viernes, 25 de febrero de 2011

UNA ILUSIÓN VIOLETA

                                                                               

    Violeta es una cualidad y un atardecer, una flor y una ilusión, un aleteo de cromados versos. Violeta es el nombre de la colección de poesía que edita desde hace algún tiempo el Colectivo Giner de los Ríos. Sus cuadernos con el sutil brochazo de ese sosegado color, son íntimos, recogidos, ligeros, intemporales, que podrían pertenecer a cualquier época o país, como metáfora de su continente y contenido,  de lo que la poesía significa en todas partes y de un formato y gusto que no ha perdido vigor con el paso del tiempo.
    Pero el librito, cualquiera de sus nueve números, es más que eso, bastante más: es la respuesta callada, el abanderado de una de las actividades más querida de ese grupo de entusiastas, que, desde el mundo de la cultura serrana, a veces con proyección universal, con un ardor digno del mayor encomio  nos viene dejando, año tras año, con una regularidad impecable, el testimonio material  de lo que puede obtener un esfuerzo común alejado de lucro, un sueño de todos. Porque el Colectivo es, por antonomasia, eso: una explosión de voluntades, de nombres, Manolo, Ani, Beli, Blanca, Diego o José Andrés, por ejemplo, no todos, unos en la sombra y otros dando la cara, remando al unísono en un proyecto que, salvando numerosos escollos, ya ha cumplido treinta años, una vida, y en ella el fruto maduro de un centenar de publicaciones, dando cabida a trabajos de todo tipo y autores, con especial dedicación a los de los pueblos que nos rodean, a los de la Serranía.
    Hoy que tan reacios somos al elogio, a reconocer valores, a apreciar lo bueno que hacen otros, a limitarnos, si decimos algo, al manido "interesante", como si el término, tan vago, fuera el culmen de nuestro idioma, quiero dejar aquí, mi aplauso ferviente, mi ilimitado asombro por una labor que yo si que reconozco y admiro.
   

jueves, 24 de febrero de 2011

VíSPERAS DE VIAJE.

                                                                                
    Sin duda, los años van moderando el ánimo que nos lleva a emprender aventuras, ya que no es sino una aventura sin parangón la que nos mueve a dejar por un tiempo determinado nuestros familiares lares y encaminarnos a  ver mundo, a descubrir nuevos horizontes. Uno con la imaginación todavía en pleno funcionamiento y el cuerpo no tanto, al igual que mi mujer, eterna compañera en ese prolongado y sensacional viaje que es la vida, se acoge a la protección de un grupo de rondeños más jóvenes que aprovechan los días vacacionales de la denomimada Semana Blanca para conocer algún país europeo. Atrás quedaron aquellos años en que no necesitábamos guías, ni hoteles ni comidas contratadas, ni ir integrados en grupos, que bien nos valíamos sin depender de nadie. Sujetos estamos a cada etapa vital y de asumirlo con buen humor depende nuestro bienestar, sobre todo el espiritual.
   Por todo lo expresado, antes, ciertos  amenazadores pensamientos, ni te pasaban por la mente. Como el preguntarnos ahora, ya en vísperas de dejar momentáneamente nuestra casa, nuestra ciudad, nuestra tierra, con una inquietud que hasta que las visicitudes del trayecto la devuelve al olvido, no dejan de preocuparte: ¿Y si fuera la última vez que veo todo esto que me ha rodeado siempre? ¿Y si no volviera más a contemplar el inefable paisaje de estas sierras¿ ¿Es que ya "mi viaje", más que iniciarlo se acabará definitivamente?
   Por suerte, no hay ni por asomo, como en la antiguedad, ningún presagio que te vaticine otra cosa que no sea un placentero vagabundeo de puertas afuera, con rostros amigos deseando echar una mano, si hiciera falta; todo previsto y programado, y la reconfortante  idea de que el mundo no acaba donde uno ha nacido, y que por mucho que quieras a tu suelo, aquél, nuestro planeta, también, se puebla de maravillas, y el contemplarlas un privilegio no al alcance de todos. 
  

