lunes, 10 de noviembre de 2014

SER MÁS DE LO QUE SOY


    Quisiera, Zaide, ser más de lo que soy para, con cierta certeza, servirte de útil ayuda en esa búsqueda agotadora que ahora emprendes, inmerso en un mar de dubitaciones, inquiriendo quién eres, la razón, si la hubiera, de tu presencia en el mundo; si alguien desconocido dirige tus acciones y voliciones; si algo existe; si agotado tu peregrinar por la tierra, podrás, para no acabar en la nada más desesperante, más ingrata, acogerte a cualquier refugio, a cualquier reencarnación, aferrarte a algo que te sustente y te siga insuflando vida. 
     A mal lugar llamas y te diriges, porque tus dudas son mis dudas, tus temores los míos, tus malhadadas inquietudes y congojas, las que a mí me atormentan nada más ponerme a pensar en ello: me pierdo y soy un náufrago sin rumbo alguno cuando persigo la idea de si es de razón la existencia de un ser todopoderoso, omnisciente, omnipotente, que todo lo puede, que está en todas partes a la vez; que nada ignora, que ha creado cuanto vemos y cuanto no de ese ingente universo de impredecibles galaxias y sistemas de astros y superficies inimaginables que a nuestra mente aturden y obnubilan, dejándola exhausta, un guiñapo; pero, también, tantas crueldades inimaginables con niños y otros seres desvalidos, tantas sangrientas guerras, tanta ignominia y maldad como existe, ¿las podría contemplar sin estremecerse, impávido, tal Dios, tal todopoderoso ser?

jueves, 6 de noviembre de 2014

ABOCADO A UN FINAL


      Al veranillo del que hemos disfrutado estos días, un milagro inesperado para unos, una calamidad por extemporáneo y dañino para el buen proceder de cultivos y campos para otros, vinieron a engullírselo desapacibles tormentas y un frío de mil demonios, tanto más temible cuanto que su desproporción con los grados de bonanzas que cundían por entonces era considerable.
     Pensemos, con decepción o contento, defensores y críticos, que era lo previsible; no ya por estar fuera de lugar, sino porque por tener principio, como todo, salvo dioses y otros invisibles seres fuera del alcance de nuestras mermadas mentes, abocado estaba, más pronto o más tarde, a un previsto final. A esa humana multitud siempre descontenta, en cualquier caso, se encarga siempre de dar gusto la pródiga naturaleza; en esta ocasión a los que agobiados por excesos térmicos que no eran propios anhelábamos radicales mudanzas. Se aproxima el invierno y aunque nos guste, si por algo hemos de sentirlo es por ese sector de la población cada vez más numeroso que, mientras otros roban y se enriquecen hasta insospechados límites, ha de escoger entre mal alimentarse o calentarse, ya que su economía para nada más le da y son un abuso que no tiene nombre los precios del consumo de luz. 

 ¡Qué injusto mundo es el nuestro!

lunes, 3 de noviembre de 2014

ENTRE LA MESURA Y LA DESMESURA




        Entre la mesura y la desmesura, si es que no quieres verte zarandeado por vendavales de toda índole, de desconocida intensidad y desventura, habrás, Zaide, de ordenar tu vida. Entre mesuras y desmesuras, yace la esencia de tu sosiego. Mesura te será de suma utilidad para comer, para vestir, para beber, para comprar sin derrochar, también para dormir y divertirte, porque habrás de saber que no toda diversión es fuente de gozo, y muy reprobable si tu contento atenta contra la tranquilidad o buena fama de otros. Pon mesura, y que no te pese, en tu egoísmo, en tus desavenencias, en tus inquinas y reyertas, que sólo malos ratos y no falsas victorias pueden aportarte. 
        No es tampoco desequilibrio del espíritu, en ocasiones, la desmesura, si es que ésta la empleas en adorar a quien te ama; en consolar y socorrer con todas tus fuerzas y medios al que llora y sufre; en remediar de penurias y hambres al que nada posee. Ahí, toda desmesura por tu parte, todo esfuerzo por descomunal que sea para paliar desgracias, será poco, tendrá justificación y te hará sentir más humano, más sensible, más formando parte de una sociedad. Con mesura y desmesura. con calma y caos, de la nada, surgió el universo; con mesura y, en ocasiones, con desmesura tendrás que orientar tu existencia, si es que quieres hallar en ella cierto equilibrio, cierto sentido, a lo que, para ser sinceros, es arduo hallárselo.





