domingo, 10 de marzo de 2013
IMPREVISTO RAYO DE SOL
Con los interminables días de lluvia, cuando no parece que hubiera más mundos, más horizontes que los añorados, siempre queda el alivio mental de pensar en una pronta resurrección. En eso de mil veces morir y revivir, la naturaleza es un paradigma sin parangón, mostrándonos el sendero a pisar; porque al páramo sucede el verdor, a la sequedad el torrente, a la bruma el resplandor, el brote a la desnudez, la quietud al turbión, el calor al temblor. Esperar sin desesperar, tropezar y no caer, sonreír y no llorar podría ser el atormentando camino a seguir para volver a nacer.
sábado, 9 de marzo de 2013
DIAS QUE DEBERÍAN SER AÑOS
No nos gustan los días dedicados a determinadas reivindicaciones de personas o de estados naturales del ser humano, en las que todos estamos incluidos: el del padre, de la madre, de los enamorados, del niño... Tras ellos se mueve una propaganda comercial de consumo y unos beneficiados finales, a los que la celebración les importa un rábano, salvo que el dinero llegue en cuantiosos torrentes a sus gruesas arcas, y, asimismo, la frustración del que no puede regalar algo, porque su economía no se lo permite.
Jornadas como las de ayer, por eso, Día de la Mujer, suenan a regla, cuando deberían ser la excepción, ya que lo prescrito, lo obligado, lo sentido, tratándose del ser más sacrificado de la familia, en cualquiera de sus abnegados papeles, es no dedicarle un día, sino todos; no un recuerdo fugaz de unas horas, sino una actitud de permanente agradecimiento y veneración.
jueves, 7 de marzo de 2013
EL SAN CRISTÓBAL, COMO SUELE, AVISA
Esa roca de cima mordida y rala arboleda que es San Cristóbal, no sólo es una figura de netos perfiles en el horizonte de cintas redondas, montunas, de nuestra geografía serrana sino que, mayormente, ha tomado a su cargo, desde ancestrales y nebulosos tiempos, la infatigable tarea de asumir ser pregonero solícito, madrugador e inequívoco de nuestros días de lluvia. Todavía, en mi lejana infancia, cuando nadie tenía noticias de ello, recuerdo cómo embobada la clase atendía a las explicaciones de un sabio profesor que nos contaba que Grazalema era el lugar donde más llovía de España; no, como pensábamos y decían nuestros enciclopedias, en el lejano norte de nuestra patria, ni siquiera en la céltica Galicia a la que imaginábamos en perpetua inundación de aguas celestiales, noche y día, día y noche, tal diluvio bíblico.
Lo que no nos dijo el instruido profesor entonces, era que la mágica altura que daba el pecho a Grazalema, era, a la vez, para los que vivíamos a unas leguas de distancia, un sapientísimo instrumento de impoluta fiabilidad cuando de avizorar turbiones, de presagiarlos con horas de anticipación, se trataba. Algo más que agradecer a nuestra querida Grazalema, a la que tanto envidiamos, porque para lo bueno, ni siquiera los años, que todo lo parecen mudar, han dado al traste con sus calles floridas, enrejadas, fascinantes, de una Andalucía de siglos, que no quiere ceder; algo que cada día parece alejarse más de nuestra ciudad, en la que sí son frecuentes funestos cambios, cuando antaño en urbanismo, una era fiel y radiante espejo de la otra; y que no nos alcancen los que se avecinan, que vienen bien recomendados y con pródigo dinero para el reparto.
miércoles, 6 de marzo de 2013
LA MALDICIÓN DE LA LLUVIA
Se desparrama el agua en mil arroyos, sin medida, sin encontrar caminos propios, abriendo fosas, azotando el suelo con descomunal saña, ahogando las tejas pardas y rojas. Llueve como si llevara siglos sin hacerlo y de pronto toda la carencia se despanzurrara de golpe, trocándose en miríadas de hebras, gruesas como esquejes, con ansia de rebozarlo todo, de empaparlo todo, de hundirlo todo en un inacabable reinado de gotas que saltan, culebrean, viran y se estrellan contra lo que Dios quiere.
