viernes, 31 de agosto de 2012

FUEGOS QUE SON BARBARIES.




     Se esfuma agosto que sólo en sus últimas horas se ha dignado dejarnos unas nubes, después de días de interminables cielos limpios, agotadores por su monotonía y por la flama que despedían.

     Muy cruel es, que ahora que nos saludan brisas atemperadas, renovadoras, que anuncian  jornadas más aquietadas, otro fuego que no es el de los cielos, ponga un velo nebuloso hasta aquí, que andamos algo distantes, no demasiado,  de donde las llamas devoran parte del patrimonio de los bosques que cubren la cercana costa. El olor que nos llega ahora mismo, media mañana,  a quemado, no deja lugar a dudas de las dimensiones de la catástrofe. 

     Son demasiados y continuados los fuegos que azotan a todo el país, como para no pensar en manos criminales. Se dice que no son obras de pirómanos, aquejados por una enfermedad que les puede, sino que nacen de la indignación de algunos de los que no tienen trabajo ni posibilidades de conseguirlo,. Una barbarie sin explicación posible,  que el que se sienta maltratado lo pague con bosques y frondas, de los que viven gente tan pobre como ellos y que ahora lo serán más. O se endurecen las leyes para estos delitos y se castiga como se debe a los culpables o en unos años no habrá más que páramos en nuestro suelo. 

miércoles, 29 de agosto de 2012

RELOJ EN REBELDÍA.



     A este reloj de pared  que, con otros soles, más que dar las horas las vomitaba a toda prisa para desembarazarse un rato de ellas, lo ha acometido últimamente un desespero de lentitud.

     Exhausto de tanto someter su esfera a miradas que no duraban más que un segundo y de ser después un cero a la izquierda en el latido hogareño de la casa, se ha encerrado en sí mismo, como un gobernante prepotente, y ha enmudecido de golpe, sin avisar siquiera. A su altanero pregón de antaño, le faltan ahora oraciones sonoras y le sobran desánimos para volver a ser el que fue.

     Una pena de protesta la suya, inútil, que no le llevará a ningún sitio. Tan descabellado es andar demasiado, como no moverse nada. Contra las normas de salud establecidas van ambas actitudes extremas.

lunes, 27 de agosto de 2012

DE NUEVO, DONDE DEBÍAMOS.




     Hasta un servidor de ustedes, que no hay cataclismo que lo eche de su ciudad, el calor, inaguantable este verano, intervino para que, junto con advertencias familiares, durante unos días, buscáramos fuera de nuestros lares atmósferas más moderadas, que no más sosegadas, que las que nos atosigaban. El mar fue siempre un recurso y una terapia, aseguran, como prevención de futuras y malsanas infecciones, proveyéndonos de una especie de milagrosa coraza contra los rigores del invierno.

    Por allí, por las cercanas costas,  visto lo visto, y lo difícil que es luchar con las convenciones sociales y con todas sus monsergas, anduvimos pues, pocas jornadas y muy escépticos, en cuanto a esos venturosos beneficios para nuestra salud; entre otras razones, porque si alguna vez los hubo, la contaminación, de las que son uno de sus emisarios actuales  las medusas,  se  encargó de eliminarlos, en una progresión que pocas soluciones se le ve de parar.

     Más conscientes fuimos de la realidad material de luchar contra las olas y las heridas que producían  las rocas, más abundantes que nunca en las marinas aguas. Algo que nos hizo recordar las de nuestras montañas, que si son más gruesas y consistentes, están muy a la vista anunciándose mucho antes de llegar a ellas. Por lo demás, lo que queda de estío, que esperamos sea poco, lo aguantaremos en casa, y tan contentos de estar en ella como antaño, como siempre.


sábado, 25 de agosto de 2012

GAVIOTAS SIN RUMBO




     Con igual premura que acuden en estos meses de calor los veraneantes a las playas, huyen las gaviotas de las costas. Les tienta más la soledad y el tiempo desapacible y hosco de otras estaciones que el de las estivales, en las que si hay quietud y serenidad en la atmósfera y en las aguas del mar en las que pescan su alimento, no las hay en las arenas de sus orillas, abarrotadas de una multitud chillona y bulliciosa, que no para de moverse.

