martes, 19 de julio de 2011

EL BOSQUE QUE TÚ Y YO SABEMOS

          Nada hay peor que la soledad y el viejo río también la sufría. Tierras y más tierras sin perfiles atravesaba desde hacía centenares de años, incansable, pero necesitaba de alguien a su lado a quien contar sus aventuras y viajes, y, más que nada, que le hiciera familiar y acogedor a la gente del pueblo, el más blanco y venerable de entre los que pasaba. Con él, entretanto, pagaba su malhumor y cada mañana al divisar su cercanía metía miedo con sus bramidos de matón de tres al cuarto. El pueblo, para evitar sus baladronadas, reculaba y reculaba cada vez más. Un día, a la margen diestra del río le nació un álamo. Desde el primer momento, el río lo consideró tan suyo que lo mimó y regó cuantiosamente aun a costa de abrir nuevos caminos a su curso.
          El Álamo creció y creció a una velocidad inusitada, tan exuberante y frondoso, que su sombra, de un verde de culo de vaso oriental, apresaba y teñía al río durante miles de metros. Una tarde, medio día, medio noche, la hora de los duendes, al tronco del álamo, color ceniza de chimenea moribunda, se dirigió una ardilla recelosa. Miró dando brincos que nadie la viera y trepó hasta su copa. Pero un niño que andaba perdido, la vio desde lejos e intentó imitarla sin conseguirlo: su tronco era demasiado abultado para abarcarlo con sus pequeños brazos. Para no olvidarse de ese día, sin embargo, con un clavo de cabeza rota y chata, que como un talismán guardaba en su bolsillo, grabó una espiral, con muchas vueltas y revueltas, a la altura de su cabeza, cubriendo al árbol. Se marchó luego ilusionado y contento, porque mientras rallaba la corteza, había encontrado el camino de su casa.
          Sólo horas más tarde, navegando por el río, en una balsa de duelas de tonel, porque venía cansado de volar,  llegó un pájaro de lo más extraño, con plumas que a cada voltereta tomaban un color diferente: ahora rojas, luego azules, después gualdas. Venía buscando al álamo. Al verlo, de su pico retorcido, ganchudo salió una melodía arrebatadora que le acompañó en su vuelo a la rama más poblada de hojas y más alta, casi tocando las nubes, del árbol. Era la casa que anhelaba.
          Pocas semanas más tarde, cuando el álamo era ya un condado de rumores divinos y la brisa los mecía como una madre, hasta su pie, sin darse cuenta, anduvo una pareja  de enamorados. Tan en otro mundo se encontraban, que no querían irse de allí. Al final, en el centro de la espiral que dibujó el niño, grabaron sus nombres, cada uno el suyo, y dos manos arrullándolos. Fue sólo el principio del bosque. Un bosque lleno de álamos, en fila marcial, impecable, que cubría hasta perderse de vista, kilómetros y kilómetros, la poblada orilla del, en otras edades enfurrañado río. Los nombres grabados en ellos, hasta el ultimo resquicio fue la causante de la extensión de un bosque y de unos mensajes que parecen no acabar nunca.

                          

domingo, 17 de julio de 2011

UN PIÉLAGO DE ASUNTOS.

                                                                          
          Tanto sol y tanto calor, estamos por decir, ablanda un poco el cerebro y apabulla la mente. Refugiados tras unos cristales de esos modernos que combaten todo, la atmósfera exterior es algo engañosa, ya que la saltarina brisa que riza el mar de toldos y de árboles, sugiere un aire fresco, lo que dista mucho de ser cierto: basta asomar el rostro fuera, para comprobar que son dagas ardientes, fuego estival lo que ese airecillo malévolo transporta.
         No es día de escapadas arriesgadas, ni de paseos extenuantes, con este sol de justicia. Sin embargo, allá vamos. El andar es recomendable, saludable, una pócima mágica para nuestras dolencias, (dicen todos),  cualquiera que sean las inclemencias. Buscamos las aceras en sombra, aunque haya que pegarse a las paredes para disfrutar de un resto de ellas. Y ahí nos quedamos, casi frescos, y con literatura mercantil abundante para distraernos un rato. Las paredes son estos tiempos que corren un piélago de anuncios, de ofertas, de ventas inmobiliarias,  de declaraciones de amor y también de temas novelescos, de engaños y traiciones. Encontramos uno que así nos lo parece. Por capítulos. No sabemos si habrá más, pero hemos encontrado los dos iniciales. Un tal Eugenio se ha apoderado de algo que no era suyo. Así lo asegura el autor del escrito. Ha mandado al traste con ello, un negocio que tenían a medias, que no daba para mucho, y menos cuando su compañero, en quien tenía puesta toda su confianza, se llevó el dinero de la recaudación. La vida da, sin duda, argumentos para muchas más novelas que las escritas. Todos reales.   