miércoles, 23 de febrero de 2011

LA RONDA QUE RILQUE AMÓ

                                                                                       
   
   Paseando esta mañana, una soleada en la que da gusto perderse, veo relacionado con la venta de un piso, un cartel de quien la tramita: "Inmobiliaria Rilque". No sé si asociada a esta empresa o no, pero existen, creo, una constructora y una autoescuela del mismo nombre. En primer lugar, se me ocurre la poca imaginación que tenemos por estos lares nuestros, y que para negocios tan materiales y prosaicos no es muy apropiada la denominación, cuando existen tantas y tan llamativas, que no dañan al renombre de un poeta.
   Salvedad hecha de este personal juicio, son fechas, las que transcurren, muy significativas para evocar, siquiera sea brevemente,  la figura de Rainer María Rilke, porque nos ha dado tanto como nosotros a él, lo que no siempre ocurre, y porque un febrero, de hace ya casi un centenar de años, noventa y ocho exactamente, en 1913, fue el último mes de los que estuvo residiendo en Ronda.
   Más que soñar a nuestra ciudad, la intuyó en los dibujos y texto de un viajero holandés, Josef Israëls, que nos visitó unos años antes, dejándose llevar, tras leerlo, por las perspectivas que para su inspiración podía ofrecerla una naturaleza sin límites. Y de verdad que aquí la halló, a raudales, en cualquier dirección y sentido, aunque el verdadero descubrimiento fue, tal vez, el de la ciudad, no presentida, y a la que era difícil separar de ese entorno encumbrado y abrupto.
   Del Rilke contemplativo, el que miraba de hito en hito el paisaje serrano desde la ventana de su habitación en el hotel Victoria, o del imaginativo, escribiendo lo que le dictaba su hirviente inspiración, me quedo con el que exploraba la ciudad y los  senderos, que llevaban a ninguna y a todas partes; el paseante, sin un destino premeditado, abierto a recibir cualquier estímulo o mensaje de los numerosos que le ponía en su camino una ciudad sin vehículos  y sin aceras, porque no había necesidad de ellas; al igual que un campo y valle sin bardas, con el recogido eco de esquilas y voces de pastores, rompiendo mínima y melodiosamente el inmenso silencio  reinante.
  

martes, 22 de febrero de 2011

NOMBRES FIELES A LA HISTORIA

    De las barriadas de nuestra población, consta la llamada de las Casas de Hierro, como una de las más humildes y menos transitadas por los residentes en otros lugares de la ciudad. Su condición de viviendas baratas, ya implícita en la "protección oficial", que le otorgaba el régimen dictatorial de entonces, y que como una corona quedaba inscrito en sus fachadas,  aparte de fijar la característica de ausencia de lujos innecesarios, las condenaba a situarse en un terreno que, como en casos parecidos, señalaba el límite urbano de Ronda: la frontera con el campo o el descampado si se quiere. No muy atractivo, en cualquier caso, pese a su precio, porque nadie quería vivir lejos del centro comercial o monumental.
   Engullida hoy por otros bloques, edificaciones y barriadas, que se han ido añadiendo, sin moverse, curiosamente, en nuestra imaginación, ha ido ganando distancias, como si una fuerza desconocida hubiera contribuido con un descomunal empujón a un acercamiento al corazón de Ronda. Pero, más que nada, ha ganado orden, tranquilidad y recatado encanto. Calles como suspiros, pero abarrotadas de floridas macetas, de jazmines y celestinas en los recodos, de algún naranjo dando sombra y de faroles, aquí y allá, que adornan además de alumbrar.
   De todo, en un ambiente apto para el paseo, me quedo con el nombre de las calles. Sin excepción, de pueblos de nuestra Serranía. A ésta, por su fidelidad a Ronda, por su pareja historia y desengaños, por participar de la misma atmósfera, de montaraz naturaleza pareja, por su empeño de desprenderse de  impuestas políticas de  fronteras provinciales, le debemos desde siempre un homenaje; este que ofrecen los rótulos, recordándonos que existen, es nimio, pero ya es algo.

lunes, 21 de febrero de 2011

DE LAS MONTAÑAS SERRANAS NOS LLEGARON.