     Sólo ya, muy avanzado el transcurrir del día, cuando las luces indecisas del ocaso llenan de diminutas y fulgurantes arrugas añiles la planicie infinita del viejo Mediterráneo, vuelven algunas. Vuelan muy alto, sin ánimo de descender, inmóviles en el aire calmo, más que nada para cerciorarse de que la invasión de intrusos, un suceso que no es nuevo cada verano, no ha dañado sus escondites, sus miradores ni los senderos, un camino sin edad ni suelo,  por los que acceden y vuelven del mar.  

viernes, 24 de agosto de 2012

REFLEXIONES A LAS ORILLAS DEL MAR




     Tres partes de agua y una de tierra componen nuestro planeta. Una abusiva y manifiesta superioridad del líquido elemento sobre lo que no lo es. De temer es, pues, a la larga, un achuchón usurpador de aquél para procurarse y anexionarse lo poco que aún no le pertenece.

     Un alivio que nuestras tierras se hallen de momento alejadas en distancia y, sobre todo, en alturas de las del más cercano mar, y que una embestida de éste muy fiera habría de ser para sumergirnos en sus insondables profundidades.

     Alerta, no obstante, estaremos, por si aliados maremotos y descomunales embates de las aguas, precisáramos de meter en morrales lo de más precisión y tomar cumbres de montes como las que distinguen al Mola, Muret, San Cristóbal o  Torrecilla  por si fueran inmediatos, hipotéticos y apresurados destinos, que tampoco es mal suelo para quedarse viéndolas venir y cómo se hunde el mundo. Pensándolo bien, sin necesidad de océanos alborotados, eso ya lo estamos haciendo un día sí y al otro también, los que lo habitamos,  con ganas de acabar cuanto antes con cuanto nos rodea.

   

jueves, 23 de agosto de 2012

MAR ENCOLERIZADO




     A falta de navíos en las inmediaciones de sus costas, el mar paga su malhumor de atávico cascarrabias con los escasos bañistas que osan desafiarle. Él, ruge y brama como animal de mitológica factura y fiereza. 

     Como ese despliegue de atronadores resuellos no parece atemorizar en demasía a los que semi desnudos hurgan en sus acuosas entrañas, recurre a más contundentes medios y pone en acción inmediata y en orden de batalla a su ejército de olas. Son el fogoso motor de éstas, su constancia, a las que nada amilana;  ni alturas imprevistas, ni la fealdad de bloques, de mil ojos, como colmenas. Y contra las pedregosas riberas y contra un mundo que no es el suyo, pero al que pretenden pararle los pies aterrorizándolo, se precipitan en un continuo abalanzarse y amagos de retirada, muy tímidas luego, para recuperar energías y acometer con más saña y empuje todavía. Su prestigio de infatigable devorador, es el que anda en juego en esta tarde en que vientos y desalmadas olas entonan la misma copla. 

miércoles, 22 de agosto de 2012

EXPULSIONES QUE SON LLEVADERAS




     Como no merecimos permanecer en ese edén del que fuimos expulsados con ira en bíblicas edades, más de uno se aferrra desde entonces, con tenacidad de impertérrita lapa al suelo natal, en el que de suyo tan a gusto vive, cuando lo dejan, para hacer de él su paraíso personal que, con dignidad, vendría a sustituir al fabuloso de añejos tiempos, ilusionado con que nadie venga a echarlo de él, ya que eso sería más serio que lo que hicieron con unos padres apócrifos.

