domingo, 12 de octubre de 2014

HERMÉTICO SILENCIO



     No hay silencio más hermético que el que encierra entre sus sutiles muros estas mañanas otoñales, indecisas en otras cosas, pero no en el de dejar caer, como una pesada carga, un callar de toda la naturaleza, en la que nada habla, nada respira, y una melancolía que no es tristeza sino tránsito, espera; o quizás, refugio para no perderse del todo apresado por esa inmovilidad, por ese imperceptible pasar.
     Como ha llovido con profusión y generosidad durante la noche, a ratos torrencial y ruidosamente, puede que la culpa de todo lo dicho la tenga el agua, impetuosa en su desplome, purificadora hasta la saciedad, barriendo lo barrido una y otra vez, hasta dejar exánime sin energías cualquier proceso de cambio, de movilidad, sin ganas de todo lo que no sea callar, no moverse. Nadie diría que son las ocho de la mañana, porque no hay luces, y sí ese enorme silencio, más bien noche cerrada y eterna, una que no acabara jamás.


viernes, 10 de octubre de 2014

DÉJAME QUE TE EXPLIQUE EL AMOR COMO YO LO ENTIENDO (PARA TÍ QUE CUMPLES AÑOS)


     Déjame que te explique, amigo Zaide, el amor como yo lo entiendo: en su punto de partida es algo difícil de definir, un cómo no me he dado cuenta de que estabas ahí, tan cerca y tan ignorada por mí; una punzada en el pecho y un desgarro de los sentidos, después; un estar y no estar en el mundo; un grito de sólo quiero estar contigo; un borrarse todo lo demás. Un cielo compartido ya para nunca abandonar; un pozo de donaires que no falte en la mirada, un destino al unísono que recorrer; un desfogue de risas; un pararrayos para las penas que se crucen; unos hijos que educar y adorar; otros hijos de los hijos que embobados, contemplar; un sin dar cuenta envejecer y pensar, y, más que pensar, creer que todo, todo, cuando se acabe el sueño, en algún lugar, aquí o allá, en un tiempo sin finitud, en el confín de las galaxias o en apacibles destellos de estrellas fenecidas o vivas, en inmarcesibles y amenos prados, como los que holló constante vuestro amor, pasen centurias o milenios, antes o después, alguna vez, habrá de continuar.


miércoles, 8 de octubre de 2014

AL ALBA, HUELLAS DE PISADAS.


     A nada que bostece el alba, con brochazos de claridades, menudean los visitantes de otras tierras que acuden a esta ristra de balcones simétricos, un gigantesco mirador en realidad, que con avaricia se apodera de un paisaje en el que todo cabe. Un visiteo que, después, con el desperezo de la mañana, se torna en clamor de voces y de pisadas, de peregrinos sin metas fijas, ni cayados, ni conchas, ansiosos por degustar el vértigo, la serenidad y, un poco, el inocuo temor que el escenario desprende y al que se entregan sin condiciones,
      En el rosado albero, fino cual molido trigo maduro, se estampa con generosidad, gráficamente, el testimonio de un peregrinar que no morirá  durante toda la jornada; más recortada ésta, cada vez, cada día, por las imposiciones de la estación y el incansable rotar de nuestro planeta. Son huellas fugaces, variopintas como la de los que impensadamente las dejaron, y allí quedaran, no por mucho rato, hasta que otras nuevas las aplaste y diseminen; es un muestrario en el que, por sus suelas, no cuesta imaginar el calzado y hasta un poco la naturaleza, el sexo y el grosor de sus dueños. A su lado, las de los que antes que ninguno llegaron, adelantándose a la amanecida: las nimias de volubles pajaritos, como menudas ramitas, apenas hacen bulto, pero por allí también andan. 