    De las montañas serranas y de sus escabrosas cimas  bajan en estos días crudos, remolones, con intención de quedarse, aguaceros, vientos o esa brisa helada que nos muerde el rostro. Es el invierno y hace bien con cumplir con sus obligaciones, porque, por muy molesta que sea su presencia, de su actitud dependerá, la estabilidad, mesura y buen funcionamiento de las estaciones que le siguen. El fragante verdor de la primavera, la vastedad del verano o el sosiego adormecedor del otoño. 
   De las sierras y de sus alturas más mareantes, también llegaron a Ronda, sin hacer ruido, algunos ejemplares de pinsapos, sus semillas queremos decir. Fue un traslado que entrañaba sus dudas, ya que el frío y la altura de su habitat natural duplicaban a los que iba a hallar en nuestra ciudad. Su respuesta y generosidad para adaptarse, sin embargo, ha sido meritoria. Aunque es más el interés por los rondeños que se asienten en sus jardines privados que contemplarlos en los de dominio público, así y todo los contados que crecen en algunas de nuestras plazas y rincones dejan mostrar el extraño encanto que desprenden su ramas, tallos, frutos y toda su geométrica estructura de árbol raro, distinto.
   Sobre todo ahora, en estos días invernales, se diría que es cuando andan avizores para captar,  empaparse de toda la gélida atmósfera, que les envían nubes, simas y deslizantes laderas, procedentes de un terreno que pueblan sus arbóreos congéneres. Seguramente, de este cauteloso aprovisionamiento, batido por una jauría de elementos adversos,  dependerá su fortaleza para seguir erguidos y verdes todo el año. Y que nosotros los veamos...
                                                                       

domingo, 20 de febrero de 2011

SECULAR ABANDONO

   La prensa de ayer sorprendía con la noticia, que refrendaban los altos cargos del ministerio y del gobierno andaluz, de un aprobado proyecto para Antequera, faraónico por sus proporciones y por la creación de empleos, unos siete mil. Un circuito, el más grande del mundo,  para probar trenes de alta velocidad, con una inversión de cuatrocientos millones de euros. "Innovación y prosperidad van de la mano", dijo una ministra.
   "Prosperidad y abandono, diríamos nosotros, en el limitado espacio de poco más de medio centenar de quilómetros, se dan la mano; pero lustrosa y satisfecha una  de su suerte, raquítica y pobre, la otra". Duele que por nuestra comarca ni pasen los proyectos, ni los euros, ni las inversiones. Nada nuevo, hoy como ayer, nada se ha movido en este aspecto. El secular olvido que no quiere dejarnos, tan enquistado está. ¡Santo cielo, cuánto cuesta por aquí construir sólo media docena de kilómetros de carretera, y no digamos emprender una nueva porque eso sería una utopía! ¡Cuánto clausurar unos pasos de ferrocarril! ¡Cuánto reparar una iglesia, un monumento en ruinas! ¡Cuánto limpiar un río! 
   Así y todos, ahora que hay votaciones en puerta, como estúpidos, volveremos a ilusionarnos, como otras veces, con promesas electorales,  que no tardaremos en comprobar dentro de unos meses que son inauditas porque nunca, ni por asomo, las veremos hecha realidad. Mientras, ciudades tan cercanas, tan parecida a la nuestra por situación y población, parecen tocadas de la mano de Dios: soberbias carreteras, AVE y lo que sea...