  

sábado, 1 de noviembre de 2014

NOVIEMBRE Y SU MALHADADA CRÓNICA



        Desventuras mil se le acumulan a noviembre, el cual, malhadado, no sólo perdió sitio descendiendo en numérica jerarquía con el cambio de romano a gregoriano, sino que, además, le amargan la vida desde entonces, nada más comenzarla, con fúnebres celebraciones de difuntos que, puesto que ya fueron y hoy no son, bien quedarían en sus huesas y mausoleos, y no atizando para común martirio la conocida memoria de la decrepitud y finitud de cuanto se mueve.
             Así herido en sus tiernos balbuceos de recién llegado, el mes no levantará cabeza, y con un complejo que para qué narrar sobre sus espaldas, día a día, hora a hora, en numerosos predios, frondosas arboledas, ruborosos bosques o apartados retiros, dejará infinitos destellos de en lo que los hombres, la historia y la veleidad de los tiempos lo han convertido, tanto antaño como hogaño: en terrenales universos en transformación; en pasmosos declives de colores, texturas, crujidos y hasta de sueños que para acomodarse a esa marcha silenciosa pero de lo más firme del mes, nada más comenzar, también, a grandes zancadas, sin realizarse declinan hasta su extinción.

jueves, 30 de octubre de 2014

SIN ESTERTORES NI MAYORES ASPAVIENTOS


      A mejor vida, sin estertores ni aspavientos que llamen a arrebato se dispone a pasar un mes que de todo un poco tuvo; pero sobre todo dulzuras y bonanzas más afines a estaciones que ya quedan lejanas que  la que con buen ánimo, pese a epidemias y restricciones, recorremos. Lo cierto es que el sol, más que calentar apabulló en estos días con ardores que se jurarían advenedizos y raros, ya que, a estas alturas del calendario, un poco tendríamos que andar persiguiendo a los ígneos emisarios del astro rey, a sus luminosos rayos, y no evitándolos. No nos dejemos engañar, sin embargo, porque horas más frías y más destempladas encabritadas llegarán sin avisar, con más furia y persistencia que nunca, para hacernos pagar las actuales delicias de un impensado veranillo que, especialmente, agradecen foráneos y descamisados turistas; y es que ademas de a admirar paisajes y ancestrales vestigios, vienen con la mente puesta en eso: en empaparse, en bañarse, en sumergirse en un torbellino desatado de soles y mansas brisas, infrecuentes en sus remotos lares; otra cosa, sería un descomunal fiasco, por mucho que la ciudad les gane.

domingo, 26 de octubre de 2014

ES EL PAN Y EL COLOR EL CASTAÑO



        En la silente austeridad de los pueblos serranos, acunados por el aura de estos días otoñales, una inacabable madriguera de luces y bonanzas, reinan vigorosos con su apretada presencia los ancestrales campos de castaños. Sin ser vestigios de remotas edades, como ocurre con los bosques de pinsapos, difícil sería predecir con exactitud desde cuándo se encuentran por estas tierras; puede que, como se ha dicho, desde los años de la civilización romana, transportados desde la misma Italia. Un desafío al tiempo y al terreno, en cualquier caso, porque aquí quedaron y aquí con fuerza arraigaron en barrancos, pinas laderas, altozanos y en los sitios más inverosímiles, llenando abruptos horizontes y perpetuándose con una longevidad que es una pura bendición para los sufridos habitantes de tantos pueblos, para  los que viene, desde entonces, siendo más que miel y rosas: pan para todo el año, desde el ansiado momento en que por estas fechas, en un resucitado mercado medieval, todo se torna idas y venidas, recogida incesante del fruto, calcular las cosechas y preparar con amorosa solicitud, sabiendo lo que significan,  las cargas para su venta.

   

viernes, 24 de octubre de 2014

LA MÁS CRUEL DE LAS EPIDEMIAS



      Hipocresía, calle mayor del mundo la llamó Quevedo. Y es de ver cómo aquélla,  sale a la luz, se manifiesta en ocasiones pese a los impenetrables fondos en que se mueve, una de ellas en estos turbulentos tiempos que vivimos, ahora mismo. Tiembla Europa, tiembla América, tiembla el humano universo del bienestar, de la despreocupación
porque una epidemia que proviene de África pueda infectar a algunos de sus habitantes, y con ello a otro contingente mayor. Y, con su poderoso despliegue e influencia, en todos los medios de comunicación, en bares, parques o mentiremos no se habla de otra cosa que no sea eso: de las medidas que se han de tomar en los hospitales llegado el caso, comenzando por médicos y personal sanitario, en aeropuertos, trenes y en fronteras que tengan que ver con los centros malditos africanos de donde a pasos agigantados llega. ¡Que nada, ni por asomo, ni de refilón, toque a la pureza de nuestro bendecido y civilizado mundo, a nuestra diaria tranquilidad!
         Sin embargo, sin interrupción alguna, constantemente, años y años, días y días, como a nosotros no nos afecta, ignoramos, seguimos ignorando todos, no haciendo caso alguno, de que incontables millones de seres están muriendo de hambre, la más letal de las epidemias actuales. Que se halle lejos y que no sea algo que nos pueda contagiar es la mejor de las noticas para gobiernos y demás que, por eso, poco o nada hacen por remediarlo.