viernes, 15 de julio de 2011

BIENES PROTEGIDOS QUE SÓLO A BOBOS ENGAÑAN

          Las fotos antiguas se miran con mucho de nostalgia y un punto de amargura. En ocasiones, porque nos traen gratos recuerdos de momentos felices; otras, porque, por un instante, nos permiten ver cómo fueron  amigos o familiares ya desaparecidos y, siempre, porque son latidos de vidas robados a la eternidad. Cuando se tratan de las más alejadas en el tiempo, nos hablan de lo que perdimos en salud, juventud o prestancia.
          Las fotos desvaídas de las ciudades o monumentos de hace cincuenta, cien, doscientos años se contemplan con distinto ánimo, que en las que aparecen personas o seres queridos.  Nos alegramos de que calles, plazas, parajes y monumentos sigan estando ahí, cobijándonos como ayer, soportando nuestras  pisadas, como soportaron las de otros, sus gozos y desengaños, como los nuestros.
          Pero no siempre suele estar ahí todo eso, como estaba queremos decir. De las fotos que más penas dan son las captadas de nuestro abismo, del Tajo. De las comparaciones entre fotos de ayer y hoy, resulta un mundo de cambios, de degradación, de suciedad, de alteraciones que son agresiones, a su virginidad, a su encanto. Lo que tanto temíamos ya está a la vuelta de la esquina: la construcción de viviendas en la cornisa del Tajo. No importa el número, porque si ahora son una, diez, veinte, las que se construyen, dentro de nada serán cientos.  Y si un hotel, a poco habrá diez. Y lo que es peor: el proyecto se aprueba con la anuencia de todos.
          Y lo más digno de estudio es que el paraje del Tajo, es un bien protegido. ¿Cómo serán los que no cuentan con protección? Más bien diríamos que, fuera de eufemismos que a nadie engañan, protegidos y no protegidos son la misma cosa, la misma miseria.
         


miércoles, 13 de julio de 2011

A DENTELLADAS. HISTORIA DE UNA PLAZA

                                                                          
          Hubo un tiempo en el que la plaza de Carmen Abela, señalaba una línea fronteriza entre burguesía y pueblo llano, el de los sudores para ganarse la vida, vamos. No existían guardas ni consumos que marcaran esta frontera, pero signo del feudo de los más poderosos eran las casonas de buena planta, de dos y tres pisos, los más panzudos enrejados de cierros y ventanas y algún que otro escudo de piedra en las fachadas, con los que los propietarios querían mostrar su nuevo estatus. Más allá, calle la Bola arriba, de los Arrieros entonces, recordando el oficio general de sus moradores, viviendas humildes, de mínimas fachadas y planta,  preciosas; que nos prescindían de cierros y ventanas enrejadas, humildes pero con un aire de sencillez admirable. Alguna muestra nos queda para darnos una idea, de lo que el resto de la empinada calle, hasta Espinillos, la Estación y todo eso, era. Ver la que ocupa la  Joyería Camacho, por ejemplo.
          Era una plaza con unos habitantes y unos propietarios bien definidos. Si alguna vez los del pueblo se adentraban por allí, y es algo que hasta los años 60 vimos, era a pedir trabajo, casi siempre en masa, durante días, durante meses.
          Fuera de historias que, ahora, se nos vienen a la mente, la de Carmen Abela, en toda época fue una plaza señorial, con una talluda farola de largos brazos, señalando el centro lógico de su superficie, amplia y despejada. Eso fue antes, claro, de que los muchos que  pasaron por el gobierno del municipio, empezaran, no sabemos por qué, a darle dentelladas, a reducirla a su mínima expresión. Un trozo de superficie que no sólo ya no es el de una plaza, sino que el cruzarla, entre mesas y veladores que la ocupan cuesta un mundo. Perdida en fin.
          Se anuncia ahora su remodelación. Si se trata de devolverle su prístina prestancia, bienvenido sea el proyecto. Dios quiera que no haya intenciones de  darle otra dentellada. Sería, desde luego, la definitiva. 

martes, 12 de julio de 2011

CASAS EN RUINAS EN NUESTROS CAMPOS.