     Lo cierto es, que planteada así la escena, con la pertenencia ahora real a una ciudad a la que hemos otorgado sin ningún reparo la consideración de nuestro vigente paraíso, esa huida temporal por razones climáticas y de conveniencias sociales hacia feudos más soportables, dicen, nos suena como si de una segunda expulsión se tratara de un edén, del que nos cuesta un mundo abandonarlo, no importa que sólo sea por unos días, pocos sí, pero que se nos van a hacer eternos, nos tememos.

martes, 21 de agosto de 2012

EN AUTOBÚS A LAS 6,30 DE LA MAÑANA



     Cincuenta kilómetros escasos, se dirían que no son nada al volante de un moderno vehículo, de esos que más que llevarlos tú, te llevan ellos a tí, Ojo, en cualquier caso, porque este mismo pensamiento, llevado a la práctica, dio con más de uno, por creerlo doctrina, llamando con similar celeridad que el coche a las puertas del más allá.

     Las posibilidades aumentan cuando el trayecto, infernal, a cubrir, es ese medio centenar de kilómetros que desde Ronda nos acerca a San Pedro. Al menos, parecería eso si no fuera porque son tantas y tan intrincadas las revueltas del camino y tan profundas y sinuosas las curvas hasta superar en número cinco veces el de la distancia, que nunca sabes si lo que el coche, autobús en nuestro caso, hace es progresar, como es su tarea, o retroceder hacia su origen, espantado al ver dónde le sitúan las curvas: al mismo filo de espantosos precipicios, y dónde de precipitarse por ellos acabarían sus días en este mundo.

     Con esto de las restricciones y supresiones de antiguos horarios, como no estamos por asarnos de calor en el próximo autobús, que no saldrá hasta mediodía, el que nos transporta a las riberas del Mediterráneo, parte con nosotros hoy a hora tan anormal como las 6,30 de la mañana.

     Ventaja inopinada para los que soñolientos nos desparramamos en la oblonga longitud del autobús, es que lejano el amanecer, las curvas y dificultades de la escabrosa carretera, más se imaginan que se palpan. No todo iban a ser inconvenientes. 

jueves, 9 de agosto de 2012

RÍOS CONTRA PURGATORIOS ESTIVALES




      Tenemos la impresión que con el calor, casi mórbido, desconocido en su intensidad, que nos vapulea con fuerza, con estas tremendas olas, que desgraciadamente no son las de ningún océano, estamos purgando todos un pecado de común raíz, que debió de ser de buenas dimensiones a tenor de cómo nos azota. Nos redime algo la bendición de la siesta, sin la cual más de uno se vería besando los suelos y con la lengua dos palmos fuera de su natural cobijo.

         Lo peor es que las circunstancias no son las mismas de hace ya bastante años, cuando todavía podíamos acercarnos a nuestros arroyos, para enfriar ardores estivales, con chapuzones que sabían a gloria bendita, con aguas cristalinas y de un frescor capacitado para lidiar contra cualquier fuego veraniego. Y si a algunos no le parecía suficiente, a un solo paso se hallaba el Guadiaro, ya hecho adulto en suelo de Benaoján, aportando tras darse una vuelta por las entrañas de la tierra entre sombrías grutas, una frialdad de leyenda, que no es que la haya perdido, pero si, de orilla a orilla, su pureza.

            Y todavía, para proezas más lejanas, y sin ir mucho más lejos, los parajes umbríos de la estación de Jimera de Líbar, con un río ya tan caudaloso y anchuroso, camino del Atlántico,  que el cuidado era primordial para volver con integridad  a casa,  ofrecía gozos infinitos que se prolongaban hasta límites desconocidos si en el ánimo de las excursiones cabía la cesta con la comida, en la que no podía faltar el melón o la sandía, pura gollería gastronómica tras sumergirla en el río para empaparlos de su helor y meterlo en sus carnes. 

