jueves, 12 de julio de 2018

      SE ASIENTA EL ESTÍO

      Se asienta en sus atávicos reales el estío, ni más ni menos, como haciéndolo viene por estos lares, para no ser hiperbólicos, desde que uno tiene uso de razón, que ya ha cabalgado el tiempo desde entonces, casi una eternidad terrena, que así podríamos denominar, con suerte, a lo que llamamos nuestra vida, a su curso, a ese que tan admirablemente comparó Manrique con el del caudal de un río, pues a parar iremos a ese oscuro piélago desconocido, enigmático, que para unos es un edénico traslado a otra existencia, y para otros un final absoluto, el sueño sin más despertares que los ya tenidos y gozados, pues verdadero gozo es contemplar la llegada de un nuevo día.
      Si algo es de loar y envidiar en ese equilibrado paso de las estaciones, es el milagro de no morir nunca que, con tanta exactitud, una vez y la siguiente, llevan a cabo, pues siempre espera un purificado renacimiento, un vigoroso despertar a este mundanal paraíso, el único, por ahora, con todos sus pesares y fatigas, -y que no nos falte- que conocemos.

lunes, 2 de julio de 2018

         DESEOS, QUE NO REALIDADES, PARA LA ESTACIÓN

        Con la vista clavada en el almanaque, se evade una parte de nuestra vida, esperando que el paso huidizo de las horas, de las estaciones, de los meses nos traigan un innominado no sé qué de lo que nos parece carecemos, o porque no nos basta lo que de ello disponemos; la otra parte, quejándonos amarga y reiteradamente de lo que entendemos es una situación, la nuestra, harto injusta para nuestros méritos, con creces mejores de los de otros que andan en el mundo entre risas y sábanas de caras texturas.
     No es enero, cuando se avanzan inútiles deseos para que nos lo conceda, siendo misericordioso, el año, sino que asentados estamos ya en el zaguán de este julio de cesares conquistadores, que, también, a su manera, al mando de unos ardientes meses nos va a imponer su justiciero reinado. Es por eso, que nos gustaría, un poco a destiempo, con particular capricho, pedir para ese ardoroso periplo que nos espera, por si alguien, dios, invisible espíritu o algo más allá de nuestra pobre comprensión nos escucha: en beneficio propio,  menos ardor en la atmósfera, perenne compañera y de taimados designios a veces; luego, no ansiar mas que el no perder lo que ya tenemos, ni el aprecio de los que ya en algo nos consideran, ni el amor de los nuestros, ni tampoco, como dorado colofón que todo lo anima, el sueño de soñar la existencia, pero viviéndola, amando lo mucho que tiene que amar. Y no sé si es demasiado pedir.

viernes, 22 de junio de 2018

     SOLO UN PENSAMIENTO DEBERÍA OCUPARNOS, DESPUES DE TODO

     Para día grande, en el inamovible calendario del tiempo, que con precisión y tino va consumiendo sus etapas, el de ayer, de antañonas celebraciones e historias de arcanos de pétreos monumentos levantados en su honor, cuando el año se partía en dos y el sol se regodeaba en lo más alto de su fogoso trono y la primitiva gente, con un conocimiento que no tenía nada de primitivo, saludaban la llegada de la estación, porque todo en ella, calor y rayos de luz, presagiaba vida.
       Uno lamenta, amordazado por las modernas y vanas corrientes de pedestre ignorancia que es el pan nuestro de ahora, que como otras muchas anodinas, transcurriera tan memorable jornada anual; teniendo bien en la memoria, que aparte de ese mágico desfile de geométricas luces, curvas,  hemisferios, inmovilidades y líneas que dibuja en nuestro horizonte el fogonazo del solsticio, a su  sombra, había más cosas que festejar, como sería, para los muchos que todavía andan arañándole minutos al día para llenarlo de algo más de sentido, que constaba como el de mayor duración del año, que, de ser juiciosos y no unos atolondrados, bien podríamos haber empleado, no en criticar por  harto sabida la marcha del país o la maldita corrupción que no para, o la femenil y constante humillación, sino esta vez, tratando de hacer un alto en el penoso caminar de las cosas, de la existencia, en dar un lavado a nuestro cerebro, por muy fugaz que este fuera, y dedicar todo ese longevo día a leer sin descanso, a pasear sin hartura, a devorar míticos filmes, o, a hasta la extenuación, dar cantando por bajines, cobijo a un exclusivo pensamiento: el de que un año más, un solsticio más, es la vida la que nos acompaña.