          Una casa arruinada en el campo, donde alguna vez se alzó airosa, es una afrenta a ese campo y toda una declaración de intenciones de los que hartos de trabajar toda una vida para morirse de hastío, acabaron por abandonarla. Una vivienda que allí se desploma, en pocas ocasiones vuelve a edificarse, y si lo hace será con otras intenciones, que no la de laborar la tierra sus ocupantes. El campo, pretendido caballo de batalla de los Gobiernos desde hace siglos, ha sido en realidad un socorrido titular que queda espléndido de cara a la galería en tiempos de elecciones, de los que con gestos y voces desmesuradas aseguran que el solventar su problema, el de los campesinos, es cuestión de días.
          Hoy, más que nunca, el campo, como medio de vida rural, agoniza en la mayoría de las poblaciones de nuestra región. Su producto económico, es la riqueza de monopolios y mafias  que lo comercializan. Si a alguien le queda alguna duda que vea cuantas y cuantas casas desplomadas se esparcen por nuestros campos. Todo un símbolo de una desgracia y de una situación, que no parece tener fin ni remedio. 
                                                          

lunes, 11 de julio de 2011

ESOS CACHARROS, AMIGOS DE NUESTRO SABER Y ENEMIGOS DE NUESTRO REPOSO

                                                                          
          A veces, busca uno para días de reposo lugares tan apartados que, aún sin salir de Andalucía, nos encontramos con que el móvil, esa chicharra que con sus berridos inesperados no deja de darnos sobresaltos o el obsesivo ordenador, nuestro virtual almacén de datos e ideas, nuestra otra mente, no funcionan, por muchos esfuerzos que pongamos en el empeño, cambiando de sitio o esperando un milagro tecnológico, pero estos, como todos, son de difícil acaecer.
          Al final, resignados, lamentamos, sobre todo, el haber cargado con ingenios que de momento resultan trastos inservibles y pesados en el caso del portátil; que sí que lo es, pero que a la hora de transportarlo no es liviano; y, asimismo, sopesamos las ventajas que de ello se derivan: volver a antiguos tiempos en los que los transmisores de nuestros pensamientos eran materiales estáticos, más en desuso ahora cada vez, como el simple papel y el lápiz o el bolígrafo, que ni necesitaban de enchufes, servidores, compañías, tarjetas, o velocidades de transmisión, todas gravosas tanto individual como unidas en su fin común de amargarnos la existencia.
          Y lo sentimos, cómo no, por los fieles seguidores de nuestras humildes monsergas y comentarios, aquellos que, muchos o pocos, nos dan ánimos para expresarnos, no sabemos si acertada, aunque, desde luego, sinceramente. Mil perdones, y desde hoy seguimos, dándole algo más de continuidad a este blog, que temas ni voluntad para sacarlos a la luz nunca faltan.
                                                                                                    

viernes, 1 de julio de 2011

JULIO Y SUS ARDORES

                                                                          
          Llega julio, con su turba demoledora de sofocos y sudores; pero sería injusto que no le dedicáramos unas líneas, porque como todos los meses y estaciones, (y aunque esta que nos castiga ahora,  sumamente ardiente,   sea de las que más nos fastidian a los que encontramos mejor acogida entre frías brisas), aportan equilibrio y vitalidad en su perenne rodar a la madre naturaleza, que de todo requiere para su soberana plenitud. Plenitud es el invierno y plenitud el verano, para referirnos sólo a las dos más extremas.
          De todas formas, diríamos, que es un verano, el que nos lleva fustigando desde hace unos días con imprevisibles calores, más tempraneros que nunca, de un tono nuevo, inusitado,  ya que  pese a sus rigores no ha sido capaz de agostar todavía ni a todas las rosas, ni de imponer su impronta de aridez en campos, collados y laderas, que continúan mostrando mucho todavía de lo que, no hace tanto, abarrotaba con fecunda prodigalidad su suelo. Para los menos aventureros, desde el refugio de un coche, de un autobús o un tren, le recomendaríamos echar una mirada a cuanto decimos, es barato y reconfortante con estos súbitos calores.