Nos gusta el espectáculo de la lluvia, incluso esta frenética que, a la larga, es vida y pan y gozo para los campos. Pero uno la contempla caer al resguardo de un techo, de una seguridad, contra los embates de la naturaleza. Sin querer, el pensamiento se desliza hacia los que no tienen hogar, en los que lo tenían y lo perdieron, y lo están perdiendo todos los días; y entones, este escenario de la lluvia ya no es tan vivificador, tan estimulante, y una pena grande, que no remedia nada, que no sirve para nada, porque nadie somos, nos invade; y la lluvia suena ya como una maldición, de bendición que era.
martes, 5 de marzo de 2013
PARA ELLA EN UN DÍA DE LLUVIA
Para tus días sin soles, para tus noches sin luna, para tus sueños sin hadas, para tus pasos sin norte, para tu tierra sin flores, para tu frío sin fuego, para tu dolor sin remedios, para tus penas infinitas, para tus años sin grano, para la lluvia sin techo, para tu angustia y tu llanto, para tu libro sin letras ni estampas, para tus cielos azabaches, para tu horizonte sin mundos, para tu casa sin risas, para cuando pincha la aguja del recuerdo, para cuando el mal se despereza, para cuando todo es ansiedad, abismo, sed, angustia, añoranza de tiempos idos, te guardo yo, alma mía, mi amor.
sábado, 2 de marzo de 2013
ESA DESOLACIÓN
Por las puertas del invierno, descaradamente de par en par, se nos ha colado un marzo sin obligaciones de momento, ya que las suyas, las de ser bastión de temporales de agua y nieve, se las dejó cumplidas hasta la saciedad un febrero tan casquivano como de costumbre, pero pasado esta vez de frenos a la hora de tensar la cuerda del frío.
Si la naturaleza suele cambiar sus leyes a capricho y darnos agua donde esperábamos sol, o a la inversa, poca mudanza hay en lo que respecta a la de los hombres, cada vez más empecinados en torcer las cosas más de lo que están. Calles vacías, comercios que las acompañan en esta terrible soledad, que nadie quiere ni a nadie beneficia. Ni mendigos quedan, con esta desoladora atmósfera, que ya es decir; y del único que se aferra a sacar una miseria tocando en lo más alto de nuestra calle mayor, su acordeón que debería alegrar los ánimos, suena con una tristeza que no es más que el eco en el que palpita ese vacío de honda desesperanza.
jueves, 28 de febrero de 2013
FEBRERILLO DEL ALMA MÍA
Un febrero mariposón como nunca, se ha puesto de canos tiros largos para dar el portazo a su reinado, breve pero intenso; con un poco de todo en sus alforjas andariegas, las mismas que le permiten calmar una sed insaciable de cambios y transformaciones, que le vienen como anillo al dedo. Despedidas hay que perduran, y ésta de hoy, de un albor que hacía tiempo no veíamos, por doquier, da vida, paradójicamente, a una mañana sin vida, tanto por la festividad del día en nuestra abandonada, olvidada tierra, como porque el amanecer, sin coches, sin paseantes, pero con divina luz, arremete contra todo para dejarnos sin aliento, más por la belleza montuna, sin parangón con otras cansinas, que por cualquier otra razón. ¡Buen adiós, febrerillo del alma mía, que ahí sigues sin cambiar de camisa ni carácter!