viernes, 15 de junio de 2018

          APRESTARSE ES VIVIR

       En nuestra fatigosa existencia, obligados estamos desde que nacemos a aprestarnos a algo: a andar, a correr, a comer, a soñar, a buscar trabajo, a tener descendencia, a buscar pareja, a reír y a llorar, y, terriblemente nefasto será el día que no nos aprestemos a realizar algo, a hacer lo que más urgente o conveniente sea en ese momento. Pasada una primavera sin historia, porque no hizo acto de presencia, desde hoy mismo, con un calor que nos saca los colores por su vigor, nos aprestamos a darle la bienvenida al que podíamos denominar un trasnochador verano, partiendo de la base de que trasnochar es cambiar la noche por el día, o, deshaciendo fronteras idiomáticas, situarse y explayarse donde todavía no se le esperaba.
         Si algo bueno tiene este cambio de roles, es el hecho de que, por una vez, naturaleza y humanos caminamos al unísono, persiguiendo un mismo fin, aunque usando diferentes senderos. Si a nosotros  con la sofocante presencia de estos tempranos ardores, nos toca guardar abrigos y sustituir pesadas prendas por las más livianas de nuestros armarios, la madre naturaleza pone todo su empeño en urdir umbrosos doseles, con densas frondas que, no solo anuncian la llegada de un nuevo orden atmosférico, en el que las sombras ponen cierto freno a la despiadada llegada de fogosos invasores, sino que al mismo tiempo proclama que es la mudanza y no la inmovilidad el motor del mundo, de la vida, por mucho que, a nosotros, en este proceso, nos vayamos dejando, pasito a pasito, trozos de ella.


martes, 5 de junio de 2018


       
          FUGITIVOS PARAÍSOS

        Con migajas de indiferencia y un buen trozo de curiosidad, asistimos en estos días, de una falaz primavera, para de alguna manera hacerla presente, los que no somos políticos, aunque en el fondo todos en diferentes estadios y grados lo seamos, a esa desmesurada lid de los partidos y de sus líderes por trocar lo que era apenas ascuas sin alma en fuego, el evanescente humo en vivaces llamas, por ganar voluntades y acumularlas a las necesarias, y, en resumen, destronar del poder a gobernantes poco dispuestos a abandonarlo, porque intención tenían de romper moldes y estadísticas, permaneciendo inamovibles en ese solio destinado a los que han de manejar los destinos de la nación.
      Como espectadores, aparte de esa curiosidad como ciudadanos por saber hacia dónde nos conduce un volcán, vomitando ya lava de frustraciones para unos y parabienes para otros, uno imagina, que es a lo más que por falta de experiencia podemos aspirar, la tremenda agonía, con ningún consuelo que la alivie, de esas crueles e interminables horas en las que los que mandaban se han visto desposeídos de un poder que que asumían tan suyo como eterno; en que se creyeron más que reyes dioses, desalojando sus históricos palacios, despidiéndose de sus legión de servidores, que a sus sucesores irán a servir, con lágrimas que son puñales diciendo adiós a esa paraíso que ahora, a todo correr, lejos de ellos escapa.
     