sábado, 19 de febrero de 2011

COLONIZACIONES

   No está siendo este febrero muy leal a su fama, ya que de demente, hasta ahora, ha tenido bien poco.  Más bien, se ha aferrado con tozudez a su carácter de invernal, sumiéndonos en una atmósfera en lo que ha privado ha sido el frío, la lluvia y los vientos desmadrados. Sí, como todos los años, en esta semana que termina, publicidad en escaparates, televisión y prensa, se encargaron de avisarnos del día de San Valentín, el de los enamorados. Una fiesta que nunca ha sido hispana, que  fue, quizás, el primer adalid que nos envió la colonización americana, la misma que está matando a la mayoría de  nuestras tradiciones y que acabará con las pocas que nos quedan.
   Como ejemplo de esa letal conquista que emprendió América hace algunos años, estas Navidades buscamos deseperadamente, en una búsqueda en la que impliqué a hijos y amigos, en Madrid y Sevilla,
(ya lo habíamos intentado nosotros en Ronda) encontrar una estampa, una imagen de los Reyes Magos, grande o pequeña, un almanaque, algo. El fracaso fue manifiesto: no existían más que los llamados Papá Noel. A grandes pasos, no tardará en merendarse el Halloween, por mucho que se celebre en la vìspera del día de los Santos, a nuestro Carnaval. Tiempo al tiempo.
   Aparte de no ser una fiesta española, en las tiendas de regalos rondeñas, al igual, me imagino, que en las de otras ciudades, sólo hemos visto el LOVE de la lengua inglesa, en grandes cantidades, colores y tamaños, impulsado, además, el latrocinio a nuestro sonoro e inefable AMOR, por esa gigantesca correa transmisora de fabricación china, que sólo entiende de negocios y no de idiomas.
   A la colonización de los americanos, tocándonos la fibra sentimental para la compra loca en determinadas fiestas instituidas por ellos, igualmente hay que culpar de no dejarnos ni siquiera la elección de amar a los que nos aman, novias, esposas, padres, hijos o hermanos, cuando queramos o nos apetezca: para esos están sus días, los que nos obligan a seguir como borreguitos.

  
  

jueves, 17 de febrero de 2011

DOBLE ESPELUCO

   El temblor inicial, se lo adjudica al cuerpo la gelidez de la mañana, sin humedad, pero con un ventarrón que transporta en su seno toda la nieve de las cumbres hispanas; el segundo, la habitación de espera de un dentista, en teoría, la sala de un edén, con un silencio apaciguador, recorrido sólo por una melodía angelical, tenue, casi imperceptible, adormecedora. Todo pulcro y ordenado. Carteles por doquier, con gente joven saltando llenos de júbilo, jugando con niños, mirando fijamente y mostrando siempre una sonrisa, tan deslumbrante como su dentadura. Los mensajes igualmente ayudan a pensar que hemos llegado a ese paraíso intuido antes: "Prestaciones gratuitas". "No te cuesta nada". "Ruta de la sonrisa", y así.
   No te fíes ni un pelo. No tardarás en comprobar que la cámara de tormento se oculta en la trastienda; que ésta, en cuando a dimensiones, para pavor claustrofóbico, se halla en proporción inversa a la sala de espera, y que apenas hay sitio para dejar el abrigo. El nimio espacio, lo acaparan objetos afilados, punzantes, extraños de forma; los brazos articulados; multitud de gomas de largas extremedidades y, esencialmente, el terrorífico y encumbrado potro de tortura. En él, ofician como sacerdotes del sangriento ritual, con una sonrisa tan estereotipada e hipócrita como la que esgrimen las figuras de los carteles,  espectros de batas tan blancas como las de los anuncios televisivos de lavados de ropa. 
    Lo más terrible de todo es que, pura indignidad, también vienen, sin remedio, a arramblar con tu cartera.

