellas. Y ahí nos quedamos, casi frescos, y con literatura mercantil abundante para distraernos un rato. Las paredes son estos tiempos que corren un piélago de anuncios, de ofertas, de ventas inmobiliarias,  de declaraciones de amor y también de temas novelescos, de engaños y traiciones. Encontramos uno que así nos lo parece. Por capítulos. No sabemos si habrá más, pero hemos encontrado los dos iniciales. Un tal Eugenio se ha apoderado de algo que no era suyo. Así lo asegura el autor del escrito. Ha mandado al traste con ello, un negocio que tenían a medias, que no daba para mucho, y menos cuando su compañero, en quien tenía puesta toda su confianza, se llevó el dinero de la recaudación. La vida da, sin duda, argumentos para muchas más novelas que las escritas. Todos reales.   

viernes, 15 de julio de 2011

BIENES PROTEGIDOS QUE SÓLO A BOBOS ENGAÑAN

          Las fotos antiguas se miran con mucho de nostalgia y un punto de amargura. En ocasiones, porque nos traen gratos recuerdos de momentos felices; otras, porque, por un instante, nos permiten ver cómo fueron  amigos o familiares ya desaparecidos y, siempre, porque son latidos de vidas robados a la eternidad. Cuando se tratan de las más alejadas en el tiempo, nos hablan de lo que perdimos en salud, juventud o prestancia.
          Las fotos desvaídas de las ciudades o monumentos de hace cincuenta, cien, doscientos años se contemplan con distinto ánimo, que en las que aparecen personas o seres queridos.  Nos alegramos de que calles, plazas, parajes y monumentos sigan estando ahí, cobijándonos como ayer, soportando nuestras  pisadas, como soportaron las de otros, sus gozos y desengaños, como los nuestros.
          Pero no siempre suele estar ahí todo eso, como estaba queremos decir. De las fotos que más penas dan son las captadas de nuestro abismo, del Tajo. De las comparaciones entre fotos de ayer y hoy, resulta un mundo de cambios, de degradación, de suciedad, de alteraciones que son agresiones, a su virginidad, a su encanto. Lo que tanto temíamos ya está a la vuelta de la esquina: la construcción de viviendas en la cornisa del Tajo. No importa el número, porque si ahora son una, diez, veinte, las que se construyen, dentro de nada serán cientos.  Y si un hotel, a poco habrá diez. Y lo que es peor: el proyecto se aprueba con la anuencia de todos.
          Y lo más digno de estudio es que el paraje del Tajo, es un bien protegido. ¿Cómo serán los que no cuentan con protección? Más bien diríamos que, fuera de eufemismos que a nadie engañan, protegidos y no protegidos son la misma cosa, la misma miseria.
         


miércoles, 13 de julio de 2011

A DENTELLADAS. HISTORIA DE UNA PLAZA

                                                                          
          Hubo un tiempo en el que la plaza de Carmen Abela, señalaba una línea fronteriza entre burguesía y pueblo llano, el de los sudores para ganarse la vida, vamos. No existían guardas ni consumos que marcaran esta frontera, pero signo del feudo de los más poderosos eran las casonas de buena planta, de dos y tres pisos, los más panzudos enrejados de cierros y ventanas y algún que otro escudo de piedra en las fachadas, con los que los propietarios querían mostrar su nuevo estatus. Más allá, calle la Bola arriba, de los Arrieros entonces, recordando el oficio general de sus moradores, viviendas humildes, de mínimas fachadas y planta,  preciosas; que nos prescindían de cierros y ventanas enrejadas, humildes pero con un aire de sencillez admirable. Alguna muestra nos queda para darnos una idea, de lo que el resto de la empinada calle, hasta Espinillos, la Estación y todo eso, era. Ver la que ocupa la  Joyería Camacho, por ejemplo.
          Era una plaza con unos habitantes y unos propietarios bien definidos. Si alguna vez los del pueblo se adentraban por allí, y es algo que hasta los años 60 vimos, era a pedir trabajo, casi siempre en masa, durante días, durante meses.
          Fuera de historias que, ahora, se nos vienen a la mente, la de Carmen Abela, en toda época fue una plaza señorial, con una talluda farola de largos brazos, señalando el centro lógico de su superficie, amplia y despejada. Eso fue antes, claro, de que los muchos que  pasaron por el gobierno del municipio, empezaran, no sabemos por qué, a darle dentelladas, a reducirla a su mínima expresión. Un trozo de superficie que no sólo ya no es el de una plaza, sino que el cruzarla, entre mesas y veladores que la ocupan cuesta un mundo. Perdida en fin.
          Se anuncia ahora su remodelación. Si se trata de devolverle su prístina prestancia, bienvenido sea el proyecto. Dios quiera que no haya intenciones de  darle otra dentellada. Sería, desde luego, la definitiva. 

martes, 12 de julio de 2011

CASAS EN RUINAS EN NUESTROS CAMPOS.