martes, 28 de junio de 2011

ANTICUADOS, MOLESTOS Y PELIGROSOS PASOS A NIVEL

          Una de las formas de combatir el agobiante calor de estos días, es la de tomar el tren buscando, más que aires menos ardientes, un clima mesurado y  el espectáculo que desde  los propios vagones, tan confortables, se disfruta. Es innegable que la libertad e independencia que se pierde prescindiendo del coche, se compensa con otras cosas que no tienen precio: despreocupación y el deleite de un paisaje que por cualquiera de las salidas de nuestra ciudad es pura belleza.
          Sorprende, no obstante, tanto si se viaja en dirección Algeciras, como en la que va hacia Granada o Córdoba, pasada la salida, la agrupación de gente que, a poco, espera, forzosamente inmovilizada de repente en sus compras y paseos, la llegada del tren. Casi siempre, congregan más personas que las que en la misma estación se disponen a desplazarse por ferrocarril. Son los consabidos pasos a nivel, que hace años, cuando tras ellos no había más que descampados, a nadie estorbaban. Hoy, que una parte de la vida industrial y comercial, se expande por estas zonas, constituyen un inmenso trastorno para personas y vehículos, cuando no un peligro, por muchas barreras y luces que anuncien el inminente paso de un convoy.
          Muchos son los años que llevamos oyendo que su desaparición era cosa de semanas, de meses. Nos parece que, dado que en otras poblaciones cercanas  y más afortunadas, Antequera, desaparecen, debe ser cosa de insistencia, de mucha, de políticos y ayuntamientos ante los organismos pertinentes.

viernes, 24 de junio de 2011

PARADOJA EN EL GOBIERNO DE LOS AYUNTAMIENTOS

          Manifestación de nuestra condición humana es, creo, quejarnos de todo lo que nos rodea, tanto si nos va bien como si no. Pocos aceptamos el estado de nuestra economía, de nuestra situación en la sociedad, o de nuestra salud. Por muy floreciente que sean todas ellas, siempre anhelamos más, quizás porque vemos a otros más ricos, más guapos, más afortunados, más famosos. En fin, que la conformidad es cosa de tratados religiosos y ascéticos, pero no nuestra.
          Sin embargo, alguna razón nos asiste a veces, por ejemplo, cuando estos día de mudanzas consistoriales nos quejamos de las enormes deudas que atosigan a los ayuntamientos, que, como cabezas administrativas de las ciudades tendrían que ser un permanente modelo de organización y de gobierno de unas finanzas de las que sólo son custodios circunstanciales. Entre otras cosas, bien, muy bien, magníficamente, se les paga por este trabajo, al que nadie, tampoco les obliga.
          Más que nada, cuesta entender que cada miembro de los que componen los ayuntamientos, con estudios superiores o sin ellos, en la vida civil,  en la mayoría de los casos  tiene un cuidado especial en que sus cuentas domésticas cuadren: que mensualmente haya para pagar la luz, el agua, el gas -para que no los corten-, para vestidos, comidas y demás de los que comparten como familia el mismo techo y las mismas necesidades,  para no tener trampas,  para no  ir a la ruina.
          ¿Cuál es el motivo, entonces, de esa desidia, de esa despreocupación, de ese "a mi qué", cuando se trata de gobernar con equidad y cordura, como hacen en sus hogares, los municipios?  

miércoles, 22 de junio de 2011

LA PERFECCIÓN Y MISTERIO DEL UNIVERSO QUE NOS RODEA

         Dejamos pasar el día de ayer sin dar entrada a un comentario. Lo que, mirado desde un punto de vista práctico, parece una necedad, cuando fue el  más largo del año: quince horas y tres minutos de luz solar, nada más y nada menos; solsticio de verano y todo eso, con el sol, el mandamás de la tierra, y por lo tanto también el nuestro, un grado más en el orden jerárquico planetario, encaramado en lo más alto del hemisferio norte, por el que nos movemos.
           Una inmejorable ocasión, pues, para hacer cosas, aunque sólo fuera, en el peor de los casos, para rendir pleitesía, como antaño nuestros antepasados, reunidos en común contemplación,   a quien desde hace millones de años no nos viene fallando.  Y también motivo excelente de celebración, porque  igualmente a nosotros se nos dio la oportunidad, con actividad o sin ella, de exclamar: ¡seguimos en pie un año más, para meditar sobre la perfección y misterio del universo que nos rodea, cobija,  y a él nos ata! ¡Ojalá que indefinidamente!