miércoles, 16 de febrero de 2011

AMOR AL TERRUÑO

   Antes de acometer cualquier tipo de sabiduría, conócete a ti mismo, decían los antiguos, ya que en tí está el origen de todo conocimiento. Un estadio posterior, o puede que precedente, sería el de conocer tu tierra, en la que has nacido, para saber dónde pisas, para aprender a desentrañarla, a amarla y porque igualmente, su aire, su clima, su entorno, suele moldear nuestro carácter. Fundamental, pues, también, para llegar a nosotros mismos.
   Eso hace, con insistencia, con veneración, con contumancia y destreza, desde años, que todo cuesta, el grupo rondeño de Pasos Largos: conocer la tierra, la región; más que a zancadas, como puede equivocádamente dar a entender su nombre, a pasitos cortos, sin dejarse atrás ni un ápice, ni praderas ni ventisqueros, ni cumbres ni cañadas, ni lo que ocultan;  escudriñándola, midiéndola, penetrándola, hollándola, abrazándola, seduciéndola, ganándola, que es labor de muchas horas, de incontables días y pisadas.
   Ni que decir tiene, que a la tierra, es necesario, cada día con más ahinco, defenderla de agravios. De Pasos Largos y de su actual líder, el infatigable y emprendedor Rafa, nos llega el mensaje de una marcha reivindicativa para salvaguardar el Tajo del Abanico, con caminos cortados que no permiten la entrada y basura para dar y tomar.
   Un espacio de belleza tan impresionante, merece otro respeto, el que se le va perdiendo. Mi familia y yo dejamos hace unos años de recorrerlo: muchas cancelas, candados, senderos cortados y perros sueltos eran obstáculos casi insalvables. Por eso ahora, no tengo más que aplaudir ese paseo, que será, pese a todo, un disfrute y una enérgica protesta. Tal vez a alguien se le mueva el alma y la escuche. 
                                                                         

martes, 15 de febrero de 2011

AZOTA LA LLUVIA.


      La mañana aparece enfurruñada, sin muchas ganas de bromas. Cae el agua con fuerza y un aire de poniente, del que nos trae la lluvia a cántaros viniendo a galope desde el San Cristóbal, contribuye a que los pocos transeuntes que veo desde los cristales, una maraña de gotas éstos ahora, se den prisa porque el paraguas no siempre es protección suficiente si el aire también, como está ocurriendo, es invitado protagonista.
      Ante la falta de perspectivas visuales, el ánimo, que con tiempo despejado se expande sin límites, se encoge esta vez, se hace más íntimo y opta por dirigir la mirada hacia dentro, a lo que tenemos más cerca, y lo que más a la vera tenemos es, por supuesto, nuestra casa, a la que en días soleados damos de lado, aunque con la certeza de que siempre estará allí, esperándonos, tardemos lo que tardemos, como sufrida y paciente madre. Y es curioso como, con los temporales del cielo, la casa, en especial la sala de estar, adquiere luces de espacio reconquistado, como si alguna vez hubiera estado perdido.
      Para disgusto de mi costilla, menos hogareña, que acepta a regañadientes, hemos decidido no salir hoy. Milagrosamente, no tenemos ninguna cita perentoria, ni con médicos, dentistas, oculistas,  hipermercados ni farmacias. Uno, imaginariamente, para no mostrar una desmesurada euforia, porque podría ser contraproducente, se frota  las manos, satisfecho. Un largo día para hacer cosas, porque en ese par de horas que se ganan renunciando a pisar la calle, se pueden recuperar un montón de actividades: recomponer ese artículo, escribir otro para la revista local, leer el suplemento cultural de hace unas semanas, contestar al correo de los amigos, comenzar el libro que nos espera desde hace meses o cumplir con nuestra familia, viendo las fotos que nos mandaron, sin visualizar todavía.
     Al final, son tantas las cosas que queremos emprender que, mientras la lluvia, que ya azota, no deja de caer, olvidamos hasta las de todos los días, las más habituales, aquellas que nunca, por nada, llegamos a  olvidar.