          Se nos viene a la mente ahora, muy a propósito de lo que decimos,  a  Cameron, el gobernante británico, que durante bastante tiempo, antes de que la política lo maniatara en sus preferencias viajeras, fue un habitual por estas fechas de nuestras serranas y plácidas riberas. Me da la impresión que daría lo que no está escrito en los libros,  por escapar de ese maremagno de celebraciones y visitas protocolarias que conllevan los olímpicos juegos de su Londres ahora y olvidado del mundo, a la sombra de un añoso chopo, ver deslizarse el río, sin oír más rumor que el de su corriente fugitiva.
              

miércoles, 8 de agosto de 2012

CIERROS DE MI TIERRA


                                                         

     Son varias las señas de identidad que a nuestra población dan personalidad y carácter;  no menos que a cualquier ser vivo. y es que creemos que, a su modo, las ciudades acaban por apoderarse de esa cualidad esencial de sus habitantes, transformándose en algo dotado de vida en su sentido más lato.

    De las virtudes que le dieron identidad a Ronda, aun siendo un elemento no exclusivamente propio, sino compartido con muchas otras ciudades andaluzas, nosotros nos quedaríamos con los cierros, pequeños y grandes, nimios y monumentales, que comparten propiedad casa y calzada. Aquí entre sus calles, en las más escuetas y en las más descaradas, en las más encumbradas y en las más llanas, en las retorcidas y en las de total derechura, encontraron aquéllos un asilo, un florecimiento y una belleza de inesperados matices que empujaban con su arte laborando sobre el hierro y la forja artesanos de inusual ingenio. Sus nombres no han quedado registrados en volúmenes de historia, ni en textos de arquitectónicos contenidos.

                                                                 
     En los que nos quedan, ya que muchos se perdieron, palpita un universo de alada belleza cuando se cuelgan de las níveas fachadas o la paz sosegada de una morada cuando se posan en las aceras, en un terreno que fue suyo antes que de éstas. Su juego de ancestrales raíces, es el de mostrar sin dejar expedito el paso; de seducción y de atracción ante posible ilusiones de invasión de una intimidad siempre guardada, pero también, en todo momento expuesta, a la vista.  Su mayor representación, como su cuna, es de otros tiempos, con los enamorados como mayor exponente de ese tira y afloja entre lo que quedaba dentro y lo que permanecía, y no por  gusto de ellos, fuera.  

lunes, 6 de agosto de 2012

NEFASTA CURIOSIDAD QUE NOS MATA



     La curiosidad con harta frecuencia resulta nefasta, nos fustiga y nos mata. Cuánto mejor resultaría para nuestra tranquilidad no hacer caso a tentaciones malsanas y seguir el camino que nos señala el verano; sobre todo para los que, un poco por los años y otro tanto por el hastío de situaciones que no hacen más que repetirse, son los que muerden  el polvo de nuestro desánimo.

       Con una mañana que ya quisiéramos como estampa y símil  del presente estío, de brisas mansas y acariciadoras, nuestros pasos nos han llevado hoy hacia el Castillo, que desde hace más de un siglo no es tal, sino de nombre; pero que lo ha heredado por la misma ubicación  lo que hasta hace nada fue un centro de enseñanza. Una edificación de falso clasicismo, que alegra poco la vista y que tiene su historia, como todo, a cuesta y sus luces y sus sombras, más de éstas que de aquéllas en los años para olvidar de la posguerra.

      Lo poco que permanece de la antigua fortaleza, queda por fuera: algún lienzo, algún vestigio de bastión de carcomida piedra para que, al menos, no suene a leyenda la veracidad de una de romance,  que estuvo allí con más de una civilización y de una raza. La belleza, pues, se refugia en estos escasos históricos restos y en sus anexas laderas en las que comienza o acaba, según se mire, el despliegue de rocas hasta sueños más fragosos y encumbrados.