lunes, 6 de octubre de 2014

LUZ OTOÑAL



     Se decanta la mañana por engendrar luces. A borbotones caen sobre el grácil valle, sobre cerros y oteros, apenas el terreno comienza a elevarse. Inundan con harta prodigalidad donde mayor amplitud de acogida hallan, como son las montañas, a las que saca de su marasmo otoñal para arrancarlas perfiles, formas, casi para infundirlas algo de vida y movimiento y apretar más su cerco a la ciudad a la que de siglos ampara y vigila, con maternal complacencia y celo.
      En ciertas zonas, por muy en el corazón que de la población esté, es un acertijo diferenciar qué es campo y qué es ciudad. Y así, obviando tradicionales emplazamientos de rurales asiento, gatean las chumbares, en suicida escalada y avanzadilla, rosada miel y rosados óvalos, pese a las punzantes agujas, sus frutos, para mostrarse descaradamente urbanas, familiares, amigas. A ellas también las  transforma esa luz fulgurante, intensa, que no parece de la estación, pero que a ella se acoge para durar más, en un juego que no parece tener fin, mezcla de irrealidad y tibieza, de primer día de algo nuevo, aunque no lo sea más que dentro de uno, y por unos instantes, interminables, eso sí.




viernes, 3 de octubre de 2014

ENTRE EL CALLAR Y EL HABLAR


     Entre el callar y el hablar discurre como sereno e inagotable manantial la sabiduría del bien obrar. Lo sensato, pero complejo, es hallar dónde radica el equilibrio. Albedrío de la voluntad es usar a su conveniencia uno y otro ejercicio, sin alterar ni romper diques que luego no podrás volver a levantar; ni tampoco, desde luego porque no es bueno, aferrarse a permanentes refugios de árida soledad. Sociable es el hombre y para que no hubiera duda y tuviera conciencia de esa hermandad tan necesaria y cercana, concedida la fue la palabra, el verbo, facultad de dioses es, que no de animales, una cualidad más que por encima de ellos nos eleva. Sé, tú, Zaide, moderado en tus charlas y conversaciones, que no sean verborrea de gente ignara o mal criada,; y si no eres de esos, razón de más para que no ofendas a nadie que no pueda defenderse, por  estar ausente, de tus diatribas. Casi siempre el callar es de prudentes, pero no hasta el punto de no rebelarte contra las innumerables injusticias, que nos azotan, las mayores, a los que menos la merecen. Malsano suele ser todo poder, incluso, empleada a destiempo, y sin contemplaciones, el de la lengua desatada.


miércoles, 1 de octubre de 2014

MODESTA GALANURA DEL MES


      Modesto en su galanura es el mes, que no alardea, como otros bravucones congéneres,  de épicas grandezas de césares y áureas legiones de incontenible y victorioso caminar. A cambio de esa penuria, después de todo de efímeras glorias mundanas, él propone una dulzura de irisadas bonanzas, un universo de fogosos matices en movimiento, en transformación sin aparente desmayo, posado sobre la majestad de un reino de ensueños y presto, además, a iniciar en cualquier instante un perpetuo revuelo de hojas que, sin presente director de orquesta que lo modere y calme, van y vienen; o de luces mortecinas, de frágil existencia, que tan pronto nacen como agonizan. En este barrunte, en esta prevista catarsis de fantásticos monólogos naturales, que, salvo imprevistas hecatombes, a nadie   daña, lo mejor es agudizar la mirada, relajar la mente y, si no durante horas, aprestarse algunos ratos a ser espectador privilegiado de estas mudanzas, de este colorido, de esta enfervorizada pausa del tiempo antes de emprender mayores hostilidades, que no cabe duda que vendrán, a galope seguramente.



domingo, 28 de septiembre de 2014

EL NOBLE ARTE DE TALLAR LA MADERA


     La actividad cuando es placentera, porque entre otras cosas nadie te obliga a su ejercicio, aviva la mente, serena el espíritu y nos da arreos para luchar contra ese tedium vitae que en momentos de desaliento a algunos nos invade.
      Eficaz, diestra y hermosa pócima para ahuyentar cualquier tedio, nos parece el laborioso, arduo y sorprendente trabajo en talla que se expone en estos días en la entrañable Casa de Mondragón. Fuera de la admirable habilidad para manejar herramientas, laborando en nobles maderas, cuyo uso es cada día más minoritario, que distingue a los autores de las obras, cada uno con su personal toque e inventiva, en unas obras para las que sólo caben elogios, nos atreveríamos a añadir que en la mayoría de aquéllos, por sus venas, corre la atávica herencia de sus mayores, incluso del inconsciente popular,
de un arte esplendoroso, por el que, no hace tanto, nuestra ciudad gozó de justa fama. Si este feliz intento contribuye en algo para que no se pierda la pasión de antaño por ese arte, bienvenido sea; mucho más contando con que fueron mínimas las ayudas que estos modernos artesanos recibieron y que bastante más se haría con un aumento de ellas. ¡Ojalá que lleguen!