lunes, 25 de febrero de 2013
EL UTÓPICO SUEÑO DE UN RIO
En estos días en que frío y sol se enzarzan en una lucha sin cuartel, a ver a quien le pueden más las fuerzas, nadie parece acordarse ya de los precedentes, de intensa lluvia: nadie salvo el Guadalevín, que mete tanto ruido, en un intento de ser tenido en cuenta, como si las tripas de la ciudad fuera. Hay añoranza de la ciudad en el río, a la que sólo cató en sus comienzos, cuando apenas era un arroyo de nimia corriente. Quisiera subir ahora, en épico brinco de espuma, gateando por rocas que son esmeraldas hasta donde aquella se encuentra; ser uno más entre todos los que conviven en ella. Vano sueño de siglos, el de desviar su camino hacia el mar, el de ser más alpinista que canto rodado. Para avisar de su presencia, para que le echemos una mano, aun varios días después de haber cesado la lluvia, el Tajo es todo río y copla, un rumor que no se detiene, que a poco que se ponga atención y oído, clama y llama por ese imposible encuentro en las alturas; una utopía más la imposible cita, una entre tantas a las que nos tiene acostumbrados este escenario de ensueño.
sábado, 23 de febrero de 2013
PENSAMIENTOS TRISTES PARA UN DÍA GRIS
Da qué pensar la hipótesis de que el hombre usara de una crueldad y una saña sin límites en el camino de su evolución hasta llegar a ser el monarca en su universo; en el orden desordenado de éste, el más sanguinario de los que por allí se buscaban la vida. Podría servir como excusa que, como un animal más, todavía la luz del entendimiento sólo había iluminado su espíritu con contadas gotas, sin apenas instrumentos con los que diferenciar el bien del mal.
Transcurridos millones de años desde ese oscuro período de la historia de la humanidad, contemplando hoy esa perfección que ha alcanzado el cerebro del hombre, pocas dudas cabe a nadie que en lo que respecta a a la utilización de esa materia gris, menos que nada hemos ganado con el transcurrir del tiempo. Seguimos siendo los humanos los seres más viles de la creación, para las demás especies y para la nuestra. Es lo que se nos ocurre, con el periódico de hoy en las manos; horror de los horrores lo que nos cuenta, como cualquier otro día, como todos los días, aunque siempre hay un pasito más, un escalón más en la forma de martirizar, de matar, para que no se diga que nos somos los más sabios, los más listos.
miércoles, 20 de febrero de 2013
EL ENTRAÑABLE ESCENARIO DE LOS AMBULATORIOS
A los ambulatorios del sistema sanitario, todavía nos acercamos con la tranquilidad de que es un lugar no sólo en el que ningún cirujano te va perforar las entrañas o machacarte los huesos, rotos o dislocados, como es de rigor en los hospitales; sino que, por añadidura, se asiste, (cosa que se va perdiendo en otros escenarios más familiares) unas veces como espectador y otras como ponente, al disfrute de una serie de conferencias o charlas instructivas en las que los políticos, la tambaleante marcha del país y la eficiencia o no de los galenos a los que visitas, son temas ineludibles y permanentes.
Los argumentos de aquellos animados diálogos, llamémosles así, siguen vigentes. Si acaso por la situación desastrosa en que se mueve todo, son más numerosos los conferenciantes y el tono de la oratoria bastante más crispado de lo que que fuera antes. Aparte de eso, el miedo a que un apretón más a la asfixiante tuerca de los recortes, la que nos va dejando sin respiro y sin medios, se lleve a corto plazo a médicos y recetas, para aliviar nuestros males, abarrota hoy, más nunca, por lo que pueda pasar mañana, las consultas.
Los médicos no escapan, nos parece, tampoco, a las series de medidas restrictivas. Se encrespan y su indignación, una más, de algún modo golpea, aunque sea levemente, sobre los pobres pacientes, que están allí sin ninguna dolencia que puede considerarse letal de necesidad, pero deseosos de salir a la calle cuanto antes. Esperamos al oculista, que en medio de la concurrida consulta de clientes, se marcha a desayunar, creemos, con su enfermera; "sólo un cuarto de hora", nos dice ésta, y en el interin, para que tengamos con qué pasar el rato, nos deja medio cegados con unas gotas vertidas en nuestros ojos. Como el cuarto de hora se prolonga hasta tres veces más ese tiempo, a uno le queda la duda de si el "goteo" preliminar a la visita, a posta se ha hecho más abundante de lo necesario, para que sin visión tengamos de qué hablar y no salgamos huyendo y echando pestes del equipo.
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