        Hay, por lo demás,  elementos a las puertas del seudo Castillo como para pensar que se avecinan cambios: un volquete de una empresa constructora, trozos de muros atacados por la piqueta y gotas solemnes de toda esa atmósfera que rodea al comienzo de una obra. Según el encargado del aparcamiento al que preguntamos, ha oído que se ejecutan para rodear al edificio con una protección que evite la entrada de intrusos. ¿No se tratará, pensamos,  de una artimaña para acallar posibles resquemores y pasito a pasito, muy quedos y sin grandes alborotos acometer lo que ya se sabe, lo que sabemos todos?

         El mismo empleado del aparcamiento, que se ha criado por la zona y que está contento de tener el trabajo allí, nos habla entre otras cosas del pasadizo, que también vimos nosotros, descubierto hace años que comunicaba bajo tierra la antigua mezquita con el castillo árabe, y que se tapó apresuradamente porque no tenía gran valor arqueológico o por no poner patas arribas toda la plaza. Ante los inminentes cambios que se avecinan, puede que, en contados meses, el soterrado pasadizo sea por su condición de invisible el único rastro que permanezca de todo un pasado, no sé si más fructífero que el actual, pero, desde luego, de más seriedad, menos artero, de más respeto por lo que nos rodea. 
        
        
  

sábado, 4 de agosto de 2012

ECHAR MÁS ARTE DONDE YA LO HABÍA



       Sacudirnos de esa pegajosa manta que nos echa encima el calor agobiante,  en unos días en los que lo que nos vendría de perlas serían chorros de agua helada, como la que transportaban los ríos de antaño, no es mala terapia; claro que, para ello, habría que buscar mecanismos a propósito, algo que tampoco es fácil. Puede que uno de ello, sea el desviar la mente y poner nuestra atención en  otros horizontes.

      Un panorama diferente, y seguro que con menos sudores, nos lo ofrece en esta primera quincena de agosto,  ese encuentro con el arte al aire libre que, como una bendición, por lo original y por el ingenio de todos los que intervienen, en realidad todo el pueblo, presenta Genalguacil.

      Lo cierto es que no decimos nada nuevo, que ya, sin ningún complemento adicional, cada pueblo de nuestra Serranía, en su sentido más amplio, no en el político, los que tocan a los que nos caen cercanos de Málaga y Cádiz también, los de siempre, son en sí una obra de arte en su urbanismo, en su cegadora blancura, en su situación y en otras muchas virtudes que serían laborioso enumerar. Obligados a buscarse la vida para no desaparecer, desde hace unos años se la dejan buscando formas de auto funcionamiento y de atraer a sus pinas calles quien se deje unos dineros cada vez más necesarios y que, en contadas ocasiones,  de donde tenían que venir no les llega. Al menos este de Genaguacil, el de los inmensos paisajes y frondas en los que se enreda la vista y el sentimiento, parece haber hallado echando más arte donde no faltaba, una paletada de aire con que llenar los pulmones para resistir después lo malo que venga.


         

jueves, 2 de agosto de 2012

UN MES SIN MUDANZAS DE PESO



     Esperábamos confiados que este nuevo mes surgiera con nuevos modos y aparejos de cambios en su mochila de recién llegado, pero visto queda que ni el verano ni tampoco el rumbo del país están por ofrecer alteraciones significativas en un infausto panorama en el que parece que todo se derrumba.

     Por eso Agosto ha seguido como su predecesor, con unos cielos insoportables por lo que despiden, que hasta los cielos están por el despido, aunque este sea de aires fogosos como los que nos acompañan.

      Con todo, al menos de nombre, el mes juega con la mudanza, ya que con una pequeña alteración de vocales, suena totalmente  distinto en su significado:  "·Augusto", digno de veneración y respeto. Y con otra insignificante, se aferra a lo que le es más propio: "Agosta", que todo lo seca, hasta las ilusiones más arraigadas. Bendito sea, en cualquier forma, el mes, la hora y el día, porque aún estamos en este mundo, cualquiera que sea el rumbo que este tome.