jueves, 25 de septiembre de 2014

LA MAYOR IGNOMINIA


     Te digo, Zaide, que este nuestro mundo, por los siglos de los siglos, hasta su extinción, fue, es y será el vasto teatro en el que con agridulce tempo se representa la misma tragicomedia de congojas y exaltaciones,  de lágrimas y risas, de sinsabores e irresistibles pasiones que a su antojo nos trastornan y zarandean. Por ver queda, cuáles de estas pueden atentar contra algo o contra alguien, contra nuestro prójimo o vecino de la tierra en la aventura de poblarla. Pecadores somos, y algunos de los pecados ajenos aptos son de merecer, por comunes, nuestra comprensión. 
      Pero también, te digo, Zaide amigo, que cuando a los demás dañan nuestras faltas, no tendría que haber ningún tipo de redención posible, de humanos o dioses, por magnánimos que sean, para quien levanta o provoca los abusos o los asesinatos de niños, ni para códigos que de alguna forma lo justifiquen, ni para gobiernos que bajo el nombre de guerras justas los alienten. Nuestra maldición para ellos, por la más cruel de las atrocidades que hoy se comete, que ya no es excepción sino habitual regla,  ignominia de brutos que al abismo de lo que no tiene nombre nos precipita.



martes, 23 de septiembre de 2014

SENTADO A VER LLOVER


     Llevábamos tantos meses por estos lares sin oír el acompasado toc-toc, la canción adormecedora del agua precipitándose desde las alturas sobre la ciudad y su sediento suelo, que es con algo de ansiedad incontenible, de tener otra vez entre las manos algo querido que nos habían hurtado, que uno se sienta sin hacer nada, ni pretenderlo, con otro ánimo que no sea el de sentirse enfervorizado espectador de ese desprestigiado espectáculo que es ver llover. Y es que antaño, no sé ahora precisar cuánto tiempo atrás, sí recuerdo que el santo televisor no era el mandamás de la casa, ni el pseudo ahuyentador de nuestro tedio, certeza era en cuanto el agua, tempranera o perezosa, pasados los fuegos del estío, o ya en pleno invierno, fluía redentora, feraz, latente promesa de floraciones y cosechas en ciernes, que miríadas de rostros, niños y mayores, absortos, de pie o acomodados en sillas, junto a las ventanas, dejáramos pasar el tiempo viéndola caer. Es lo que hago ahora, con la ilusión de entonces, mientras el agua forma nimios arroyos junto a las aceras, que más que correr, parecen manar de un asfalto que, a la más mínima tregua que dan los cielos, acaban convertidos en una hoguera de húmedos brillos y luminarias, en letra pequeña de esa irrepetible melodía que componen  hoy, para quien quiera escucharla, los cielos.

lunes, 22 de septiembre de 2014

EL VIAJE Y LOS AÑOS


     Tienen los viajes con el desbocado transcurrir de los años, ya atemperados los exaltados entusiasmos con que emprendíamos los de novatos, cuando unos de nada nos hacía sentir como pioneros explorando tierras ignotas, nunca holladas, del vasto mundo, un reverso del que antes 
 carecían; un regusto híbrido del antiguo y juvenil gozo, pero también la congoja que quita la miel de ellos. Es la miel la misma de antaño, la que precede a la excitación de descubrir algo inédito que pueda avivar las emociones del espíritu, dentro de ese incesante aprendizaje y descubrimiento que anima nuestra existencia. Las gotas amargas las pone en el viaje, al partir, esa idea, fugaz por fortuna, de que pudiera ser el definitivo, el de nunca regresar al hogar, la postrera despedida de todo porque nunca habría ninguna más. En realidad, es una queja sin sentido alguno, un timorato suspiro en un momento bajo de nuestro ánimo, porque nadie nos obliga a realizarlos.