domingo, 3 de junio de 2018

        CIEN LUGARES, CIEN MANJARES


        Si las modas desde siempre nos esclavizaron para someternos a caprichos e insensateces que antes de producirse nunca hubiéramos pensado pudieran sentar cátedra, ni utilizar nosotros, miembros de ese sufrido, servil y zarandeado rebaño humano, de presente, con esto de la globalidad que a todos nos ha estallado ante nuestra narices con rapidez inaudita, el sometimiento ha adquirido, no solo en el vestir sino en todos los ámbitos, caracteres de avalancha, de invasión tan demoledora y poderosa que o la previenes y construyes por tu propio bien y tranquilidad murallas infranqueables, para que ese ejército armado de propuestas que por doquier surgen, en móviles, letra impresa y  sonoras ondas, o el desasosiego por estimar que no estás a la altura de lo que piden mil consejeros, mil pitonisas, que intentan influir en tus decisiones y modo de vida, te hundirán para no levantar cabeza en lo que te resta de ella.
         Una de las más recientes modas, que desde no hace tanto, marea de tanto verla repetida, de mil modos, es la de que te aconsejan, no sabemos si interesadamente o no, que antes de morir nos vendría como anillo al dedo,visitar tal indescriptible sitio, tener en el plato ante tí tal deliciosa comida, y,  no una sola, que eso sería quedarnos en el umbral de esa gloria que se nos promete: diez, un centenar de lugares, de ciudades, de alimentos con mítica aureola de monarcas gastronómicos serían necesarios para, antes de fenecer, alcanzar tu particular karma, tu preparación espiritual previa al definitivo adiós a este mundo falaz, que más plácido menos engañoso te será si cumples con tales propuesta, que, nos tememos, ocupando un terreno casi religioso, usurpándolo a la chita callando, se halla.
        Lo que entendemos, los menos listos, con la duda de si participar o no esa descomunal contienda a que nos empuja esta moda, es que ya que la muerte es una certeza que algún día a todos nos dará el definitivo mandoble con su letal alfange, si en bravo maratón capaz eres en vida de tener en tu agenda viajera, como recorridos cien parajes o saboreado otros tantos manjares, la muerte no será tal, sino una bicoca de ella. Bueno tampoco es nuestra intención desanimar a los que con juventud, ganas y el dinero suficiente están por la labor, que sería caer en idéntico pecado, que, perdonen, muy creídos, y puede que, sin ninguna razón, criticamos.

martes, 29 de mayo de 2018

          UNA ALBORADA Y UN BURGALÉS DE PRO.

          No canta el día, que no es de los mas luminosos, un tanto apagado y gris, no obstante estar algo avanzado porque las amanecidas son ahora muy madrugadoras y tempraneras, retando en su propio hogar a las sombras, a las que  sin ninguna consideración persigue y ahuyenta.
      Madruga uno también, que lo tiene por costumbre, casi pisándole los talones al día, al que siempre se le saluda con manifiesto respeto e incontenible alegría, tanto por estar vivos una jornada más como porque sin él, sin ese espacio por el que transitamos y trajinamos, mezquina sería nuestra existencia, que necesitada está de algo a lo que prenderse, de sueños, por muy fantásticos y utópicos que sean, para que el hecho de estar vivo no sea una paradoja, que el vivir sea algo consistente y no una inercia cargada de vacío, de huera soledad.
            Con la familia venida de fuera, aún en cama, comprensible porque son jóvenes y se acuestan tarde, la alborada, que ya casi no lo es, nos sorprende como debía sorprender a la gente del medievo, y es que Isidro García Sigüenza, ese prohombre que las tierras burgalesas, sin necesidad de reyes ni de reconquistas, ni de llantos, ni de cañones ni expulsiones, nos mandó para acá, empeñado anda el hombre en hacernos entender que aquí nació una de las glorias de las letras hispanas, que maldito sea el caso que le hacemos a su nombradía ,y a la de una de las obras más sugerente de toda la literatura clásica hispana, su Marcos de Obregón. De mínimo acólito, le sirve uno en algunos momentos, que ya que le gustaría ampliar esta pequeña ayuda a una actividad, la suya, feroz, agotadora, de divulgador de cultura o, a ratos, de arriero tragaleguas, que ya desde aquí Salamanca, pocas tierras quedan no holladas por él en compañía de su burra, que le entiende como si progenie suya y no asno fuera. 
               Decía que la alborada nos sorprendió, pues el incansable Isidro, en ropas de Espinel, a mi puerta se presenta, con dos o tres docenas de colegiales, a los que sacados de sus obligaciones escolares, ha puesto a cantar, coplas de su ingenio en alabanza del vate rondeño; coplas que muy bien pudo cantar y componer el mismo Espinel, que para ello era poeta y músico, y que sin desdoro de época ni momento, suenan a puro cielo en las gargantas infantiles, a las que con igual entusiasmo y destreza acompañan los instrumentos de dos maestras, a las que este inefable burgalés ha contagiado de su insaciable sed de divulgar,
,porque enseñando también aprende él, que no mucho le queda por aprender.
               Y uno que no sabe cómo agradecer este gozoso encuentro con la alborada, con los escolares, con las solícitas maestras y con ese burgalés de pro, pura vida, solo se le ocurre, para malamente corresponder, este aluvión de renglones, que no sé si a alguien interesará.