martes, 21 de octubre de 2014

ALAMEDA AL TAJO


      A esta Alameda de nombre del Tajo, con más propiedad debería llamársele Alameda al Tajo, porque aún considerando que sea propiedad del abismo, más que eso diríamos que pretende ser; mucho más, puesto que a él con impecable derechura y decisión se dirige, y en él se intenta precipitar. Y eso haría si ese muro, pardo y horadado por los años, y esa fila de miradores de hierro forjado no se lo impidieran. Y si no lo consigue es como si lo hiciera, ya que no existen murallas ni obstáculos que a la vista hurten esa visión honda e ilimitada que no halla más impedimentos que una danza de montañas en que la vista se sumerge, tras un éxtasis de luz y calma, y ahíta reposa.
       Con una brisa que no alcanza a ser viento, pero que tampoco para, hasta estos árboles que a los cielos tapan con sus frondosas copas, parecen bogar sin hartura camino del mismo inmaculado horizonte que su ancho suelo. Para más similitud, es un rodar de olas y de imperceptibles mareas las que van y vienen entre sus ramas y apretadas hojas, ya éstas, en indeciso y timorato tránsito de verdores que huyen hacia un mundo de colores y revuelos.

   

viernes, 17 de octubre de 2014

PREGUNTAS, ZAIDE, Y TE RESPONDO



      Preguntas, Zaide, que cuál puede ser, si es que existe, el oculto sendero que conduce, para no abandonarlo ya, a un permanente estado de felicidad.
     Tendrás que saber, antes de nada, que no hay caminos, ni veredas ni vericuetos, por muy escondidos y misteriosos que sean, que a ese estado, a ese don de dioses, lleven. Más que una palpable realidad, no es la perseguida felicidad sino un concepto huero, un sueño tan ancestral y antiguo como la presencia del hombre en la tierra. Si alguna hubiere, te aseguro que es tan evanescente y fugaz como el el leve rocío de los campos, que el primer sol de la mañana ahoga con sus rayos.
         Una tranquilidad de conciencia que te deje dormir, o lo que es decir, un bien y callado obrar, sin pedir compensaciones, a lo largo de toda tu vida; un amor a lo que se te ha dado y a lo que en verdad lo merece, no será felicidad, porque entiendo que ésta no existe; pero, a no dudarlo, te proporcionará cuanto el mundo, en rigor, puede darte, que, si bien lo miras, no es poco.


            


martes, 14 de octubre de 2014

¡APRENDIZ DE RIO¡ ¿QUIÉN DIJO TAL?


         Períodos de obcecadas lluvias tormentosas, como las que han hecho su aparición durante la noche, ofrecen sobrados argumentos para que, a la mañana que le sigue, el río, apocado y oculto hasta entonces, tire de orgullo, se desperece de su modorra y muestre unas de sus sonoras epifanias, dando un mentís a los que le consideran un aprendiz de sus mayores en caudal y recorrido.
          ¡Aprendiz de río! ¿Quién lo dijo? ¡Cuántos asedios, cuantos cataclismos, cuántas lágrimas, cuántas marchas triunfales, cuántas dolorosas derrotas, cuántas cosechas y mieses, no habrá presenciado a su paso! Mas transcurridas aquellas olvidadas edades, por si alguien le quedaba duda de lo que en rigor es, hoy como ayer, trueca su apagado rumor en un atronador zumbido que llega sin merma, sin diluirse ni quebrarse, vocero de su presencia, hasta los carcomidos pretiles del puente, su vigía,  desde hace unos siglos, su inquebrantable espectador; salpica agua cenicienta y espuma, ahora blanca, y contra las rocas su furia estrella, casi saliéndose de madre; no, es que se sale y desmadrado brinca en cascadas de inesperado desplome y altura. Todo en nada de tiempo y de acometida, por una superficie que no es extensa y sí de continua hosquedad y bronca, para después, puede que ahora sí, escondido del todo entre frondas y arboledas, asumir su lección de cómo llegar a su destino.