          Una casa arruinada en el campo, donde alguna vez se alzó airosa, es una afrenta a ese campo y toda una declaración de intenciones de los que hartos de trabajar toda una vida para morirse de hastío, acabaron por abandonarla. Una vivienda que allí se desploma, en pocas ocasiones vuelve a edificarse, y si lo hace será con otras intenciones, que no la de laborar la tierra sus ocupantes. El campo, pretendido caballo de batalla de los Gobiernos desde hace siglos, ha sido en realidad un socorrido titular que queda espléndido de cara a la galería en tiempos de elecciones, de los que con gestos y voces desmesuradas aseguran que el solventar su problema, el de los campesinos, es cuestión de días.
          Hoy, más que nunca, el campo, como medio de vida rural, agoniza en la mayoría de las poblaciones de nuestra región. Su producto económico, es la riqueza de monopolios y mafias  que lo comercializan. Si a alguien le queda alguna duda que vea cuantas y cuantas casas desplomadas se esparcen por nuestros campos. Todo un símbolo de una desgracia y de una situación, que no parece tener fin ni remedio. 
                                                          

lunes, 11 de julio de 2011

ESOS CACHARROS, AMIGOS DE NUESTRO SABER Y ENEMIGOS DE NUESTRO REPOSO

                                                                          
          A veces, busca uno para días de reposo lugares tan apartados que, aún sin salir de Andalucía, nos encontramos con que el móvil, esa chicharra que con sus berridos inesperados no deja de darnos sobresaltos o el obsesivo ordenador, nuestro virtual almacén de datos e ideas, nuestra otra mente, no funcionan, por muchos esfuerzos que pongamos en el empeño, cambiando de sitio o esperando un milagro tecnológico, pero estos, como todos, son de difícil acaecer.
          Al final, resignados, lamentamos, sobre todo, el haber cargado con ingenios que de momento resultan trastos inservibles y pesados en el caso del portátil; que sí que lo es, pero que a la hora de transportarlo no es liviano; y, asimismo, sopesamos las ventajas que de ello se derivan: volver a antiguos tiempos en los que los transmisores de nuestros pensamientos eran materiales estáticos, más en desuso ahora cada vez, como el simple papel y el lápiz o el bolígrafo, que ni necesitaban de enchufes, servidores, compañías, tarjetas, o velocidades de transmisión, todas gravosas tanto individual como unidas en su fin común de amargarnos la existencia.
          Y lo sentimos, cómo no, por los fieles seguidores de nuestras humildes monsergas y comentarios, aquellos que, muchos o pocos, nos dan ánimos para expresarnos, no sabemos si acertada, aunque, desde luego, sinceramente. Mil perdones, y desde hoy seguimos, dándole algo más de continuidad a este blog, que temas ni voluntad para sacarlos a la luz nunca faltan.
                                                                                                    

viernes, 1 de julio de 2011

JULIO Y SUS ARDORES

                                                                          
          Llega julio, con su turba demoledora de sofocos y sudores; pero sería injusto que no le dedicáramos unas líneas, porque como todos los meses y estaciones, (y aunque esta que nos castiga ahora,  sumamente ardiente,   sea de las que más nos fastidian a los que encontramos mejor acogida entre frías brisas), aportan equilibrio y vitalidad en su perenne rodar a la madre naturaleza, que de todo requiere para su soberana plenitud. Plenitud es el invierno y plenitud el verano, para referirnos sólo a las dos más extremas.
          De todas formas, diríamos, que es un verano, el que nos lleva fustigando desde hace unos días con imprevisibles calores, más tempraneros que nunca, de un tono nuevo, inusitado,  ya que  pese a sus rigores no ha sido capaz de agostar todavía ni a todas las rosas, ni de imponer su impronta de aridez en campos, collados y laderas, que continúan mostrando mucho todavía de lo que, no hace tanto, abarrotaba con fecunda prodigalidad su suelo. Para los menos aventureros, desde el refugio de un coche, de un autobús o un tren, le recomendaríamos echar una mirada a cuanto decimos, es barato y reconfortante con estos súbitos calores.