lunes, 28 de mayo de 2018

       LA HIJA DÍSCOLA DE LA NATURALEZA

      Como en incontables familias, igualmente la naturaleza tiene su cría díscola, una rebelde que no tiene horas para entrar o salir de casa y a la que por esas circunstancias de su carácter independiente, respondón y altanero no cabe seguirle los pasos; que aparece y desaparece cuando le da la real gana, que hoy chilla enfurecida y se encara con el más pintado y mañana no da señales de vida, y ni rastro queda de cuanto fue, ni de cuanto alboroto y algazara fue culpable.
        Con su níveo cortejo de nubes nimias, apenas una docena de ellas, en un idílico y doméstico panorama, apenas esbozando unas pinceladas de menudos algodones en un plácido y pacífico añil, muy encumbradas y en apariencia timoratas, pasando desapercibidas, ni el más soñador pensaría que en su seno guardan todas  las furias con que cuando menos se espera desahogan los cielos, su ira y reconcomio, presto a estallar,  más inesperado y desmedido. Hijas son las tormentas de la cólera del universo, que cuando menos se espera, estalla y en no en pocas ocasiones mete miedo con su poderoso despliegue de truenos, rayos y aguaceros. Como por aquí andan estos días, a contemplarlas y no a sufrirlas toca, que grandioso y no costoso es el espectáculo.


miércoles, 23 de mayo de 2018

DIAS LUENGOS

      Los días de mayo, con su fila de ordenadas y encadenadas horas, sumisas a lo que le manden, dan para mucho, porque infinitas son las luces que vagan por la ciudad y por los cercanos campos, desde un pronto amanecer hasta un tardío oscurecer. Días luengos, como una hogaza de las de antes, las de alimentar sin más a una familia de muchas bocas y ningunas perras. Son férreas corazas los días y feble papel de fumar las tinieblas de la noche,
      El sueño, siendo reparador, que no siempre lo es, también juguetea con la nada, casi un ensayo de lo que a todos nos espera, en un funesto vacío sin funerales ni llantos; pero desde luego eso prevalece en ese letargo: una no existencia. Puestos a elegir, lleva todas las de perder la noche y su cierta inactividad frente a esa explosión cerebral, física y espiritual que nos sostiene cuando estamos en pie.
       Por lo que de desgracia pueda ocurrir mañana, atémonos hoy a esa cinta de luminarias y primores y con festivo corazón, sin temor alguno, loemos a esas horas luminosas de días que nunca parecen fenecer, que odiosas y malvadas suelen ser siempre las sombras.


domingo, 20 de mayo de 2018

          MODOS DE TOMARLE EL PULSO A LA CIUDAD

       Variadas son las formas de tomarle el pulso a la ciudad. El que escribe, ama la tempranera, pujando el amanecer por sentar sus reales, o con la amanecida ya presente llena de sugerencias y  de amortiguadas luces, todo semidormido o esforzándose por desprenderse de ese sopor en el que transita y manda el sueño. No hay pregones de gallo, ancestral espabilador del día, porque escasos quedan en suelo urbano. Por demás, una ciudad aún dormida, o casi en vías de hacerlo, tiene la magia de  algo así como el de ser guardián de un secreto, del que solo sabemos que es feliz depositaria, pero del que nos falta conocer de qué clase es, cuál es el misterio que guarda en sus entrañas. Tal vez ese secreto, nada más sea ese tesoro espléndido, sosegado,  como el del capullo de una flor que está a punto de abrir sus pétalos y seducirnos con su belleza; y no es mala comparación, nos parece, porque de similar aunque metafórico modo, ahí están apretujados, como niños con frío, transmitiéndose calor unos a otros, calles, plazas y viviendas al amor de más altas prendas monumentales, templos, collados, montañas, con ese espectador que cuando le dejan nubes curiosonas de ese despertar, nunca falta: la inmensidad de los cielos.